Ya está. Ya lo has hecho prácticamente todo. Después de ocho intensos meses de estudio, puedes cerrar el último manual y saber que mañana te levantarás y no tendrás que hacer nada más que templar los nervios. Lo has hecho, y muy bien.
Seguramente empezaste este camino sin saber a donde te llevaría. No hablo del MIR, sino de la medicina. Comenzó en 2007, hace algo más de seis años. Aun no te conocía, pero sabiendo como eres ahora, estoy seguro de que llegarías ilusionada a tu primer día de universidad, nerviosa, esperando qué es lo que te ibas a encontrar. Empezaste con fuerza y con ganas, sabiendo que las cosas no siempre saldrían bien a la primera, pero que finalmente todo iba a ir bien. Tu constancia y tu esfuerzo te hicieron dejar atrás los cursos de la carrera uno tras otro, y ya entonces empezaste a oír hablar de un tal MIR. "Queda mucho" pensarías. "No veo que vaya a llegar nunca". Llegaste a tus años clínicos y te encontraste con lo bonito de la carrera. Los pacientes, mayores y pequeños; las prácticas del hospital, conocer diferentes servicios y muchísima gente con la que te has cruzado a lo largo de estos años... Empezaste a disfrutar del estudio sin darte cuenta de que, muy poco a poco, el tiempo pasaba como sin llamar la atención, para terminar llevándote al último curso de la carrera. Y así, sin darte cuenta, llegaste hasta sexto ¡Que mayor!.
Empezaste la academia como un juego. Sabías que el examen se acercaba, pero aun estaba muy lejos, por lo que decidiste no mirar al MIR a la cara y seguir centrándote en otras cosas, que es lo que tocaba hacer por aquel entonces. Terminaste sexto y te licenciaste. Todos los que estábamos a tu alrededor estábamos orgullosos de ver hasta donde habías llegado. Los que te han acompañado toda la vida y los que, como yo, tuvimos el placer de encontrarte en el camino. Tu esfuerzo, tus ganas y tu sacrificio se vieron recompensados y tenías tu título en la mano ¡Eres médico!
Después llegó El verano. Ese temido verano que todos tarde o temprano decidimos cruzar. El verano del estudio. El verano del MIR. El verano en el que pones en orden tus prioridades, y eliges qué camino vas a tomar ahora que has cerrado el primer nivel del juego. Tu prioridad: hacer el MIR y especializarte. Y para ello, una vez más, haces acopio de ganas y esfuerzo y te pones a estudiar cuando lo lógico sería celebrar tu título y tu esfuerzo ¡Menuda campeona!
Pasas un verano duro, dándole la segunda vuelta a un temario que resulta por partes familiar y por otras no tanto, imagino. Haces simulacros, los corriges y vas viendo como el esfuerzo da sus frutos y recoges las netas que has ido sembrando. Cuántas veces nos habrán hablado de percentiles a lo largo de la carrera y qué poco nos importan hasta que llega este momento, ¿verdad?. Empiezas la tercera vuelta algo nerviosa. Es ahora cuando se supone que vas a ver los resultados de tu trabajo durante el verano, sabiendo que solamente queda darle un par de repasos al temario. Sigues con entereza y tiras hacia delante.
Se acercan las Navidades, y donde todo el mundo ve una época de relajación y festejo, tú sólo ves lo cerca que estás de aquello que empezó a sonar a medio camino. Se acerca el día D. "¿Lo habré hecho bien?", te preguntas. Dejas atrás el año 2013 y la tercera vuelta y empiezas con el sprint de los últimos 25 días. Una cuarta vuelta plagada de cosas que hacer y acompañada de mucha incertidumbre. Se acerca poco a poco el temido día y ves es final del juego demasiado cerca. Por una parte sientes ganas y por otras pánico. Te dicen "ya queda menos" y no sabes si eso es bueno o es malo. Y de esa forma llegamos hasta aquí, el momento de cerrar el último manual y respirar profundamente sabiendo que ya está.
Solamente me queda desearte toda la suerte del mundo, aunque la suerte sólo hace falta cuando no se cuenta con más apoyo. Tú cuentas con el apoyo de tu esfuerzo, de tu sacrificio, y de tus ganas de sacar adelante todo lo que te has propuesto a lo largo de estos últimos meses. Cuentas con el apoyo de toda la gente que estamos detrás de ti, que confiamos en ti y que sabemos que mañana llegarás al examen y lo harás lo mejor que sabes para, en un par de meses, elegir esa plaza que pondrá fin a un largo proceso en el que has peleado como una auténtica campeona por convertirte en la médico que quieres ser.
