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12 de agosto de 2014

Epidemiología y Estadística en 2ª Vuelta

Después de una semana de estudio de la Pediatría (que no pude escribir en el blog por falta de tiempo), nos ha tocado estudiarnos Epidemiología y Estadística. La asignatura por excelencia en el MIR. Y es que hagas la especialidad que hagas, vas a tener que llevarla sobre los hombros el resto de tu carrera profesional.

La academia nos ha planteado un calendario muy fácil de seguir, con pocos temas diarios de estudio y con una sistemática muy sencilla, ya que los conceptos se repiten año tras año, facilitándonos un poco el estudio. Eso hace de ella la signatura más rentable de toda la preparación. Poco estudio y muchas preguntas. Solo hay una opción: dominarla.

Esta vez si que hemos separado las dos partes de la asignatura (no como en Ginecología y Obstetricia). Empezamos con la parte que más me gusta, que es la Epidemiología. y los últimos días se los dedicamos a la Estadística (un poco más engorrosa desde mi punto de vista). Me ha resultado mucho más sencillo enfrentarme a ella de lo que pensaba en un principio, y quizá tenga algo que ver las dos clases que nos dieron en primera vuelta, que fueron una auténtica revelación.

¿Lo bueno? Asignatura breve y muuuuuy rentable. Muy dinámica de estudiar, practicando preguntas, una detrás de otra. Hacer test y más test, casi como para el carné de conducir. ¿Lo malo? Poco relacionado con los "bonito" de la medicina y conceptos de fisiopatología. ¿Las clases? En segunda vuelta, al igual que en primera, nos han dividido el temario en dos clases. Una para Epi y otra para Estadística. Ambas, nos las ha dado el mismo profesor que nos dio la Estadística en primera vuelta y la verdad es que han sido inmejorables desde el punto de vista teórico-práctico. Mucha orientación MIR. Muchos trucos y pistas para reconocer el concepto sobre el que se nos está preguntando. Muy sistemático, ayudando a resumir las pocas partes más engorrosas del manual. En definitiva, una auténtica pasada.

De hecho, lo mejor de todo este estudio ha sido hacer el simulacro. De repente, las 20pico preguntas de estadística que hasta el momento se contestaban medio solas sin mucha lógica y con más azar que otra cosa, empezaban a cobrar sentido. De hecho, viendo la correción de la plantilla puedo afirmar que se nota la diferencia entre estudiar estadística y no hacerlo.

Ahora empezamos con Infecciosas, una asignatura que a priori me parece muy atractiva a pesar de todos los datos memorísticos que puede llegar a tener.

Saludos.


A.

16 de enero de 2014

El mapa de John Snow


El último examen que me queda por hacer en este último primer cuatrimestre, es el examen de Medicina Preventiva. A priori, es conocida la benevolencia de los “preventivistas” a la hora de evaluar a los estudiantes de sexto, por lo que no es un examen que me genere mucho estrés. Quizá por ello aproveche cualquier excusa para distraerme y desviar mi atención a cualquier asunto.
Esta vez, el asunto en cuestión deriva de toparme de lleno con la figura de John Snow. Para muchos de nosotros, este nombre nos lleva directamente a Invernalia, donde el hijo bastardo de un tal Ned Stark  decide entrar a formar parte de la Guardia de la Noche. Sin embargo, y lejos de tener relación, me entero de que este nuevo John es uno de los padres de la epidemiología moderna. En otro momento, quizá hubiese decidido pasar la página y seguir adelante para terminar pronto con el tema, pero viendo la intriga que me genera, decido investigar un poco.
Londres, 1844. Un recién licenciado en Medicina, John Snow, establece su consulta de cirugía y medicina general en el barrio de Soho. Ahí comienza a dar sus primeros pasos hacia la historia, desarrollando un dispositivo de administración de éter que le llevaría a ser uno de los anestesiólogos más prestigiosos de la ciudad. Llega el año 1848 y con él, la segunda epidemia de cólera en Inglaterra. Mientras un grupo de eruditos discute si el contagio de produce por contacto directo con enfermos (contagionistas) o se produce por la transmisión de partículas a través del viento (miasmáticos), John propone una tercera hipótesis en base a sus observaciones.
Basándose en los registros de defunción, se da cuenta de que la zona sur de la ciudad de Londres tiene una elevadísima tasa de mortalidad por la epidemia, en comparación con el resto de distritos. En este punto, le da por pensar en cuáles son las principales diferencias de ese distrito respecto al resto de la ciudad y es así, como se da cuenta de que el agua que la zona sur recibe del Támesis, procede de la parte baja del río, una vez que éste ya ha atravesado la ciudad. ¿Coincidencia? Tal vez, pero el pensar que no lo es, es lo que le lleva a proponer su teoría. Teoría que, posiblemente debido a la prepotencia de los grandes eruditos, fue rechazada.
 Pasa el tiempo y tras unos años en calma, y sin un adecuado control sanitario, aparece la tercera epidemia del cólera en 1853. Convencido de que su teoría podría ser la explicación del origen de la enfermedad, Snow decide registrar el número de defunciones debidas a la enfermedad y la fuente de agua que recibió cada paciente. De esta manera, se da cuenta de que los individuos que recibían agua de la parte alta del río presentaban unas tasas de mortalidad muy reducidas respecto a aquellos que se abastecían de la parte baja. 

