7 de septiembre de 2013

Rotando por Medicina Interna

Después de haber pasado un buen primer último-día de curso, con sus charlas introductorias y sus explicaciones generales de cómo se desarrollará el año, empieza lo que más disfruto del curso: las Rotaciones. En entradas anteriores ya he dejado claro lo que me gusta el ir al hospital, ponerme la bata y empezar a realizar las prácticas clínicas día a día. Sabiendo que el año pasado disfruté de ello, este curso tiene pinta de ser mejor aun.

Durante este año, las rotaciones que nos proponen son mucho más entretenidas, según mi opinión. Medicina Interna, Urgencias, Cirugía general, Atención primaria y tres rotaciones por servicios a elegir.

Me ha tocado empezar a rotar durante dos meses en Medicina Interna, y después de estas semanas no tengo ninguna pega. Es verdad que no es la especialidad que más me guste, debido a que el tipo de paciente que se ve es un paciente pluripatológico, en la mayor parte de las ocasiones muy mayores, y que además, se descompensan muy fácilmente, por lo que el progreso que ves desde que enferma hasta que le "curas" es mínimo. Aun así, es una especialidad de engloba al paciente en su totalidad y eso es lo que ando buscando. No es la primera vez que estoy en el servicio, pero sí es la primera vez que dejo de ser "el estudiante" para ser "el estudiante-casi-médico".

En esta primera semana, ya me han encargado hacer evolutivos como un residente más. He estado llevando un horario similar al que puede llevar un residente. He estado hablando con el paciente como si fuera un residente. En definitiva, tanto la gente del hospital como yo mismo, somos conscientes de que esto de ir por las habitaciones detrás del médico se está acabando. Ya no eres aquel estudiante de Tercero que iba pegado al culo de la bata del Adjunto, pensando cada pregunta que iba a hacer y preguntando sobre cada patología de la que se hablaba. Ahora, en Sexto, eres ese estudiante que se empieza a ver en la escena, formando parte activa de ella, no sólo por méritos propios de ganarte la confianza a base de esfuerzo, sino porque el servicio parece sentir que ya estás preparado para cargar con cierta responsabilidad.

Todavía me queda más de mes y medio en el servicio, pero desde luego el inicio ha sido incluso mejor de lo que esperaba. 



A.

1 de septiembre de 2013

El principio del "Los últimos"

Desde hace aproximadamente dieciocho años he estado pensado "otro verano más que se acaba, otro curso más que empieza". Recuerdo el verano que terminó para dar paso al colegio, y el que quedó atrás para empezar el instituto. También me acuerdo del verano que se terminaba para empezar la universidad, y de eso hace apenas cinco años. Como cada inicio de septiembre empiezo a experimentar esa sensación de nerviosismo por ver cómo empieza el curso, por reencontrarme con los compañeros que despedí en junio y por ver los cambios que depara este nuevo año. Pero esta vez es diferente.

Este año es El último. El último año que termina un verano en septiembre. El último año en el que dejo el no-hacer-nada para empezar la rutina académica. El último año en el que los primeros días de septiembre son para ver qué tal les ha ido a mis compañeros durante sus meses de vacaciones. El último año en el que disfrutaré de unas vacaciones tan largas como las que he tenido. Este año, es el último año que soy estudiante.

Este primer último no es más que el primero de muchos. Detrás llegará el último cuatrimestre de la facultad, el último día de rotaciones, el último día ver un paciente como no-médico, el último día de exámenes, el último día de pisar un hospital con la identificación de estudiante...

Sin embargo, no todo son finales. Este blog lo empecé para compartir la experiencia que supone preparar el examen MIR y contar día a día los pasos de la preparación. En octubre, empezaré la academia para preparar el examen, y con ello empezaré a cumplir el objetivo del blog. Pero mientras tanto y hasta entonces, permíteme que comparta la sensación de vértigo que produce el pensar que, en menos de nueve meses, seré médico.

Esto se acaba.




A.


27 de junio de 2013

Una experiencia más

Y sin darme apenas cuenta, mañana acabo la rotación voluntaria en la UCI Pediátrica que he llevado a cabo durante este mes de junio. Como otros veranos atrás, salgo con el convencimiento de haber tomado la decisión correcta a la hora de elegir el servicio. No solo por el trato recibido por parte de todo el servicio, que ha sido inmejorable, sino por todo lo aprendido durante estas semanas, tanto en el ámbito científico como en el humano.

Durante este periodo me he cruzado con muchos pacientes, llegando a tener la UCI bloqueada en bastantes ocasiones, y todos ellos me han aportado algo nuevo y diferente a los anteriores. Desde los postoperatorios derivados para observación durante 24 horas, hasta los que llegaron antes que yo y a día de hoy siguen ingresados. Podría pasarme bastantes entradas hablando de cada uno de ellos, de sus patologías, de sus complicaciones, de sus tratamientos y recuperaciones, pero lo que más quiero destacar es la fuerza que me han demostrado estos pequeños héroes. 

Durante el cuarto curso de la carrera entré en contacto con la Pediatría, y la verdad es que nunca pensé que me fuese a enamorar tanto de una especialidad que en un primer momento no me parecía nada atractiva. Poco a poco, y sobre todo después de las prácticas que hice en su momento, me fue gustando cada vez más, a pesar de lo tedioso que supone ponerse a estudiar esta asignatura durante la carrera. Lo que no sabía es que ese "poco a poco" y esos contactos esporádicos que tenía durante las guardias que he hecho durante quinto de carrera me llevarían a decidirme a rotar por un servicio que me aportase tanto como lo ha hecho la UCI Pediátrica. 