A.
Blog personal de un estudiante de Medicina en su último curso, plagado de reflexiones de los últimos años de carrera y actualmente iniciándose en la preparación del examen MIR
31 de enero de 2014
26 de enero de 2014
Clase Endocrino 1ª Vuelta
Ya estamos aquí otra vez. Tras unos exámenes bastante agradecidos, hemos vuelto a la academia. Supuestamente debería haber vuelto el sábado pasado a hacer el tercer simulacro en horario de mañana, pero como terminé exámenes ese viernes por la tarde, pensé que lo mejor sería tomarme un descanso y que no iba a madrugar el primer día que podía permitirme quedarme en la cama sin horario.
Ayer, primera clase de CTO del año, tuvimos el placer-dureza de toparnos con Endocrino. ¿Mi opinión sobre ella? Me gusta, y mucho. La teoría es muy agradecida para las personas que nos gusta razonar más que memorizar. Es bastante integradora, por lo que es una especialidad que me gusta bastante sobre el papel. Sin embargo, cuando quiere, puede convertirse en un hueso duro de roer.
La clase empieza como siempre. Presentación y organización del temario de primera vuelta. La asignatura de Endocrino tiene dos clases asignadas en primera vuelta (la segunda clase la daré este mismo lunes), por lo que se reparte el temario entre estos dos días. Ayer nos dedicamos a abordar la patología el eje hipotálamo-hipofisario y la patología de la glándula tiroides y el lunes nos centraremos sobre todo en diabetes y suprarrenales. ¿La profesora? Una neoadjunta del Hospital Ramón y Cajal con una capacidad docente muy destacable. Concisa donde debe y amena donde puede.
Lo primero que hacemos es un repaso del control de la secreción de todas las hormonas dependientes del eje hipotálamo-hipofisario, por lo que a la hora de entender las consecuencias y tratamiento de cada enfermedad se hace bastante más fácil. Como siempre, vamos haciendo las preguntas del test de primera vuelta para completar las explicaciones. En mi facultad la asignatura de Endocrino la damos en quinto, por lo que la tengo medianamente reciente y además, como se encarga de recordarnos a intervalos de diez minutos la profesora, en mi hospital la docencia de esta asignatura es extremadamente buena.
Recuerdo muchas cosas y otras no tanto, pero aun así me resultan sencillas de recordar. Avanza la clase con las hiperprolactinemias, el panhipopituitarismo, la acromegalia y el déficit de hormona del crecimiento, y llegados a este punto, se hace necesario el descanso. Aire, nutrientes y vuelta al mundo de las hormonas.
Tras el descanso cerramos el estudio del primer bloque con la patología de la neurohipófisis, tratando tanto la diabetes insípida como el SIADH. Se nota el descanso, pero también el bombardeo de información. Empieza el tiroides y me topo con una situación que me recuerda mucho la filosofía de la universidad en la que estudio. Nos plantea una analítica básica y vemos que muchos de los que estamos en el aula no tenemos del todo claro si es un hipotiroidismo primario o uno central. Pienso "Es normal, después de estudiar sobre muchas otras cosas, estoy desentrenado. Aunque bien es verdad que es una cosa tan básica que no deberías haber olvidado". Sin embargo, nos menciona que hay una patología muy rara que seguramente no conozcamos que es el Síndrome de Pendred. Falso, lo conozco. Y es entonces cuando me doy cuenta de la paradoja de recordar perfectamente esa rareza y no recordar lo que necesita saber un médico general, que se supone que es el objetivo de la formación de pregrado.
Pasando por alto este inciso mental que me permito durante la clase, mi mente vuelve al aula y continua escuchando el diagnóstico diferencial de las diferentes causas de hipotiroidismo. Miro el reloj cada pocos minutos. Mi cerebro ya está pidiendo a gritos que le haga el favor de desconectar. Llegan las nueve y le concedo su merecido capricho.
Una semana más, y a pesar de los engorroso del asunto, salgo contento esperando que empiece un fin de semana de merecido descanso, sabiendo que junto con esta clase, las que vienen empiezan a suponer el grueso de la MIRicina. Siguiente parada: Cardiología.
A.
