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14 de mayo de 2014

Medicina, ¡se termina!

Todo empezó el 17 de septiembre de 2008, y aun me acuerdo hasta de la ropa que usé ese día. Llegar a la facultad, ver a toda esa gente nueva con la que intuía que pasaría mucho tiempo, y pensar acojonado lo que se venía encima. Entré con ganas y sin saber muy bien dónde me metía. Nunca se me había pasado por la cabeza ."¿Medicina? ¿Yo? No sé, no lo veo...". El número 218 se escribió prácticamente solo en la preinscripción de la matrícula, y sin pensarlo más de dos veces para no echarme atrás. "Ya está, no hay vuelta atrás".

Desde el primer día me di cuenta de las dificultades que iban apareciendo, haciendo que cada asignatura se mostrase cuesta arriba. Y los comentarios de los mayores no nos ayudaban mucho "Bioquímica es muy difícil, y Biología...¡Buah! solamente apruebas si amplias los apuntes con el Alberts". Yo, que siempre había sido de dejar las cosas hasta el último momento, empecé a verlo todo demasiado negro. Llegaron los primeros exámenes y con ellos los primeros suspensos que hemos tenido la mayoría de nosotros. Digan lo que digan, la primera vez, duele. Nosotros, los empollones y repelentes de todos los colegios reunidos en una clase, los que nunca suspendían. Ahí nos tenían, pringando y recibiendo una cura de humildad de la que también se aprendió algo... Y al final, con esfuerzo y un verano de estudio de por medio, salimos adelante...

La temida Anatomía II se nos puso por delante para no hacer otra cosa que perturbar nuestros sueños. Volvemos a los comentarios de los "experimentados": "Las notas de Anato salen en un post-it y solamente apruebas cuatro elegidos por Gracia Divina". Desde ahí hasta el final del curso, solamente recuerdo cómo mi nariz iba perdiendo el olfato a medida que el formaldehído se iba haciendo parte de mi, o cómo soñaba con las disecciones, o lo que era llegar recién desayunado a las 9.00h. para meter las manos en las tripas de un cadáver... Y agobio. Mucho agobio. "Si suspendes el segundo cuatri vuelves a presentarte de todo en septiembre". Más agobio. "Me dejo todo lo demás, pero yo esto lo apruebo por mis pelotas". Al final el post-it no era tan post-it, como le prometí a mis testículos, me olvidé de todo lo aprendido nada más salir de la sala de disección con el aprobado bajo el brazo.

El 14 de Octubre de 2010 se nos abría un nuevo lugar asociado a la facultad: El Hospital. Tras un sorteo de todo menos pacífico, logramos hacernos un hueco cada uno de nosotros en uno de los hospitales. "¿Verdad? No vaya a ser que no hubiese plazas para todos...". Pasa por Marban, compra tu primer fonendoscopio y ¡Ojo! Elije bien el color, no vaya a ser que te arrepientas. Llegas a casa, inocente de ti y tu familia te dice que lo uses. "¿Hola? Sólo sé que esto se pone en las orejas y esto en tu pecho". A partir de aquí todo fue crecer. El nombre de aquel primer paciente, Nicolás, que fue el primero en contribuir de forma activa a enseñarme a auscultar, tocar un tripa, palpar los pulsos y hacer toda clase de perrerías que anunciaba entrando en la habitación con el tan utilizado "Hola, soy un estudiante de Medicina y vengo a hacerte unas preguntas...". Las primeras veces de todo. El primer paciente que se va de alta con la sonrisa puesta en la cara, y el primero que terminas dejando que descanse tranquilo... Empiezas a ser consciente de qué signifca ser médico.

Después de mucho estudio, los exámenes del tercer curso, los casos imposibles, el Mieloma Múltiple, el suspendo de Microbiología, otro verano más estudiando... Depués de todo eso, dimos un giro de 180º para colocarnos definitivamente en el hospital. Y empezamos a entrar de lleno. La impresión de la primera cirugía con conexión extracorpórea, y el aburrimiento a partir de la segunda. El primer día en Pediatría, que ya me dejó claro que volvería por ahí. El primer parto en Gine, y el segundo, y el tercero... La planta de neumo y los trasplantados pulmonares. La sala de Hemodinámica y la Unidad de Arritmias... Anatomía de Grey se quedaba corto. Pasamos a quinto y volvemos a toparnos con un hueso duro de roer pero que, habiendo aprendido en años anteriores a manejar el agobio y la incertidumbre, logramos morder y dejarlo a un lado. Eso sí, sin dejar de odiar a nuestros compañeros que se exiliaron a la vida Erasmus.

