Esta vez tengo que decir que, al igual que en ocasiones anteriores me costaba hacer un ranking sobre cuál de las clases había sido mejor, esta vez me ha resultado muy sencillo. Esta es la peor clase que hemos dado hasta ahora en la academia.
El profesor, un hombre a primera vista campechano y con ganas de hacerlo lo mejor posible, empezó por la sección de Otología. Comenzó con un repaso anatómico y de las pruebas de exploración funcional del oído, para pasar después a abordar la patología del oído durante la primera parte de la tarde. Desde el primer momento, me di cuenta de que esta clase no era como las demás, en las que el profesor captaba la atención de los alumnos proponiendo preguntas de test para que las resolviesen. En esta ocasión, se limitaba a coger los test de primera vuelta y decir "Pregunta número 5, la correcta es la respuesta 4" y luego explicaba el temario. Desde el principio me noté perdido entre sus explicaciones, que todo hay que decirlo, fueron de todo menos ordenadas...

En ese momento, mi compañero y yo nos miramos y resoplamos a la vez. Queda claro. No soy el único que está desesperado con la explicación. Decido girarme y buscar la existencia de más cómplices, que pensasen que por una vez, la docencia en la universidad había sido más provechosa que aquella. La gente había alcanzado ese momento en el que la musculatura de la mímica trabaja de manera autónoma, y sus caras reflejaban lo que yo llevaba pensando 3/4 partes de la clase: no puede estar saliéndole peor. Empieza con la otitis externa, luego pasa a la otitis serosa, y luego a la OMA, pero llegado a este punto explica la perforación timpática, y luego vuelve al tratamiento de las tres otitis anteriores, para terminar hablando de complicaciones intra y extracraneales de las otitis... Vamos ¡un desorden en toda regla!
Llegados a este punto, empiezo a realizarme preguntas existenciales que ni los más estudioso de la metafísica podrían responderme. "¿Qué hago aquí, tirando la tarde por el sumidero, cuando tengo muchas otras cosas que hacer?" "¿Qué hago, me quedo aquí a esperar que este hombre siga agitando mi cabeza y desordenando lo que yo tenía bien amueblado en mi cabeza sobre ORL, o por el contrario me voy y concluyo aquí la misión de intentar refrescar ORL?".
Se acerca el momento de decidir. El descanso está a la vuelta de la esquina. Mientras tanto, el profesor ha seguido la misma dinámica que hasta ahora, proponiendo preguntas que él mismo respondía sin siquiera dar la oportunidad de pensar en las respuestas, explicando temario de manera desordenada, liándome más si cabe... Tomo la decisión. Me voy.
Al salir al descanso todos los compañeros, comentábamos lo mismo. Después de dos horas de una caótica explicación, nadie podía disimular el descontento que tenían sobre la clase. Se habla con los delegados, proponiéndose que si es posible, en la segunda vuelta, la clase de ORL esté enfocada de otra manera, con otro profesor con el que quizá tengamos más conexión que con el de esta tarde. Termina el descanso y mis resignados compañeros vuelven al aula, y yo me quedo fuera, con la sensación de estar tirando la tarde a la basura, pero sabiendo que entrar en ese aula no iba a cambiar mi apreciación por el tiempo desaprovechado.
Esperemos que cuando escriba sobre la clase de ORL de segunda vuelta, pueda decir todo lo contrario de lo que escribo ahora. Porque el fallo durante la primera vuelta no me preocupa en exceso, pero no me gustaría volver a la academia en segunda vuelta y encontrarme con el mismo panorama.
A.