16 de enero de 2014
El mapa de John Snow
El último examen que me queda por hacer en este último
primer cuatrimestre, es el examen de Medicina Preventiva. A priori, es conocida
la benevolencia de los “preventivistas” a la hora de evaluar a los estudiantes
de sexto, por lo que no es un examen que me genere mucho estrés. Quizá por ello
aproveche cualquier excusa para distraerme y desviar mi atención a cualquier
asunto.
Esta vez, el asunto en cuestión deriva de toparme de lleno
con la figura de John Snow. Para muchos de nosotros, este nombre nos lleva
directamente a Invernalia, donde el hijo bastardo de un tal Ned Stark decide entrar a formar parte de la
Guardia de la Noche. Sin embargo, y lejos de tener relación, me entero de que
este nuevo John es uno de los padres de la epidemiología moderna. En otro
momento, quizá hubiese decidido pasar la página y seguir adelante para terminar
pronto con el tema, pero viendo la intriga que me genera, decido investigar un
poco.
Londres, 1844. Un recién licenciado en Medicina, John Snow,
establece su consulta de cirugía y medicina general en el barrio de Soho. Ahí
comienza a dar sus primeros pasos hacia la historia, desarrollando un
dispositivo de administración de éter que le llevaría a ser uno de los
anestesiólogos más prestigiosos de la ciudad. Llega el año 1848 y con él, la
segunda epidemia de cólera en Inglaterra. Mientras un grupo de eruditos discute
si el contagio de produce por contacto directo con enfermos (contagionistas) o
se produce por la transmisión de partículas a través del viento (miasmáticos),
John propone una tercera hipótesis en base a sus observaciones.
Basándose en los registros de defunción, se da cuenta de que
la zona sur de la ciudad de Londres tiene una elevadísima tasa de mortalidad
por la epidemia, en comparación con el resto de distritos. En este punto, le da
por pensar en cuáles son las principales diferencias de ese distrito respecto
al resto de la ciudad y es así, como se da cuenta de que el agua que la zona
sur recibe del Támesis, procede de la parte baja del río, una vez que éste ya ha
atravesado la ciudad. ¿Coincidencia? Tal vez, pero el pensar que no lo es, es
lo que le lleva a proponer su teoría. Teoría que, posiblemente debido a la
prepotencia de los grandes eruditos, fue rechazada.
Pasa el tiempo y tras unos años en calma, y sin un adecuado
control sanitario, aparece la tercera epidemia del cólera en 1853. Convencido
de que su teoría podría ser la explicación del origen de la enfermedad, Snow
decide registrar el número de defunciones debidas a la enfermedad y la fuente
de agua que recibió cada paciente. De esta manera, se da cuenta de que los
individuos que recibían agua de la parte alta del río presentaban unas tasas de
mortalidad muy reducidas respecto a aquellos que se abastecían de la parte
baja.
Empieza a encajar las piezas del
puzzle cuando, muy cerca de su vivienda, aparece un brote inusualmente grave
que le ayuda a continuar con sus estudios. Se dio cuenta de que la gran mayoría
de sus vecinos afectados, obtenían el agua de una fuente en Broad Street.
Haciendo trabajo de campo, concretó que 71 de los 83 fallecidos en su barrio,
habían obtenido agua de dicha fuente. Con esos datos, y sabiendo que gran parte
de los afectados fuera del barrio habían consumido agua de la fuente al pasar
por la zona, decidió ilustrar sus hallazgos con el mapa conocido actualmente
como “El mapa del cólera de John Snow”.
Gracias a estos datos, logró
que las autoridades sanitarias inhabilitasen la fuente de Broad Street, pero
sin embargo, debido a la presión de la comunidad médica de la época cegada por
su teoría miasmática, se volvió a autorizar su uso sin lograr controlar del
todo la epidemia. Hizo falta una cuarta epidemia, con sus consecuentes
defunciones, para que Snow fuese tomado en serio y finalmente se pudiese
controlar la epidemia.
Esta distracción tan fructuosa, me ha recordado
lo prepotentes que podemos llegar a ser los seres humanos. Desde que empecé la
facultad, he tenido que lidiar con el complejo de superioridad de algún que
otro doctor en nosequé ciencia, que se creía que por ocupar nosequé posición en
nosqué institución era equiparable a cualquier residente del Olimpo. Sin
embargo, y visto a posteriori, me doy cuenta de que su prepotencia no es sino
el síntoma de toda su inseguridad, que les hace discutir con títulos lo que no
pueden discutir con argumentos.