Y por último, llegamos a sexto. "Ya está hecho", nos dijeron. Y volvimos a disfrutar. De las prácticas como un residente 0. De hacer evolutivos, formar parte activa del equipo e involucrarte en el Servicio. De ir y rotar, y nada más. De llegar a casa sabiendo que algo habías podido hacer y que empezabas a manejarte con cierta soltura después de los tres años anteriores. De saber que estabas medio preparado para terminar.

Sin embargo, empezamos a sentir el vértigo. De ver el final tan cerca o de saber que dentro de poco será algo más que un "juego". De darnos cuenta de que los meses iban corriendo y detrás de esto viene el MIR. De despedirnos de un hospital que ha sido como una segunda casa para la mayoría de nosotros. De decir adiós al personal y compañeros que hemos ido conociendo a lo largo de estos años. De ver que no nos daba tiempo a hacer todas las cosas que queremos hacer antes de terminar.

Y así hasta el 12 de mayo de 2014, cuando un grupo de chicos y chicas, entrabamos en un aula como estudiantes de medicina para hacer el último examen, y salíamos de ese mismo aula como médicos. Y fue así como después de años siendo testigo de que "Medicina, ¡se termina!", pasamos a ser los protagonistas, y dejamos constancia de que para terminar esta carrera no hace falta ser sólo un superhéroe, sino que hay que tener la picardía de un pirata para sacarlo adelante y la paz interior para no volverse loco a destiempo, sin olvidarnos además de manejar la dulzura de una princesa para no mandarlo todo al traste cuando las cosas salen del revés en el primer intento.


            

Enhorabuena, doctores/as.




A. 




14 de enero de 2014

La gran enemiga

Creo no equivocarme si digo que todos los estudiantes tenemos siempre una asignatura que odiamos. Una asignatura que parece que nunca va a desaparecer. Aquella que recordamos con miedo y de la que oir sólo su nombre nos pone los pelos de punta. En mi caso lo tengo claro: Bioquimica.

Nuestra historia comienza en 2008. Yo, un apasionado de la Biología de segundo de bachillerato, entraba en Medicina sabiendo que los primeros cursos eran de "ciencias básicas", entre las que se incluía Ella. La ilusión me cegaba la razón y yo empezaba las clases con el ánimo de disfrutar de una asignatura interesante, creyendo que iba a ser lo más "médico" que fuese a estudiar durante el primer cuatrimestre. La docencia creo recordar que no empezó mal, pero a medida que evolucionaba y un señor que convivió con especies ya extinguidas, me contaba que una mitocondria era como una sandía, la cosa se empezó a poner fea.

Nuestro amor duró lo que tardé en entrar en Su laboratorio. Las prácticas durante el primer curso duraban una media de 4 horas, por lo que entramos en una monotonía que apagó la llama que no se podría volver a encender ni con el mechero Bunsen. Desde ahí fue un declive, escalón a escalón. No entendía nada. No había forma de comprender por qué tanta información, tan inconexa, tan específica... Nunca entendí todas las pruebas y test de laboratorio que me obligó a hacer. Nunca entendí por qué me trató tan mal cuando yo verdaderamente estaba por la labor de darle toda mi entrega.

Llegó el momento de examinarse, y tras unas Navidades en las que aprendí lo que era estudiar de verdad,  decidí que lo mejor era tomarse un tiempo entre nosotros y poner distancia de por medio. Decidí que mejor en septiembre. Visto a posteriori me parece una mala opción, porque si tenía la esperanza de que el calor veraniego avivara nuestra llama, estaba completamente confundido. Llega el examen de recuperación y conseguimos llegar a un aprobado de mutuo acuerdo.

No contento con haber tenido que sufrir su continua presencia durante los dos cuatrimestres de primero, llega el segundo año y vuelve a por mi. No me encuentro preparado para este reencuentro, por lo que las cosas salen mal y volvemos a tener nuestra historia de verano. Sin embargo, sabiendo que es el último año puramente preclínico, olvidamos nuestras diferencias y nos dejamos aparcados el uno al otro. Parece que ya está, y seguramente en condiciones normales sería así, pero mi universidad tiene establecido que volveremos a vernos las caras en sexto curso. Acabo de terminar el segundo curso y veo tan lejos sexto que ni me preocupa volver a tener que vernos. Seguramente cuando llegue el momento, estaré preparado y actuaré con la madurez suficiente con la que actúan los adultos hechos y derechos cuando se encuentran con antiguas parejas. Pensé.

Y una vez más, pensé mal.