He aprendido numerosas técnicas propias de la UCI y a hacer por primera vez una punción lumbar. He aprendido a medio-manejar un respirador para dar soporte con ventilación mecánica en diferentes modalidades. He aprendido a no rehuir del equilibrio ácido-base, llegando a parecerme entretenido el equilibrio hidroelectrolítico. He aprendido cómo hacer una primera valoración de un politraumatizado y el manejo paulatino de los pacientes oncológicos. Y todo ello, se lo debo a los adjuntos y residentes del servicio. 

Pero todo esto no ha sido lo único que he aprendido. He aprendido a escuchar a pacientes que no son muy buenos comunicadores por la edad. He aprendido a calmar la ansiedad de un paciente que por su corta edad no es capaz de asimilar que unos tios con bata blanca estén a su alrededor, inspeccionando cada parte de su cuerpo. He aprendido a emocionarme con la mejoría de un paciente que tras varias complicaciones lograba salir del hoyo para terminar de curarse y he aprendido a sentir la tristeza por la pérdida de algunos de ellos. Y todo ello, gracias a los protagonistas de cada historia: Ellos. 
                                               
                                             
  
Solamente puedo sacar cosas buenas de esta vivencia, y no puedo terminar de escribir sin recomendar a todo el mundo atravesar una experiencia similar. Mucha gente te dice siempre "No te involucres demasiado, porque te acaba pasando factura". Pues bien, yo a día de hoy, solamente puedo recomendar que uno se implique lo máximo posible en cada uno de los casos. No solo por el aprendizaje que ello supone, que también, sino porque la angustia y tristeza por la pérdida de un paciente queda contrarrestada por la satisfacción y alegría de recibir un "Gracias" cuando las cosas salen bien.



A. 

7 de junio de 2013

Cuando la cura no es posible

Hoy, 7 de junio de 2013, he asistido a uno de los momento más duros de mi carrera hasta el momento. Hoy ha sido la primera vez que he estado presente mientras la vida de un enano se iba apagando poco a poco hasta que al final ha dejado de estar ahí. No ha sido el primer paciente que he visto morir, pero si ha sido el más duro hasta el momento.

Nunca me había parado a pensar en esto. Nunca había estado de pie, al lado de la familia, durante media hora. Sin hacer historias clínicas ni explorar a ningún paciente. Sin ver analíticas ni evolutivos ni llamar a rayos para pedir que hagan una prueba. Nunca había estado ahí, de pie, sin hablar con el paciente o su familia. Nunca había acompañado a alguien en el proceso de ver cómo la vida se iba apagando poco a poco, bajando las constantes en el monitor, hasta que todo acaba y puedes ver cómo el descanso por fin le ha llegado a ese pequeñajo de tan sólo 4 años con toda una historia de ingresos y sufrimiento a sus espaldas.

No puedo decir que haya sido un día alegre, como imagino que entederás, pero lo que sí puedo decir es que ha sido un día de aprender cosas que no están en los grandes tratados de medicina. Ha sido el día de aprender el papel del médico cuando su principal función, el curar, no puede llevarse a cabo. No es un aprendizaje fácil, pero sí necesario. Ha sido el día de aprender a acompañar.



A.

4 de junio de 2013

Un punto de vista

Como dije en el post anterior, el lunes inicié una rotación de verano en el Servicio de Cuidados Intensivos Pediátricos en un hospital de Madrid. Llevando tan poco tiempo en ello, ya puedo decir que es una de las mejores experiencias que estoy teniendo en lo que a mi carrera se refiere.

Todo ha empezado como siempre, "Hola, soy A., estudiante de medicina y voy a rotar aquí un mes" la acogida ha sido espectacularmente buena en un servicio integrado por muchos residentes y otros tantos adjuntos. ¿Mi misión? Ver, oír y aprender y estar dispuesto a hacer todo aquello que me propongan hacer en el servicio. Ahora bien, estoy como un pollo recién salido del nido, sin saber ni dónde puedo encontrar los volantes de analíticas ni los impresos para los evolutivos.

Si tuviera que destacar algo de lo que he aprendido en estos primeros días es el diferente punto de vista que tenemos la gente del mundillo sanitario respecto a qué es bonito y qué no lo es. Seguramente todos hayamos llegado a casa después de un largo día de prácticas contando los casos más increíbles que hemos visto diciendo lo bonitos son, y nuestros familiares no sanitarios nos han mirado con cara de asombro pensando que estamos locos si pensamos que una enfermedad en una persona puede llegar a ser bonita. Pues sí. Padres, madres, hermanos y hermanas, tenéis que aceptarlo. Nos gusta, y mucho. No es que nos guste ver a la gente enfermar, ni mucho menos. De hecho nos gusta todo lo contrario. 

Creo hablar en boca de muchos diciendo lo impresionante que es ver cómo funciona el cuerpo humano y cómo éste puede recuperarse de grandes agresiones cuando se le presta la ayuda necesaria. Puede venir en un estado general regular o aparecer por la puerta mal desde el principio, y aún así soportan todas las perrerías que se le hacen. Pueden venir conscientes o trasladados de otro hospital con asistencia ventilatoria, y aún así sabes que están agradeciendo lo que estás haciendo por intentar sacarles del hoyo. Puedes tener el diagnóstico desde el principio y ver la evolución, o bien ver como evoluciona y acabar llegando al diagnóstico después. Se mire por donde se mire, ¡es apasionante!

Particularmente, durante esta rotación, estoy viendo la grandísima capacidad de aguante de unos niños que con apenas dos meses, son capaces de aguantar enfermedades de una importancia que sobrepasa el tamaño de sus cuerpos. Puede tener un punto de dureza difícil de asimilar en un primer momento, sobre todo en el caso de los niños, pero también tiene un punto de ánimo al saber que esos mocosos que parecen tan vulnerables a cualquier intervencionismo son capaces de sobreponerse a la enfermedad con mayor fuerza y velocidad de lo que podría esperarse un adulto. 