A.
14 de enero de 2014
La gran enemiga
Creo no equivocarme si digo que todos los estudiantes tenemos siempre una asignatura que odiamos. Una asignatura que parece que nunca va a desaparecer. Aquella que recordamos con miedo y de la que oir sólo su nombre nos pone los pelos de punta. En mi caso lo tengo claro: Bioquimica.
Nuestra historia comienza en 2008. Yo, un apasionado de la Biología de segundo de bachillerato, entraba en Medicina sabiendo que los primeros cursos eran de "ciencias básicas", entre las que se incluía Ella. La ilusión me cegaba la razón y yo empezaba las clases con el ánimo de disfrutar de una asignatura interesante, creyendo que iba a ser lo más "médico" que fuese a estudiar durante el primer cuatrimestre. La docencia creo recordar que no empezó mal, pero a medida que evolucionaba y un señor que convivió con especies ya extinguidas, me contaba que una mitocondria era como una sandía, la cosa se empezó a poner fea.
Nuestro amor duró lo que tardé en entrar en Su laboratorio. Las prácticas durante el primer curso duraban una media de 4 horas, por lo que entramos en una monotonía que apagó la llama que no se podría volver a encender ni con el mechero Bunsen. Desde ahí fue un declive, escalón a escalón. No entendía nada. No había forma de comprender por qué tanta información, tan inconexa, tan específica... Nunca entendí todas las pruebas y test de laboratorio que me obligó a hacer. Nunca entendí por qué me trató tan mal cuando yo verdaderamente estaba por la labor de darle toda mi entrega.
Llegó el momento de examinarse, y tras unas Navidades en las que aprendí lo que era estudiar de verdad, decidí que lo mejor era tomarse un tiempo entre nosotros y poner distancia de por medio. Decidí que mejor en septiembre. Visto a posteriori me parece una mala opción, porque si tenía la esperanza de que el calor veraniego avivara nuestra llama, estaba completamente confundido. Llega el examen de recuperación y conseguimos llegar a un aprobado de mutuo acuerdo.
No contento con haber tenido que sufrir su continua presencia durante los dos cuatrimestres de primero, llega el segundo año y vuelve a por mi. No me encuentro preparado para este reencuentro, por lo que las cosas salen mal y volvemos a tener nuestra historia de verano. Sin embargo, sabiendo que es el último año puramente preclínico, olvidamos nuestras diferencias y nos dejamos aparcados el uno al otro. Parece que ya está, y seguramente en condiciones normales sería así, pero mi universidad tiene establecido que volveremos a vernos las caras en sexto curso. Acabo de terminar el segundo curso y veo tan lejos sexto que ni me preocupa volver a tener que vernos. Seguramente cuando llegue el momento, estaré preparado y actuaré con la madurez suficiente con la que actúan los adultos hechos y derechos cuando se encuentran con antiguas parejas. Pensé.
Y una vez más, pensé mal.
Llega este año: sexto. El temido reencuentro se presenta de manera súbita tras mucho tiempo desde la última vez. Voy tranquilo y sin prejuicios, sabiendo que Su presencia ya no tiene por qué incomodarme. Con la de cosas que tengo que hacer este primer cuatrimestre, más a nivel personal que académico, decido que nuestros encuentros serán esporádicos, y más bien pocos. Terminan Sus clases y y solamente queda Su examen. Ahora vuelve el tembleque.
Se me había olvidado el odio que la tengo y la repugnancia de su presencia. El ambiente se vuelve enrarecido cuando ella está delante. Me hace sentir incapaz de conseguirlo. Me hace dudar de mi mismo y me trae recuerdos más bien amargos sobre mi índice de suspendos a principios de la carrera. Me provoca náusea pensar que, por culpa de cuatro científicos descerebrados, tengo que estudiarme tropecientos factores de transcripción y otros tantos mecanismos de regulación de la expresión del genoma humano para saber qué coño es la diabetes y cómo funciona a nivel bioquímico. Aun así, hago de tripas corazón y lo intento, procurando no alargar más el día en el que, por fín, no vuelva a saber de Ella.
Hoy, día 14 de enero de 2014, he tenido Su examen. La verdad es que nos hemos comportado con madurez. Yo por mi parte, estudiante de último año, creo haber cogido maña en esto de examinarme, y he aprendido de errores anteriores. Ella, por la suya, ha estado bastante comedida. No ha tenido salidas de tono como en encuentros anteriores, o por lo menos no tantas. Creo, y espero, que esta sea la última vez que tengamos que vernos las caras.