Llega este año: sexto. El temido reencuentro se presenta de manera súbita tras mucho tiempo desde la última vez. Voy tranquilo y sin prejuicios, sabiendo que Su presencia ya no tiene por qué incomodarme. Con la de cosas que tengo que hacer este primer cuatrimestre, más a nivel personal que académico, decido que nuestros encuentros serán esporádicos, y más bien pocos. Terminan Sus clases y y solamente queda Su examen. Ahora vuelve el tembleque.

Se me había olvidado el odio que la tengo y la repugnancia de su presencia. El ambiente se vuelve enrarecido cuando ella está delante. Me hace sentir incapaz de conseguirlo. Me hace dudar de mi mismo y me trae recuerdos más bien amargos sobre mi índice de suspendos a principios de la carrera. Me provoca náusea pensar que, por culpa de cuatro científicos descerebrados, tengo que estudiarme tropecientos factores de transcripción y otros tantos mecanismos de regulación de la expresión del genoma humano para saber qué coño es la diabetes y cómo funciona a nivel bioquímico. Aun así, hago de tripas corazón y lo intento, procurando no alargar más el día en el que, por fín, no vuelva a saber de Ella.

Hoy, día 14 de enero de 2014, he tenido Su examen. La verdad es que nos hemos comportado con madurez. Yo por mi parte, estudiante de último año, creo haber cogido maña en esto de examinarme, y he aprendido de errores anteriores. Ella, por la suya, ha estado bastante comedida. No ha tenido salidas de tono como en encuentros anteriores, o por lo menos no tantas. Creo, y espero, que esta sea la última vez que tengamos que vernos las caras.


A.


10 de enero de 2014

El tamaño no importa

Otro examen más u otro menos, según se mire. Y es que, con bastante suerte, solamente quedarán otros cuatro exámenes para terminar esta carrera que, sabes cuando empieza, pero que parece que nunca acaba.

El examen de hoy, en otro alarde de la Universidad Autónoma de Madrid por creerse diferente, constaba de cuatro asignaturas completamente diferentes en un único examen. Desde el temario de las Enfermedades Infecciosas, el grueso principal del examen, hasta otras tan variadas como Oncología, Geriatría y Toxicología. El sentido de que estén evaluadas todas juntas bajo una única calificación sigo sin entenderlo, así que si algún bienaventurado da con ello que me lo haga saber.

Por partes, Infecciosas era el 50% del examen, siendo el resto de las especialidades muy minoritarias de forma individual (Oncología 20%, Geriatría 20% y Toxicología 10%). Si unimos estos porcentajes, prefijados en la convocatoria del examen, a la falta de tiempo material para recuperar el poco trabajo realizado durante el cuatrimestre, decidí plantearme la asignatura como un "ensayo MIR" en el que iba a estudiar según la rentabilidad de cada parte. Obviamente tenía que llevar bien preparados los temas de infecciosas, ya que de ellos dependía la mayor parte de las preguntas. Sin embargo, en las otras tres asignaturas podía decidir "esto sí, esto no". Eso me llevó a estudiarme con más profundidad la Oncología y la Toxicología, clínicamente mucho más interesantes a mi parecer, y a hacer un estudio más superficial de Geriatría.

Llego a la facultad con tiempo, localizo donde hago el examen y dejo que pase el tiempo. Veo a la gente. Observo. Me doy cuenta del volumen de apuntes de algunos compañeros. "¿En serio? ¿Dos portafolios enormes para un total de 44 temas? ¿Cuántos folios tiene ésta, 500?". Empiezo a pensar que mi estudio de rentabilidad ha sido demasiado arriesgado. Siempre he sido de los que estudia el Tocho más breve, con el temario más conciso y más esquematizado. Cuanto menos letra mejor. Miro mi carpeta y no hay ni 50 folios. "Esta vez te has pasado de breve""Bueno, calma, aun hay que jugar el partido y aquí nadie ha pitado el final. No adelantemos acontecimientos".

Empiezo a leer la primera pregunta de Infecciosas "¿Cómo que cuál es la acción de la proteína C reactiva? Sé qué hace, pero no por qué mecanismo inmune. Seguro que esto está en uno de esos 500 folios de esa chica. Qué coño de pregunta es esta mierda!? Bueno, venga va, responde y sigue". Después de una primera mala impresión, empiezan a rodar las cosas. Me encuentro con preguntas de las que no he oído hablar. Obviamente habrá datos de los que no tenga ni idea, pero por mucho que hubiese estudiado unos apuntes más extensos no los hubiera encontrado, y si los hubiera encontrado, no me hubiera acordado. Después de seis años en esta facultad he aprendido que los exámenes nunca se corresponden en el 100% con el temario y que siempre te encuentras con preguntas que crees que han sacado de un artículo del último New England.