Definitivamente, me convence. Esto es lo más bonito que puede haber. La medicina, la pediatría y el ver como un paciente intubado, de apenas tres meses de vida, es capaz de tolerar un tubo metido en su tráquea con la sedación justa para poder abrir los ojos mientras le exploras y darte las gracias con la mirada por todo lo que estás intentado hacer por salvarle la vida.  




A.



1 de junio de 2013

Rotando, que es gerundio!

Después de haberme pasado algún tiempo sin postear nada, vuelvo con el descanso que da el haber estado dos semanas sin despertadores ni horarios de estudio, sabiendo que desde el viernes 17 de mayo que acabé el último examen, hasta principio de septiembre, estaré es un estado que no conocía desde el verano de antes de empezar la facultad: VACACIONES. Cierto es que todos los años sin excepción he podido descansar algunas semanas en verano, pero siempre con el pensamiento de "tengo que empezar a estudiar para septiembre...".Pero este año eso se acabó. Por fin un verano que verdaderamente es tal y como eran antes de empezar la carrera.

Teniendo tres meses de vacaciones lo primero que pensé fue, ¿qué demonios voy a hacer con tantísimo tiempo, cuando ya había perdido la costumbre de no tener nada que hacer?. Puede que suene extraño, pero al fin y al cabo, después de cuatro veranos con alguna asignatura pendiente, se me ha olvidado lo que se hace cuando no hay nada que hacer. 

A raíz de esto, y como buena enfermedad que supone estudiar esta carrera, he decidido invertir uno de los meses en hacer una rotación de verano en la UCI Pediátrica en un hospital aquí en Madrid. Como los dos veranos anteriores, quiero dedicarle un mes a realizar estas prácticas que, además de aprender mucho más que en nueve meses de curso ordinario, me permiten convalidar créditos de libre elección. 

"¿Por qué?", me pregunta mucha gente. "Es tu último verano, ¡aprovéchalo!" dicen otros cuantos. Pues bien, la verdad es que no es fácil de hacerle entender a alguien que, después de nueve meses de curso, con dos jornadas de exámenes que han sido extenuantes, prácticas todos los días en el hospital y otras muchas actividades que acarrea el día a día de la carrera, aun me quedan ganas de rotar durante el mes de junio por este Servicio. Hay veces que ni yo lo entiendo. En cuanto a aprovechar el último verano, creo que con dos meses de vacaciones tengo más que de sobra para descansar, pasarlo bien y coger fuerzas para lo que viene después. 

Sabiendo que esto de rotar en verano es una práctica bastante habitual en mi facultad, llego a la conclusión de que no sabemos estar sin hacer absolutamente nada. Desde que iniciamos la etapa hospitalaria de la carrera, ésta empieza a convertirse en una droga que nos hace cada día un poco más adictos. No quiero decir que no sepamos tener cosas más allá de la Medicina, pero sí es verdad que le empezamos a dar una importancia a nuestro aprendizaje que antes no le dábamos. Nuestras conversaciones entre compañeros suelen abordar algún caso interesante que hemos visto, o alguna anécdota que nos ha ocurrido con algún paciente. No suelen suponer el tema central de nuestras conversaciones como mucha gente piensa, pero si es una verdad innegable que en la práctica totalidad de las ocasiones se acaba haciendo alguna mención a algún tema hospitalario. 

Que no se me entienda mal. No quiero que se piense que somos una especie de ratas de hospital sin más vida social que la que nos brinda una historia clínica. Es verdad que cualquiera que lea esto puede pensar "menudo tío, todo el día con la Medicina. No tiene vida más allá" y posiblemente no comparta mi manera de verlo, pero estoy convencido de que no es incompatible mantener una vida social aceptable con interesarte tanto por tu aprendizaje como para llevarte a invertir (y no gastar) un mes completo de vacaciones en una experiencia así. 

De lo que sí estoy convencido al 100% es de  que es una profesión que te acarrea tanta dedicación personal, que acaba formando una parte muy importante de tu persona y que, aunque la gente no lo comprenda, acabas pensando siempre qué, cómo y cuándo vas a aprender algo nuevo. 



A. 





9 de mayo de 2013

#examenORL

Hoy he tenido el examen de ORL, solamente dos días después de hacer el examen de Dermatología. La verdad es que, al contrario de lo que se decía para el anterior, en esta ocasión los rumores de dificultad/facilidad del examen era totalmente diferentes. Todos los alumnos de años anteriores hablaban del examen de diferentes maneras, pero todas con un punto de vista común: el alto grado de dificultad.

Desde la publicación de la convocatoria de examen, todos los que teníamos que presentarnos a la prueba estábamos bastante "mosqueados" por el criterio del 75%. Para todos aquellos que no sepan de lo que hablo me explico. En la UAM, y no se si en otras universidades también, existe la política de que en los exámenes del segundo ciclo de la carrera se aprobarán con el 70-75% de la media de las diez mejores puntuaciones obtenidas. Esto supone que si hay diez personas que sacar un 10, la nota de corte para el aprobado se queda en un 7-7,5. Como se puede imaginar, todos aquellos alumnos que no gozamos de la excelencia académica vivimos relativamente pendientes de las notas de corte de cada uno de los exámenes, sabiendo que salir satisfecho de un examen nunca asegura una puntuación suficiente. El mosqueo que menciono en relación con el 75% tiene que ver con que en esta ocasión, en vez de ser la media de las diez mejores puntuaciones, tomaban la media de las cinco mejores, lo cual, cierra el cerco de una manera más acusada y favorece las posibilidades de una mayor nota de corte. Aun así, y como he dicho en ocasiones anteriores, no hay que perder el optimismo de cara a los exámenes. Que no cunda el pánico.