Empieza a encajar las piezas del puzzle cuando, muy cerca de su vivienda, aparece un brote inusualmente grave que le ayuda a continuar con sus estudios. Se dio cuenta de que la gran mayoría de sus vecinos afectados, obtenían el agua de una fuente en Broad Street. Haciendo trabajo de campo, concretó que 71 de los 83 fallecidos en su barrio, habían obtenido agua de dicha fuente. Con esos datos, y sabiendo que gran parte de los afectados fuera del barrio habían consumido agua de la fuente al pasar por la zona, decidió ilustrar sus hallazgos con el mapa conocido actualmente como “El mapa del cólera de John Snow”.

Gracias a estos datos, logró que las autoridades sanitarias inhabilitasen la fuente de Broad Street, pero sin embargo, debido a la presión de la comunidad médica de la época cegada por su teoría miasmática, se volvió a autorizar su uso sin lograr controlar del todo la epidemia. Hizo falta una cuarta epidemia, con sus consecuentes defunciones, para que Snow fuese tomado en serio y finalmente se pudiese controlar la epidemia.


Esta distracción tan fructuosa, me ha recordado lo prepotentes que podemos llegar a ser los seres humanos. Desde que empecé la facultad, he tenido que lidiar con el complejo de superioridad de algún que otro doctor en nosequé ciencia, que se creía que por ocupar nosequé posición en nosqué institución era equiparable a cualquier residente del Olimpo. Sin embargo, y visto a posteriori, me doy cuenta de que su prepotencia no es sino el síntoma de toda su inseguridad, que les hace discutir con títulos lo que no pueden discutir con argumentos.
 


A.

3 de diciembre de 2013

Clase de Epidemiología de 1ª Vuelta

Siempre se ha dicho que Medicina es la menos científica de todas las ciencias. De la misma forma, la Medicina siempre ha sido entendida como una fusión entre las humanidades, las letras y la ciencia, despreciando en parte, el componente de números que lleva implícito esta última. Pero para todo aquel creyente en que la Medicina está completamente exenta de numerología, que se desengañe. Para eso llegaron unos tíos y se inventaron la Epidemiología.

Puede parecer que la Medicina actual tiene tantas cosas que descubrir, que lo que menos le preocupa al médico es manejar con soltura un conjunto de cifras y fórmulas, y que lo que debe hacer es centrarse en el estudio de la fisiopatología y las dianas terapéuticas de las enfermedades. Sin embargo, y como se me ha demostrado en los últimos años de la carrera, la Epidemiología es una de las partes más importante de la práctica médica, y prueba de ello, es el peso que tiene de cara al examen MIR. De las 225 + 10 preguntas que componen el examen, el número medio de preguntas de Epidemiología es de 20 (aproximadamente un 8,5%). Es por eso que la academia ha recalcado la importancia de prepararla adecuadamente, y en consecuencia nos han dado una maravillosa clase de primera vuelta.

La tarde empezaba con el ánimo de saber que, además de la preparación del MIR, la clase iba a facilitarme en gran medida el examen de Farmacología Clínica que tengo en la facultad en apenas unas semanas. Iba siendo consciente de la pésima base del temario que tengo y siendo complemente creyente en que "Él método" volviese a hacer de mí un chico con las ideas claras.

El profesor, un cirujano vascular del H. Clínico San Carlos de Madrid (sí, un cirujano, has leído bien), empezó explicando métodos de validación de las pruebas diagnósticas, y desde el minuto uno me di cuenta de que el tío era un auténtico genio de la docencia. Explicaba, daba ejemplos prácticos, ayudaba a razonar cada una de las preguntas de test detenidamente, proponía ejercicios para resolverlos de manera individual y luego exponerlo de manera conjunta... Después de entender qué era y cómo se hacía una tabla de contingencia (concepto que me explicaron en primero de carrera pero que, obviamente, estaba perdido en algún sitio donde ni mi razón ni mis ganas me permitían encontrarlo), empezó a explicar las medidas de frecuencia y las medidas de asociación. Llegados a este punto, en el que mezclaba la incidencia con la densidad de incidencia, y los falsos negativos con los positivos, y el VPP con el VPN, mi cerebro y mi vejiga no estaban en condiciones de seguir hacia adelante. Todo lo bien que lo estaba haciendo el profesor, se estaba liando en mi cabeza por la mundana necesidad de salir a descansar.


Al volver del descanso y con la consciencia subiendo peldaños en la escala de Glasgow, estaba preparado para el segundo asalto, que no hizo otra cosa que mejorar. La parte final de la tarde la dedicamos a sintentizar de manera sistemática los estudios epidemiológicos, repasando los más importantes, y dejando los secundarios para abordarlos detenidamente durante la segunda vuelta. Llega el final de la clase y me levanto del asiento doblemente satisfecho. No solamente había logrado comprender un temario que en la facultad se me resistía desde el primer día que puse un pie dentro, sino que lo que habíamos estado repasando había aclarado conceptos que necesito para el examen de dentro de dos semanas.

La semana que viene tendré la clase de Estadística, otro de los grandes huesos que nunca me he visto en condiciones de roer, y muy relacionado con la clase de esta semana. Juntas forman lo que he decidido llamar la "numerología de la MIRicina", un conjunto de conocimientos en base a números y fórmulas que creí que nunca iba a volver a tener que repasar, pero que sin olvidar la importancia de las letras y las humanidades, forman parte indiscutible de esta ciencia que llamamos Medicina.



A.