Sigo con la misma metódica. Lo que sé lo respondo y lo que no, lo lucho, descarto y me la juego en todas (la gran maravilla de este examen es la falta de puntos negativos). Continúo respondiendo y empiezo a pensar qué tendrán los infectólogos en contra de los hombres homosexuales, que siempre les ponen como ejemplo de las enfermedades de transmisión sexual "Qué pasa, ¿Qué las mujeres no comparten con el hombre ese orificio anatómico llamado ano? Entiendo que me quieran poner la enfermedad con características guía pero, ¿No bastaría con poner que la mujer/hombre realiza practicas sexuales de riesgo? Cuánta hipocresía procesan algunos para no querer hablar de relaciones sexuales anales en el ámbito heterosexual...Welcome siglo XXI". Termino el bloque de Infecciosas con buenas sensaciones. Pero sabiendo que es la parte del examen que mejor preparada llevaba no lo celebro, sino que rezo a los Siete Dioses para que el río siga por el mismo cauce.


Oncología empieza y acaba con buenas impresiones (gracias oncólogos, sois gente maja). "Hice bien en no estudiarme ni un TNM. Rentabilidad 100%". Paso la página y me topo con un título que reza "Geriatría (preguntas 71-90)". Ahora sí, evoquemos lo aprendido en la planta de Medicina Interna, que se parece en gran medida a la Geriatría, por mucho que los geriatras se empeñen en negarlo. Veo que hay algunas cosas que no, que ni con esas. Sin embargo muchas otras si puedo deducirlas del "conocimiento general". Termino con la dignidad en pie, y paso al último bloque con las preguntas de Toxicología. Gracias a la gran simpatía que le proceso a la Medicina Intensiva, y por ello el temario me resultó atractivo, y a que los intensivistas son gente maja, termino el examen con diez preguntas que me dejan en la boca un buen sabor. Paso a la plantilla, y a la calle. Comentarios varios, y pa' casa, que nos hemos ganado la siesta.

Tras una larga tarde de descanso saco una reflexión en relación con el volumen de estudio. Y es que a lo largo de todos estos años, he ido aprendiendo que no vale tanto el volumen de lo estudiado sino lo fijado. Siempre veo algún compañero que se hace con los apuntes más extensos, con más información, con el último detalle fisiopatológico y los trescientos cincuenta y dos esquemas terapéuticos posibles. Sin embargo, y el tiempo me ha dado la razón, eso no vale de nada. Al fin y al cabo, la capacidad de almacenar información del ser humano es limitada, y es por ello que yo soy más de estudiarme unos buenos esquemas que me den una base general sobre el mecanismo y tratamiento de las enfermedades, y a partir de ahí utilizar una de las armas más importantes y menos utilizadas por el ser humano: La Razón.


A.


15 de diciembre de 2013

Simulacro 2

No han pasado más de cuatro semanas desde la experiencia del primer simulacro, y ahora, a cuatro días de un examen de la Facultad, tenía programado el segundo. Llevaba toda la semana dándole vueltas a las dos opciones. "Me levanto temprano, estudio un poco y voy a la sede" o "Dios, ni de coña puedo estar cinco horas haciendo un simulacro. Ya lo haré después con más calma". Pues bien, después de mucho pensar en esas dos opciones, opté por la tercera "Buah, me centro en el examen de Farma y hago el simulacro la semana que viene... Joder que aburrimiento, no me apetece estudiar ¿qué hago? Son las 17.00h y ya es tarde para ir a hacer el simulacro a la sede. Ah no! Espera, me lo descargo y lo hago en casa ahora". Como podrás imaginar, lo que en un principio parecía la solución a todas las dudas, se acabó convirtiendo en todo menos en un simulacro hecho y derecho.

Me siento en el sofá y descargo el documento PDF de la página del alumno. Lo abro y pienso en los consejos que nos han repetido varias veces ya. "Contar las páginas? Yo cuento lo que quieras, pero como no vengas a mi casa a darme el Modelo de examen 0..." Empiezo por la primera pregunta y me lo pienso " ¡Hostia, no!, que se empezaba por la primera sin imagen" Me voy a la 31 y es de Digestivo "Defiéndete como sepas-puedas" paso sin ton ni son, descartando bastantes respuestas de cada pregunta, y quedándome siempre con unas dos o tres posibilidades. Toca jugársela y vivo el simulacro como el anuncio del PALO "¡UN PUEDEEEEEEEEEEEE!". Marco la del "puede" como verdadera y continúo. Paso a Cardio y me siento más cómodo, respondo con mediana soltura y me agarro como si me fuese la vida en ello a cada uno de los trucos que nos han contado. "Una respuesta larga sacada como de un libro. ¡Ésta! Una oveja negra... ¡ésta!". De ahí paso a Neumo, y sin mucha gloria avanzo hasta Reuma, Neuro, Endocrino, Hemato, Nefro... "¿Qué pasa, que en este simulacro no caen preguntas de las especialidades que ya he dado clase en la academia?" Que desesperación.