En la puerta del examen, podía verse en la cara de más de uno que el pánico ya había entrado a formar parte de su estado en ese momento. Los nervios eran palpables y los comentarios de los compañeros no animaban nada, pero aun así había que aferrarse al pensamiento de que "si lo han sacado otros con anterioridad ¿por qué iba a ser yo menos?". Pues bien, entramos en el examen, con el correspondiente protocolo de identificación cómo si fuésemos a entrar en la base del Cuerpo de Inteligencia de los EEUU  y nos sentamos a esperar qué es lo que nos depara el examen.

Empiezo a leer y me doy cuenta (una vez más) del poco caso que debe hacerse a la rumorología de la universidad. No era un examen regalado, pero sí es verdad que era un examen que se adaptaba al temario explicado en clase y a las indicaciones de que se nos habían dado de estudio. Empezamos a rellenar el test inicial y después nos permiten salir a descansar para pasar a hacer posteriormente a hacer las preguntas de desarrollo escrito. Las caras empiezan a mejorar. Empieza a haber un halo de confianza en todas aquellas personas que parecían temer por su futuro con este simple examen. Llega el desarrollo, y tampoco sorprende demasiado. Salimos, y buenas sensaciones en la mayoría.

Otro examen más u otro menos según se mire. No quisiera terminar el post sin hacer una mención especial y una recomendación que creo que me ha sido de utilidad a lo largo de la preparación del examen. Lo primero, destacar la labor docente de una de las doctoras que se ha encargado de impartir la docencia en mi hospital a lo largo del cuatrimestre. Es de agradecer la accesibilidad que nos ha brindado a los alumnos para solucionar cualquier tipo de duda, tanto dentro del hospital como en el mundo 2.0. Y lo segundo, relacionado con los primero, es dar a conocer el blog de Aprende Otorrino. En él podréis encontrar multitud de post relacionados con ORL pero sobre todo, encaminados a hacer un estudio sistemático y ordenado de las principales patologías de esta especialidad. Muchas gracias Almudena.

Sin más, acabamos aquí para seguir con el estudio de Reumatología y tachar en el calendario un día más para ver como se acerca el ansiado verano.




A.




6 de mayo de 2013

Inicio de temporada de exámenes

Como otro cuatrimestre más, empezamos una jornada de exámenes con nervios, mucha carga de estudio y ganas de que termine lo antes posible intentando no darnos cuenta de qué ha pasado. Estas semanas en las que no he publicado ningún post he estado cubriendo el trabajo que no he hecho durante el cuatrimestre, que no es poco, pero poco a poco parece que las cosas van saliendo adelante.

Esta vez ha tocado empezar con el examen de Dermatología. Es una asignatura bastante extensa en mi universidad, con unos 40 temas sobre todo tipo de enfermedades y fotografías capaces de quitarle el hambre a cualquiera que se preste. Después de un intenso fin de semana de repaso, la verdad es que puedo decir que no ha ido mal.

A raíz del examen me he dado cuenta de una actitud que suele pasarnos a la mayoría de los estudiantes, por lo menos en mi facultad, al salir de un examen: el pesimismo.

Desde siempre hemos sido los mejores de nuestras clases, destacando en el colegio y en el instituto, con mayor o menos esfuerzo. Hemos ido preparados a los exámenes con la intención de bordarlos y casi siempre había sido así hasta llegar a la universidad. Cuando nos enfrentamos a nuestros primeros exámenes de la universidad lo hicimos con nerviosismo y desorientación, sin saber muy bien si íbamos preparados correctamente o si el estudio que habíamos llevado a cabo valdría lo suficiente como para aprobar. Nos empezamos a llevar nuestros primeros suspensos a casa, nuestras primeras desilusiones por haber estudiado algo y no haber obtenido los resultados esperados. En definitiva, empezamos a no ser los mejores y no es algo fácil de asimilar.

Estábamos acostumbrados a la perfección, a salir de un examen y saber a ciencia cierta que ese examen tendría una puntuación, sino la máxima, por lo menos bastante alta. Sin embargo, en la facultad empezamos a darnos cuenta de que no todo pueden ser dieces.

El examen de hoy puedo decir que no ha sido un examen fácil. Puedo decir que todos esperábamos quizá un examen más "de andar por casa", guiado por los comentarios y rumores de alumnos que ya habían hecho el examen en años anteriores y les había resultado muy fácil en su momento. Sin embargo, al empezar a pasar las hojas del examen, en vez de encontrar la asociación clara de la Dermatitis Herpetiforme con la intolerancia al gluten, o las lesiones papulosas, púrpuras, poligonales y pruriginosas del Liquen plano, nos hemos encontrado con nombres que ahora mismo no sé ni escribir sobre alérgenos en relación con una dermatitis que le aparece a un hombre en relación con sus zapatos, y varias perlas de estas a las que la UAM nos tiene más que acostumbrados.

No ha sido un examen fácil para ninguno creo, pero sinceramente, y le pese a quien le pese, es un examen que también ha tenido varias preguntas asequibles para el menos docto en la materia. Hubiese sido de agradecer que las preguntas consideradas difíciles estuviesen dentro del temario oficial de las asignatura, claro. Pero también hay que reconocer que seguramente no nos ha salido tan mal como puede habernos parecido en un principio.

Al salir del examen, todo eran caras negativas, de horror y pánico, de desilusión. La gente no paraba de comentar las preguntas más horribles de las 100 que se nos han presentado. Pero nadie comentaba las preguntas que habían sido muy obvias y asequibles. Y a eso me refiero cuando digo que somos unos estudiantes bastante pesimistas en nuestra gran mayoría.

Cuando salen las notas, de repente y sin saber cómo, los que escuchaste decir "¡Qué mal me  ha salido!" tienen un 9 al lado de su nombre en el tablón, o por lo menos gozan del privilegio de un aprobado. Sinceramente no creo que salgan del examen diciendo eso y pensando por dentro lo bien que les ha ido. Creo que es la inseguridad la que se apodera de nosotros cuando salimos de un examen que no hemos bordado, porque siempre hemos estado acostumbrados a sacar las mejores notas, sin saber que entre el 10 y el 5 hay un amplio margen y que una nota intermedia es igualmente buena.