Entre medias de todo esto no paro quieto. Las 352 posturas que he adoptado hasta el momento no me resultan del todo cómodas, a pesar de estar sentado en el chaise-longue del sofá, con una coca-cola y unas patatas haciéndome una grata compañia. "Muy bien A., a los simulacros hay que venir preparado". Intento respetar los tiempos en la medida de lo que me es posible, pero la verdad es que la diferencia entre estar en una clase o en tu propia casa hace que te tomes las cosas de otra manera. Miro el reloj. Voy bien de tiempo teórico, así que creo que la cosa tampoco está siendo tan catastrófica. Continúo con el examen, escribiendo las respuestas de 50 en 50 en un folio en sucio que encuentro. "Venga, ahora que has empezado no puedes dejarlo a medias, que estas cosas o se hacen del tirón o no se hacen...". Me acomodo el cuello, me estiro, cambio las patatas fritas por unas galletas saladas para amenizar la tarde y sigo.

Estadística. "NO, que no cunda el pánico. Has dado dos clases en la academia que te han dejado claro de qué va la cosa y estas estudiando Farma Clínica que algo debe ayudar. Respira tranquilo y piensa, joder" Leo tranquilo haciendo caso a mi yo interior y veo que es verdad. Las clases me han cambiado la manera de ver las preguntas. Lo que en el primer simulacro juraría haber visto escrito en sánscrito, esta vez tenía algo (no todo) de sentido. "Uy sí, esto me huele a que es la B" "Ésta cláramente no es ni la A, ni la C, ni la D. ¡Qué empiecen los septuagésimo quintos Juegos del Hambre!". Termino con la sensación de haberme defendido mejor que en el anterior, o por lo menos haber entendido mejor lo que me preguntaban.

Continúo con el mismo método que en el simulacro anterior hasta llegar al final. Solamente había una diferencia: estaba en mi casa. En un sofá, con un surtido de aperitivos y una coca-cola rellenable que me empujaba cada 45 minutos al baño; con un ordenador en vez de un cuadernillo; con el móvil vibrando a intervalos de 20 minutos (como mucho); y con un hilo musical de fondo que, al igual que calma a las fieras, apaciguaba mis ganas de estar haciendo el simulacro. Me miro las imágenes que me suenan de haberlas visto en el MIR de hace uno o dos años, termino de pasar las respuestas a mi "plantilla" y lo doy por terminado.


Globalmente, el simulacro me ha salido mucho mejor que el anterior. Mi sorpresa al meter los resultados de la plantilla eran equiparables al grado de desconcentración que tenía durante ciertos momentos del simulacro. Por eso, si estás leyendo esto y te fías del consejo de este ente virtual ¡No hagas el simulacro en tu casa! Puede que termine por salir bien, como ha sido mi caso, pero en realidad las circustancias no creo que sean ni medio parecidas a cómo será el MIR. A no ser que no me hayan contado que durante el examen ofrecen una degustación de 4 tipos diferentes de aperitivos con un surtido de refrescos a probar, en cuyo caso sí serían las condiciones similares.


Saludos, y hasta la próxima.




A.

17 de noviembre de 2013

Simulacro 1

Suena el despertador un sábado por la mañana, abriendo un día que, desde el pensamiento del recién despertado, parecía otro sábado más normal y corriente. Sin embargo, con un café en el estómago y la cara lavada me doy cuenta de que no. Que este sábado, era el día de ir a la academia a hacer el primer Simulacro de la preparación del MIR.

Pereza. Una buena palabra para explicar la sensación inicial. Seguro que a más de uno se le ocurre un plan mejor para invertir el sábado por la tarde.
Curiosidad e intriga. Otras dos bastante adecuadas para contar lo que sentía de camino al simulacro. ¿Cómo iba a lograr aguantar 5 horas en una sala haciendo un examen? ¿Cómo iba a ser capaz de responder a preguntas de temario que no he visto desde hace dos, tres o incluso cuatro años?...
Sorpresa. Una palabra que resume bastante bien la experiencia.