Por el momento solamente queda seguir estudiando y esperar salir de los exámenes que vienen por delante con la sensación de haber dado todo lo que se podía dar y, salgan bien o salgan menos bien, intentar exigirnos menos de lo que lo hacemos de vez en cuando, porque esta bien ser autoexigente, pero está mejor ser realista con uno mismo.



A.





16 de abril de 2013

Primer día de Elección MIR 2013

Cómo los dos años anteriores, he madrugado lo suficiente cómo para seguir en directo (vía internet) el primer día de la elección de plaza de los presentados al MIR. Como en las ocasiones anteriores, y sin estar involucrado directamente con el examen y todo su mundo, me he puesto nervioso.

Para aquellos que lean esto y no sepan de lo que hablo, me explico. Cuando ya han salido los números de orden definitivos tras la correción del examen y el baremo con el expediente, los MIRes tienen que dedicarse a hacer una lista con las opciones que elegirían, en orden. Eligen ciudad, hospital y especialidad. Después de hacer la lista solamente falta una cosa: que llegue el día de elegir y que puedan cumplir el deseo de realizar la primera opción que anotaron.

Pues bien, enciendo el ordenador, accedo a la página del Ministerio de Sanidad, y al ver que no ha empezado la elección, le echo un vistazo al twitter para ver cómo están los ánimos. Se palpa la tensión de la gente, tanto la que va a elegir, como la que por amor al arte ha madrugado para seguir el evento. Después de pulsar un par de billones de veces la tecla F5, aparece la primera elección en torno a las 9:45 de la mañana: Cardiología en la Paz. Esta decisión no sorprende, ya que cardiología es una de las opciones más cotizadas en la elección.

Siguen apareciendo las plazas elegidas a cada golpe de F5, una tras otra, con el nombre y número de orden de la persona que elige. Ves que conoces a alguno. Te alegras de saber que al final han elegido lo que querían y donde querían (Miriam).

La rutina parece monótona, hasta que llega el número 81 y elige Microbiología en el Gregorio Marañón. En ese momento te imaginas a los 269 electores que quedan en la sala en pie, vitoreando el nombre de la chica que les ha regalado este momento tan inusual.

En el desarrollo de la jornada, ves como, sorprendentemente hay electores que deciden no elegir plaza, y cómo salta directamente del 17 al 19, sin dejar rastro alguno del 18. ¿Dónde se habrá metido? ¿Le habrá entrado el miedo? ¿Se habrá dormido? Pues la respuesta llega cuando, la que se presupone que es su novia, elige Cardiología en Santiago con un 230. El enamorado elector ha dejado pasar 212 electores, con el riesgo de perder su plaza, por esperar a su novia y poder hacer la Residencia en la misma ciudad. Quien diga que eso no es amor, es que no sabe lo que signifa el MIR. Momentos cómo éste, y el del 691, que pasa aproximadamente media hora tomando la decisión sobre el estrado, provocando twitts del estilo "La vida es lo que pasa mientras esperas a que el 691 decida #2MIR13" , son los que hacen que esto no sea una mera elección de una plaza cualquiera.

Logran enganchar a cualquier estudiante de Medicina que se preste a ello, haciéndole partícipe de cada una de las historias que hay detrás de cada uno de los electores que se encuentran en la sala, sabiendo que en poco tiempo, serán ellos quienes estén delante del ordenador pulsando la tecla ENTER que decide dónde van a formarse en lo que van a dedicarse el resto de su vida.



A.



10 de abril de 2013

Síndrome del Estudiante de Medicina

Desde que los estudiantes de Medicina empezamos a medio-conocer las enfermedades que se pueden sufrir, empezamos a ser nuestros propios enemigos. Desarrollamos un síndrome con una prevalencia muy elevada en nuestra facultad: El Síndrome del Estudiante de Medicina

La etiopatogenia de este síndrome está  directamente relacionada con el temario que estemos estudiando en el momento de inicio del cuadro. Si se está estudiando Cardiología, empezamos a sufrir dolores torácicos opresivos, de inicio súbito y con irradiación a brazo izquierdo, al cual seguro acompaña un cortejo vegetativo provocado por la ansiedad que conlleva "saber" que estás sufriendo un SCACEST. No podemos pensar que pueden ser unos simples gases, o somatización a secas. No. Tenemos que buscar enfermedades cardiológicas y si son raras, mejor. Si estamos estudiando Neumología, descubrimos que tenemos una Fibrosis Quística de la que nadie se ha dado cuenta hasta el momento. Nuestros esputos se han vuelto de repente espesos y nuestra sudoración es más salada de lo habitual. Algo no va bien. Tenemos la sintomatología clara. Estamos 99% seguros de tener algo.

De momento yo ya he sufrido 3 ó 4 TEP's, otros tantos IAM's, un par de neumotórax espontáneos, algún que otro ACVA (con sus secuelas), brotes de esclerosis múltiple,  y un par de reactivaciones de tuberculosis. Y eso solamente entrando en cosas relativamente poco raras. Si nos metemos en rarezas, tengo un par de colagenopatías (a falta de una), parásitos tropicales residiendo en mi cerebro, tumores raros de esos que se publican en revistas importantes... Vamos, un sin fin de enfermedades.

Lo mejor de todo es la actitud que tomamos frente a nuestra seguridad de estar padeciendo alguna patología rara digna de ser publicada. Nos agobia. Le damos vueltas a la cabeza ¿Y si esta vez es verdad? ¿Y si tengo una mutación genética con una penetrancia reducida que haya ocultado mi síndrome durante todo este tiempo?... No hay nada peor en estos casos que el saber.

A mi favor, he de decir que aun no he consultado por ninguno de mis síndromes. Nunca vamos al médico a consultar y contarle nuestras sospechas, por miedo a sentirnos ridículos. Y menos mal, porque pasado un tiempo, cuando te das cuenta de que sigues vivo y que deberías haber muerto por tu enfermedad, sientes la vergüenza que te hace callar y no comentar en voz alta las ideas que se te pasaron por la cabeza.

Puede que este síndrome no sea más que un fiel reflejo del miedo que tenemos todos a enfermar, sobre todo si sabemos qué puede pasarnos. De momento no sé si se ha descrito algún trastorno psiquiátrico en relación con este comportamiento, pero estoy seguro que cuando se describa, lo tendré.



A.

7 de abril de 2013

Una pregunta especial

Es La pregunta. Esa con la que todo estudiante de Medicina va a tener que lidiar desde antes  de empezar la facultad: ¿Que especialidad quieres hacer?.

Termina la Selectividad y con la nota en la mano, decides hacer la preinscripción en Medicina. No sabes aún cual de las 31 facultades públicas (que se dice pronto) u otras cuantas privadas vas a elegir. No sabes muy bien en qué consiste la carrera, pero decides entrar, porque para darse la vuelta siempre hay tiempo. Haces la preinscripción y tus padre, tíos, abuelos y demás familia y amigos ya formulan la pregunta. En este momento no sabes qué responder por una única razón: no sabes cuales son las especialidades más allá de las conocidas por todo el mundo.

Empiezas la universidad, con ilusión y creyéndote el rey del mundo, y la gente sigue formulando la dichosa pregunta, sin saber que lo único que conoces de medicina es la bata que te pones para entrar en el laboratorio de bioquímica. Llega la primera jornada de exámenes, y se acabó lo de creerse el rey del mundo.

Durante los tres primeros años de carrera no ves mucho que te ayude a responder La pregunta, pero aún así, la gente se empeña en seguir formulándola, con la esperanza que en los próximos dos meses puedas darles una respuesta mejor.

Y por fin empiezan los años clínicos. Empiezas a contactar con especialidades conocidas por todos (cardiología, pediatría, digestivo...) y que todo el mundo sabe más o menos qué tipo de patología tratan, a la vez que contactas con otras menos conocidas por la gente de a pie (reumatología, rehabilitación...). Empiezas a poder contestar a medias La pregunta: No sé lo que quiero hacer, pero sí sé que no quiero hacer "X".

En este punto se crean dos vertientes. Una de ella, la del alumno que termina la carrera no cerrando muy bien el cerco de especialidades que prefiere, y que llega al MIR con dos, tres, cuatro o incluso más especialidades que no les importaría hacer. Y por otro lado, hay alguien que ha sido elegido por la especialidad (si, si, no me he equivocado, ELEGIDO POR LA ESPECIALIDAD) y tiene muy claro a qué se quiere dedicar el resto de su vida.

Personalmente, ya me ha elegido la especialidad y aun así, me cuesta responder la pregunta. Ya sé a qué me quiero dedicar, pero siempre queda poner la coletilla de "si me da". Porque lo que todos preguntan es el Qué, y lo que no saben es el Cómo.

Pocas personas saben que para responder esa pregunta con 100% de seguridad tienes que haber sacado una de las mejores notas de la selectividad, haber pasado una carrera de seis años de importante estudio, haberte preparado un examen nacional durante aproximadamente un año y haber sacado una plaza para ello. Después de esto hay una formación de cuatro o cinco años que te dará los conocimientos que verdaderamente servirán para la práctica diaria. ¿Y todo esto para qué? Para que a finales de este mes de mayo, unos 7.000 especialistas recién formados saquen sus billetes al extranjero en busca de una oportunidad para poder contestar un "Soy" en vez de un "Quiero ser Pediatra".



A.

4 de abril de 2013

El trofeo

Un punto importante en la vida de todo estudiante de Medicina es su entrada en el hospital para llevar a cabo las prácticas. No solamente por el aprendizaje que ello conlleva (lo más importante, pero no el motivo de este post), sino por conocer un mundo hasta ahora desconocido por la mayoría: la industria farmacéutica.

Está relación médico-laboratorio marcará un punto importante en la carrera de todo médico, y el que niegue eso, se miente. Es verdad que es un mundo enrevesado y plagado de intereses comerciales más que asistenciales, pero es un punto fundamental para el desarrollo de la práctica médica diaria. Y todo empieza de estudiante.

En los inicios, esta relación estará marcada por el interés del estudiante con hacerse con el mayor número de bolis, post-its y demás utensilos mayoritariamente inútiles que en el libro de Anatomía de un MIR de María Valerio reciben el nombre de pichigüilis. El visitador médico intentará contarle su propaganda al médico de turno, con mayor o menos interés por parte de éste último, pero con un gran interés relativo por parte del estudiante.

Llega el momento, y el estudiante simula especial atención en el producto, creyendo que esa actitud le hará ganar puntos de cara a conseguir el tan ansiado bolígrafo (si hay suerte). Empieza la charla, y el "aplicado" alumno pone cara de estar enterándose de todos los beneficios que ofrece el nuevo fármaco, intentando no dejar entrever que ni siquiera se acuerda de a qué grupo farmacológico pertenecía dicho producto ni de para qué sirve. Aguanta como un campeón la chapa del visitador, y al acabar se esfuerza en aparentar desinterés por cualquier regalo comercial, hasta que llega la oferta. Pueden tocar bolis que no escribirán más de dos líneas, subrayadores que no llegan ni para el título de un tema, post-its que con suerte se pueden pegar en algún tipo de superficie, lápices que sirven para todo menos para escribir... pero eso da igual. Da igual el grado de utilidad, lo importante es convertirse en el gran poseedor del tan merecido premio por escuchar la basura que acaban de contar.