Llego a la cita, 15.30h. en la primera planta de la sede para el primer pase de lista. Hay gente por todos lados. Caras conocidas y otras no tanto. Empieza el llamamiento, y con el volumen de gente por los pasillos, nadie se entera de que le llaman. Me llaman, enseño el DNI, me dan el examen y la plantilla para rellenar las respuestas y tomo asiento en el aula. De entrada me siento cómodo, sentado y esperando que entre todo el mundo para poder empezar, y así terminar lo antes posible. Nos leen las normas básicas (nada de móviles, la primera hora no se puede salir, la última media tampoco, si queremos salir al baño hay que levantar la mano y dar el examen...). Llegan las 16.00h. y empiezo.

Desde el principio sigo los consejos que me mandó mi tutora via e-mail un par de días atrás. "Deja las preguntas de imágenes, generalmente las primeras, para el final". Las 30 primeras son relacionadas a imagen. Las paso. Empiezo por la 31: Pediatría (perfecto). Me siento cómodo y contesto sin mucha dificultad las primeras, me gusta el temario y dimos la clase ayer. La cosa está fresca en mi mente y no se resiste. Avanzo y se acaba el bloque, dejando el paso a Estadística. "¿Qué me han enseñado en la facultad a mí sobre Estadística?" "¿Qué dice aquí de un estudio? Ah.. ni idea, pero es la 4 fijo, que en el libro del Dr. Macarrón poner que por probabilidad, la respuesta número 4 es la más frecuente." Venga va, sigamos como si nada, ya habrá cosas mejores.

Llega Inmunología y para mi sorpresa me siento cómodo respondiendo a algunas (otras, evidentemente, no), cosa que nunca me habría pasado un par de meses atrás. Seguimos por Digestivo, otro bloque de los gordos, recordando cosas de la facultad y otras que creo no haber leído en mi vida. ¡Pregunta 81! Toca pasar a la plantilla y aprovecho para darme un respiro mental, al fin y al cabo solamente es pasar números a una hoja. Termino mi recreo mental y sigo con un par más de Digestivo para seguir con Reumatología. Seguimos del mismo modo con las siguientes, hasta la 131 "¡Otro descanso cerebral pasando a la plantilla!" Paro y tomo algo de agua, pero ahora mismo me siento demasiado bien cómo para descansar. Ya habrá un momento de fatiga mayor. Ahora toca las 10 últimas preguntas del examen que son las de reserva, y según me han dicho, son las más importantes de todo el examen, puesto que es seguro que ninguna de ellas es impugnable. Salgo más o menos airoso y vuelvo a donde lo había dejado.

Continúo con Cardiología, otro de los gruesos del MIR, Neumología, NeruofcsmdkkhdyrloöâÛN. Necesito un descanso. Ahora sí que sí. Necesito mi sandwich de jamón y queso envuelto en una maravillosa funda que hace poco ruido para que los compañeros que tengo alrededor no me deseen una muerte lenta y dolorosa. Me lo como con ansia y bebo agua con la esperanza de reexpandir mi sustancia gris. Me encuentro mejor, tomo aire y continúo. Termino con un bloque de cincuenta preguntas y las paso. Empiezo las siguientes cincuenta y mi vejiga juega en mi contra. Levanto la mano y salgo. Expulso la botella de 500ml. de agua que llevo dentro y vuelvo al aula. El cerebro me flojea. "¿La hora?" "¿Qué hora es?" "¿Cuánto tiempo llevo aquí metido? Esto debe estar a punto de terminar." Meto prisa y logro llegar a las de imágenes. Tengo la lengua fuera. Quiero dormir, o por lo menos adoptar posturas que no sean factor de riesgo para desarrollar artrosis precoz. Tengo las piernas dormidas, el culo aplanado y la espalda escoliótica. "Llevo mucho tiempo aquí sentado, ¿Me estará dando un TEP?" "¡¡SIGUE, y deja de distraerte!!"

Imágenes, "¡Oh, qué bonito! ¿Qué es?" "No, no, lee la pregunta y no mires la imagen. Te han dicho que es muy posible que no la necesites para responder a la pregunta." "Uy, pues es verdad, esto parece que funciona". "¡Guala!¡Qué placa de cráneo bonita en la que se ve....Exactamente,¿Qué se ve?""! Ah sí, clarísimo, un implante coclear ahí en la esquina superior izquierda ¿Sí, no? Buengo venga, termina... que esto debe estar a punto de acabar"... BIEN! Última pregunta, un fondo de ojo... me siento como arrastrándome por el suelo cómo quien acaba de correr los 42 Km. de una maratón y está a punto de rozar la meta con la punta de los dedos. Acabo de pensarla y contesto. Vale, ahora solamente queda pasar las respuestas de éstas últimas a la plantilla "-¿Compañero, me dices la hora?" "-Las 19.45h." "¡¿CÓMO?!, ¿¿QUÉ LLEVO AQUÍ SOLAMENTE  3 HORAS Y 45 MINUTOS?? ¿ES QUE LA TIERRA HA DECIDIDO DEJAR DE ROTAR SOBRE SU EJE MIENTRAS YO ESTABA AQUÍ DENTRO?" Paso las respuestas rápido a la plantilla y me salgo. Necesito oxígeno o algo similar. Se ha acabado y he salido vivo, aunque con el cuerpo como si hubiese pasado por encima de mi alguna máquina de esas que tiran casas abajo. Mis más sinceras felicitaciones a mis nalgas y mi cerebro por el esfuerzo realizado.