Este comportamiento es mucho más acentuado cuando el servicio en el que uno se encuentra es Dermatología. Ahí ya es otra cosa. Es otra liga. Cremas, lociones, ungüentos, protectores solares, cremas antiarrugas, reparadores labiales... Todos los trofeos interesan. Da igual que sean cremas antiarrugas y tengas apenas 22 años. La deseas con todas las fuerzas que tu bata puede ocultar.

La clave del tema, es que la mayor parte de las veces el trofeo acabará en la basura o en el fondo de un cajón destinado para almacenar toda esta basura que coleccionamos a lo largo de las prácticas por cada servicio.

Esta relación con las farmacéuticas, que se inicia unidireccionalmente por el interés en la mierda que regalan, termina haciéndose bidireccional solamente en un momento: cuando eres médico. Y es cuando el médico debe tener claro los beneficios y peligros de esta relación que, usándose bien puede ser útil para los pacientes, pero que si se usa mal.... Ay si se usa mal!


A.

3 de abril de 2013

Verdades y Mentiras de estudiar en la UAM


VERDADES:
-         Aprendizaje irrelevante. Todo el mundo conoce, sin necesidad de estudiarlo,lo amplio que puede llegar a ser el temario en una carrera como Medicina. Todoaquel que la estudie o conozca a alguien que lo haga, conocerá la excusa “Losiento, tengo que estudiar”. Obviamente el conocimiento de la medicina requieregran parte de estudio, pero siendo sinceros, y basándome en lo estudiado en miuniversidad ¿Es necesario que un médico, supuestamente general (que es élpropósito inicial de la carrera), sepa que aproximadamente 30 japoneses tienenuna enfermedad renal descrita recientemente, de la cual no se han escrito másque un par de artículos en toda la bibliografía médica? Mi opinión es que no.Eso ya lo sabrá el Nefrólogo cuando llegue el momento, que para eso se hace unaespecialidad de 4-5 años después de la carrera.
-         Fanatismo por los detalles.  Cuando aprendesa reconocer una enfermedad, su fisiopatología, manifestaciones clínicas,diagnóstico y tratamiento son básicos a la hora de saber de qué se está hablando.Sin embargo, no me refiero a un caso aislado si digo que en mi universidadgusta aquello de preguntar en el examen aquel detalle que sabemos que es unaexcepción. Llegar al examen y saber que parte de la evaluación va a consistiren conocimientos que ni los propios catedráticos serían capaces de aprobar sinun libro delante, es bastante irónico y a la vez indignante.
-         Personal levemente “hostil”. En este punto he de decir que posiblemente generaliceinjustamente, diciendo que gran parte del alumnado que estudia en mi facultad,a medida que van avanzando los cursos, desarrolla un carácter que podríamosdenominar hostil con aquellos compañeros-no-amigos. Es decir, me preocupo de miombligo y del de mis amigos, sin importarme qué pase más allá de ello. Estaconducta (repito, muy generalizada) se ve más acentuada con la llegada de laelección de hospital y la consiguiente división del aula en 4 Unidades ClínicaDocentes.  Desde entonces, cada hospitaltermina por preocuparse de que la organización global les sea beneficiosa sinestar muy dispuestos a ceder para el beneficio de la mayoría (otrageneralización)

MENTIRAS:
-         Apuntes ininteligibles. Más deuna vez he escuchado el falso rumor de que se pasan apuntes escritos en verde,para que, al fotocopiarlos, no se vean correctamente y dificulten el estudio delos demás. Aunque llegue un punto en el que todo no sea paz ni armonía, noquiere decir que nos dediquemos a hacer apuntes en colores especiales con elúnico objetivo de no ayudar. De hecho, todos los años circulan múltiplesapuntes de todas las asignaturas para que, como en mi caso, podamos ir a clasey limitarnos a escuchar lo que se nos cuenta sin preocuparnos de anotar nada.
-         “X”asignatura la suspende todo el mundo. Otras de las grandesmentiras, fomentadas en parte por el propio alumnado de la facultad. Es verdadque hay ciertas asignaturas con una tasa de suspensos que podría llamar laatención a cualquiera que se plante delante del tablón de notas y eche un vistazo,como Anatomía II. Se le termina dando una especie de ambiente mitológico aaquel que aprobó el examen en primera convocatoria, lo cual tiene un efecto muynegativo: generarse presión extra que termina afectando tanto académica comopersonalmente al que se va a examinar.

Es verdad que el estudio en la UAM puede ser duro y aveces poco agradecido, pero la verdad es, que si tuviese que volver a elegiruniversidad, volvería a elegirla. Más que nada porque tampoco creo que en elresto de universidades regalen nada (con algunas excepciones, como en todo).
 
Habrá casos en los que verdaderamente los suspensos seaninmerecidos y con un sistema de evaluación poco justo, pero gran parte de loscomentarios negativos que recibe la universidad son producto de una experienciade la que nosotros, los que hemos sido los primeros de la clase desde siempre,no estamos acostumbrados a formar parte hasta que llegamos a la universidad: el“fracaso”. Y hay pocas cosas tan importantes como aprender a fracasar, porquetarde o temprano nos tocará pasar por ello, y lo verdaderamente importante essaber hacerlo bien.


A.

2 de abril de 2013

Práctica_mente nada!

Eso es lo que vale la realización de las prácticas durante la carrera en el expediente de un estudiante de Medicina: prácticamente nada.

Mientras a decanos y rectores de las universidades se les llena la boca hablando de la realización de sus prácticas y de la formación de un campus de excelencia universitario, el alumnado ve cómo las cuatro horas diarias que dedica a la práctica clínica (en mi facultad, desde 4º de carrera, se distribuye así) no se valoran absolutamente nada. Y lo peor no queda ahí, sino que continúa con la desgana con la que los estudiantes hacen las rotaciones hospitalarias, sabiendo que ese tiempo que le están dedicando a aprender a hacer una buena historia clínica nadie lo va a valorar en su nota final de cada asignatura.