Tras haber descansado toda la noche, me levanto y desayuno tranquilo. Antes de comer, decido arriesgarme a meter la plantilla en el Sitio del Alumno. "¡LA HOSTIA!" No esperaba que me hubiera ido así. No sé si está bien o mal, pero la verdad es que yo personalmente me lo esperaba muchísimo peor. Después de todo me quedo contento y desanso. Ahora solamente queda esperar que poco a poco, aprenda a dosificar mis esfuerzos y llegar al final del examen como una persona humana.



A.










9 de mayo de 2013

#examenORL

Hoy he tenido el examen de ORL, solamente dos días después de hacer el examen de Dermatología. La verdad es que, al contrario de lo que se decía para el anterior, en esta ocasión los rumores de dificultad/facilidad del examen era totalmente diferentes. Todos los alumnos de años anteriores hablaban del examen de diferentes maneras, pero todas con un punto de vista común: el alto grado de dificultad.

Desde la publicación de la convocatoria de examen, todos los que teníamos que presentarnos a la prueba estábamos bastante "mosqueados" por el criterio del 75%. Para todos aquellos que no sepan de lo que hablo me explico. En la UAM, y no se si en otras universidades también, existe la política de que en los exámenes del segundo ciclo de la carrera se aprobarán con el 70-75% de la media de las diez mejores puntuaciones obtenidas. Esto supone que si hay diez personas que sacar un 10, la nota de corte para el aprobado se queda en un 7-7,5. Como se puede imaginar, todos aquellos alumnos que no gozamos de la excelencia académica vivimos relativamente pendientes de las notas de corte de cada uno de los exámenes, sabiendo que salir satisfecho de un examen nunca asegura una puntuación suficiente. El mosqueo que menciono en relación con el 75% tiene que ver con que en esta ocasión, en vez de ser la media de las diez mejores puntuaciones, tomaban la media de las cinco mejores, lo cual, cierra el cerco de una manera más acusada y favorece las posibilidades de una mayor nota de corte. Aun así, y como he dicho en ocasiones anteriores, no hay que perder el optimismo de cara a los exámenes. Que no cunda el pánico.

En la puerta del examen, podía verse en la cara de más de uno que el pánico ya había entrado a formar parte de su estado en ese momento. Los nervios eran palpables y los comentarios de los compañeros no animaban nada, pero aun así había que aferrarse al pensamiento de que "si lo han sacado otros con anterioridad ¿por qué iba a ser yo menos?". Pues bien, entramos en el examen, con el correspondiente protocolo de identificación cómo si fuésemos a entrar en la base del Cuerpo de Inteligencia de los EEUU  y nos sentamos a esperar qué es lo que nos depara el examen.

Empiezo a leer y me doy cuenta (una vez más) del poco caso que debe hacerse a la rumorología de la universidad. No era un examen regalado, pero sí es verdad que era un examen que se adaptaba al temario explicado en clase y a las indicaciones de que se nos habían dado de estudio. Empezamos a rellenar el test inicial y después nos permiten salir a descansar para pasar a hacer posteriormente a hacer las preguntas de desarrollo escrito. Las caras empiezan a mejorar. Empieza a haber un halo de confianza en todas aquellas personas que parecían temer por su futuro con este simple examen. Llega el desarrollo, y tampoco sorprende demasiado. Salimos, y buenas sensaciones en la mayoría.

Otro examen más u otro menos según se mire. No quisiera terminar el post sin hacer una mención especial y una recomendación que creo que me ha sido de utilidad a lo largo de la preparación del examen. Lo primero, destacar la labor docente de una de las doctoras que se ha encargado de impartir la docencia en mi hospital a lo largo del cuatrimestre. Es de agradecer la accesibilidad que nos ha brindado a los alumnos para solucionar cualquier tipo de duda, tanto dentro del hospital como en el mundo 2.0. Y lo segundo, relacionado con los primero, es dar a conocer el blog de Aprende Otorrino. En él podréis encontrar multitud de post relacionados con ORL pero sobre todo, encaminados a hacer un estudio sistemático y ordenado de las principales patologías de esta especialidad. Muchas gracias Almudena.