En cierto modo, parecería una justificación a la actitud de los alumnos por terminar saltándose las prácticas, pero no lo es. Creo que las prácticas como tal suponen un "contrato no firmado" por el cual ambas partes (personal docente del hospital y estudiantes) deberían poner todo de su parte para una buena consecución de las rotaciones clínicas. Y en cierto modo, creo que esto podría iniciarse valorando lo que hacen ambas partes de alguna manera.

No se puede pedir a un médico que esta cobrando una auténtica miseria por docencia, o que ni siquiera la cobra, que la lleve a cabo día a día. Al igual que no es justo, que un alumno que vaya a todas sus prácticas disciplinadamente y tenga una actitud proactiva en la práctica hospitalaria diaria, sea igual o incluso peor valorado que un estudiante que ha buscado siempre la manera de saltarse las prácticas para irse a la biblioteca corriendo a estudiar el temario que verdaderamente le van a evaluar.

La organización, tal y cómo está en este momento, solamente invita a una cosa. Invita a seguir yendo a las prácticas a diario, con la ilusión que uno pueda mantener, hasta tener la suerte de encontrar a alguien que verdaderamente esté con ganas de enseñar, y pegarse a él.


Aunque no se valore en el expediente, mi opinión es que las prácticas son la parte más importante de la carrera, y que el día de mañana, cuando no haya test que rellenar, ni preguntas que desarrollar en 20 minutos, la diferencia radicará en quién se ha preocupado de desarrollar una capacidad clínica, y quien no.


A.

1 de abril de 2013

Academizarse, ¿o morir?

Y llegó el momento de dar el primero de los muchos pasos que quedan por delante: apuntarse a la academia del MIR. No es un paso obligado, es verdad, pero es un paso con el que he decidido empezar la preparación, y la verdad, nunca pensé que fuese a ser tan dificil.

Imagino que si te encuentras en mi situación (estudiante de 5º), si te encontraste un día o si pretendes encontrarte en ella, sabes o sabrás de lo que te hablo.

Para aquel que no sepa muy bien de lo que estoy hablando, la preparación del MIR, desde hace tiempo, ha adquirido un ambiente que podríamos denominar marketiniano, en el cual se han abierto paso 3 grandes academias y alguna que otra menos conocida. De las tres principales (Grupo CTO, AMIR y MIR Asturias) solamente dos de ellas tenían sede en Madrid (ciudad en la que vivo y estudio): CTO y AMIR. Este año, MIR Asturias ha decidido ampliar su cobertura a nivel nacional, complicando un poco más la elección de la academia.

Las tres academias ofrecen lo mismo de manera distinta, con material diferente y con diversas técnicas comerciales que terminan por hacer creer en su poder al más escéptico. Varias vueltas de preparación del temario, simulacros del examen, clases teóricas… Todo para llegar al día del examen habiendo estudiado un temario acotado (la convocatoria del BOE no propone ningún temario oficial cerrado más alla de “cualquier tema en relación con el conocimiento de la Medicina”) y haber practicado y depurado una buena técnica de examen que te permita quedar en una posición adecuada para elegir la plaza deseada.


Hasta este punto todo genial. Todo el mundo podría pensar que la decisión de una academia u otra no va a cambiar nada, pero… ¿Y si no es así? ¿Y si la metodología de una es mejor que la de la otra? ¿Y si está “simple” decisión condiciona mi futura elección de plaza? ¿Y si…? ¿Y si nos dejamos de tonterías?.

Esa última pregunta fue la que me hice el día antes de la matriculación en la academia. Previo a esos días, los estudiantes de 5º curso nos convertimos en carne fresca a la que cazar, utilizando todas las armas que la academia tenga entre sus manos para poder ganar su ansiada presa. Prepara la armas, las pule, las lanza, y con suerte, da en el blanco.

Hasta esa semana de cortejo, yo había tenido bastante clara la academia que quería elegir, pero nunca está de más ver qué ofrecen las demás. Desde entonces el asunto se puso turbio, haciéndome sentir indeciso sobre qué debía o no debía elegir. Hasta que llegué a una sola conclusión: si tan claro lo había tenido hasta ahora ¿por qué dudaba?. Tardé una semana en darme cuenta de la respuesta: el marketing. Un arma peligrosa que puede hacer decidirse al indeciso y hacer dudar al más seguro.

Habiendo llegado hasta ese punto, terminé por decidir apuntarme a la que ya había pensado con anterioridad. De entre los motivos que pienso como fundamentales (a modo de opinión personal) para elegir una academia u otra están los amigos. La preparación no va a cambiar tanto por hacerla con una u otra academia, pero sí va a marcar la diferencia el grado de compañía que se tenga durante una época tan dura como la que se presenta.

Cuando empiece con la preparación veré si esta decisión ha sido la adecuada o no, pero hasta entonces prefiero pensar que, por lo menos, el primer paso ya está dado.


A.

Abriendo del chiringo

Navegando por la Medicina 2.0. descubrí un mundo totalmente oculto para mí hasta el momento. Me di cuenta de la existencia de una vida al margen de la física. Desde entonces, me he planteado en varias ocasiones abrir un blog como éste, sin saber muy bien qué escribir, y si verdaderamente algo de lo que pueda quedar aquí publicado sería de utilidad para alguien en algún momento.

Pues bien, ese momento ha llegado. Queda abierto este pequeño “chiringo” desde el cual pretendo dar a conocer mi visión personal de lo que supone entrar en la recta final del estudio de la carrera de Medicina en la U.A.M. y lo que conlleva la preparación del examen MIR.

Además de mi experiencia, espero llegar a contagiarte mi afición por todo lo relacionado con la prueba, tanto la preparación como el Mundo-MIR que hay en torno al examen, haciéndote partícipe de esta Medicina 2.0. que ha terminado por engancharme.

Y sin más, empezamos.


A.