Sin más, acabamos aquí para seguir con el estudio de Reumatología y tachar en el calendario un día más para ver como se acerca el ansiado verano.




A.




6 de mayo de 2013

Inicio de temporada de exámenes

Como otro cuatrimestre más, empezamos una jornada de exámenes con nervios, mucha carga de estudio y ganas de que termine lo antes posible intentando no darnos cuenta de qué ha pasado. Estas semanas en las que no he publicado ningún post he estado cubriendo el trabajo que no he hecho durante el cuatrimestre, que no es poco, pero poco a poco parece que las cosas van saliendo adelante.

Esta vez ha tocado empezar con el examen de Dermatología. Es una asignatura bastante extensa en mi universidad, con unos 40 temas sobre todo tipo de enfermedades y fotografías capaces de quitarle el hambre a cualquiera que se preste. Después de un intenso fin de semana de repaso, la verdad es que puedo decir que no ha ido mal.

A raíz del examen me he dado cuenta de una actitud que suele pasarnos a la mayoría de los estudiantes, por lo menos en mi facultad, al salir de un examen: el pesimismo.

Desde siempre hemos sido los mejores de nuestras clases, destacando en el colegio y en el instituto, con mayor o menos esfuerzo. Hemos ido preparados a los exámenes con la intención de bordarlos y casi siempre había sido así hasta llegar a la universidad. Cuando nos enfrentamos a nuestros primeros exámenes de la universidad lo hicimos con nerviosismo y desorientación, sin saber muy bien si íbamos preparados correctamente o si el estudio que habíamos llevado a cabo valdría lo suficiente como para aprobar. Nos empezamos a llevar nuestros primeros suspensos a casa, nuestras primeras desilusiones por haber estudiado algo y no haber obtenido los resultados esperados. En definitiva, empezamos a no ser los mejores y no es algo fácil de asimilar.

Estábamos acostumbrados a la perfección, a salir de un examen y saber a ciencia cierta que ese examen tendría una puntuación, sino la máxima, por lo menos bastante alta. Sin embargo, en la facultad empezamos a darnos cuenta de que no todo pueden ser dieces.

El examen de hoy puedo decir que no ha sido un examen fácil. Puedo decir que todos esperábamos quizá un examen más "de andar por casa", guiado por los comentarios y rumores de alumnos que ya habían hecho el examen en años anteriores y les había resultado muy fácil en su momento. Sin embargo, al empezar a pasar las hojas del examen, en vez de encontrar la asociación clara de la Dermatitis Herpetiforme con la intolerancia al gluten, o las lesiones papulosas, púrpuras, poligonales y pruriginosas del Liquen plano, nos hemos encontrado con nombres que ahora mismo no sé ni escribir sobre alérgenos en relación con una dermatitis que le aparece a un hombre en relación con sus zapatos, y varias perlas de estas a las que la UAM nos tiene más que acostumbrados.

No ha sido un examen fácil para ninguno creo, pero sinceramente, y le pese a quien le pese, es un examen que también ha tenido varias preguntas asequibles para el menos docto en la materia. Hubiese sido de agradecer que las preguntas consideradas difíciles estuviesen dentro del temario oficial de las asignatura, claro. Pero también hay que reconocer que seguramente no nos ha salido tan mal como puede habernos parecido en un principio.

Al salir del examen, todo eran caras negativas, de horror y pánico, de desilusión. La gente no paraba de comentar las preguntas más horribles de las 100 que se nos han presentado. Pero nadie comentaba las preguntas que habían sido muy obvias y asequibles. Y a eso me refiero cuando digo que somos unos estudiantes bastante pesimistas en nuestra gran mayoría.

Cuando salen las notas, de repente y sin saber cómo, los que escuchaste decir "¡Qué mal me  ha salido!" tienen un 9 al lado de su nombre en el tablón, o por lo menos gozan del privilegio de un aprobado. Sinceramente no creo que salgan del examen diciendo eso y pensando por dentro lo bien que les ha ido. Creo que es la inseguridad la que se apodera de nosotros cuando salimos de un examen que no hemos bordado, porque siempre hemos estado acostumbrados a sacar las mejores notas, sin saber que entre el 10 y el 5 hay un amplio margen y que una nota intermedia es igualmente buena.

Por el momento solamente queda seguir estudiando y esperar salir de los exámenes que vienen por delante con la sensación de haber dado todo lo que se podía dar y, salgan bien o salgan menos bien, intentar exigirnos menos de lo que lo hacemos de vez en cuando, porque esta bien ser autoexigente, pero está mejor ser realista con uno mismo.



A.