A.
Nuestra historia comienza en 2008. Yo, un apasionado de la Biología de segundo de bachillerato, entraba en Medicina sabiendo que los primeros cursos eran de "ciencias básicas", entre las que se incluía Ella. La ilusión me cegaba la razón y yo empezaba las clases con el ánimo de disfrutar de una asignatura interesante, creyendo que iba a ser lo más "médico" que fuese a estudiar durante el primer cuatrimestre. La docencia creo recordar que no empezó mal, pero a medida que evolucionaba y un señor que convivió con especies ya extinguidas, me contaba que una mitocondria era como una sandía, la cosa se empezó a poner fea.
Nuestro amor duró lo que tardé en entrar en Su laboratorio. Las prácticas durante el primer curso duraban una media de 4 horas, por lo que entramos en una monotonía que apagó la llama que no se podría volver a encender ni con el mechero Bunsen. Desde ahí fue un declive, escalón a escalón. No entendía nada. No había forma de comprender por qué tanta información, tan inconexa, tan específica... Nunca entendí todas las pruebas y test de laboratorio que me obligó a hacer. Nunca entendí por qué me trató tan mal cuando yo verdaderamente estaba por la labor de darle toda mi entrega.
Llegó el momento de examinarse, y tras unas Navidades en las que aprendí lo que era estudiar de verdad, decidí que lo mejor era tomarse un tiempo entre nosotros y poner distancia de por medio. Decidí que mejor en septiembre. Visto a posteriori me parece una mala opción, porque si tenía la esperanza de que el calor veraniego avivara nuestra llama, estaba completamente confundido. Llega el examen de recuperación y conseguimos llegar a un aprobado de mutuo acuerdo.
No contento con haber tenido que sufrir su continua presencia durante los dos cuatrimestres de primero, llega el segundo año y vuelve a por mi. No me encuentro preparado para este reencuentro, por lo que las cosas salen mal y volvemos a tener nuestra historia de verano. Sin embargo, sabiendo que es el último año puramente preclínico, olvidamos nuestras diferencias y nos dejamos aparcados el uno al otro. Parece que ya está, y seguramente en condiciones normales sería así, pero mi universidad tiene establecido que volveremos a vernos las caras en sexto curso. Acabo de terminar el segundo curso y veo tan lejos sexto que ni me preocupa volver a tener que vernos. Seguramente cuando llegue el momento, estaré preparado y actuaré con la madurez suficiente con la que actúan los adultos hechos y derechos cuando se encuentran con antiguas parejas. Pensé.
Y una vez más, pensé mal.
Llega este año: sexto. El temido reencuentro se presenta de manera súbita tras mucho tiempo desde la última vez. Voy tranquilo y sin prejuicios, sabiendo que Su presencia ya no tiene por qué incomodarme. Con la de cosas que tengo que hacer este primer cuatrimestre, más a nivel personal que académico, decido que nuestros encuentros serán esporádicos, y más bien pocos. Terminan Sus clases y y solamente queda Su examen. Ahora vuelve el tembleque.
Se me había olvidado el odio que la tengo y la repugnancia de su presencia. El ambiente se vuelve enrarecido cuando ella está delante. Me hace sentir incapaz de conseguirlo. Me hace dudar de mi mismo y me trae recuerdos más bien amargos sobre mi índice de suspendos a principios de la carrera. Me provoca náusea pensar que, por culpa de cuatro científicos descerebrados, tengo que estudiarme tropecientos factores de transcripción y otros tantos mecanismos de regulación de la expresión del genoma humano para saber qué coño es la diabetes y cómo funciona a nivel bioquímico. Aun así, hago de tripas corazón y lo intento, procurando no alargar más el día en el que, por fín, no vuelva a saber de Ella.
Hoy, día 14 de enero de 2014, he tenido Su examen. La verdad es que nos hemos comportado con madurez. Yo por mi parte, estudiante de último año, creo haber cogido maña en esto de examinarme, y he aprendido de errores anteriores. Ella, por la suya, ha estado bastante comedida. No ha tenido salidas de tono como en encuentros anteriores, o por lo menos no tantas. Creo, y espero, que esta sea la última vez que tengamos que vernos las caras.
A.
10 de enero de 2014
El tamaño no importa
Otro examen más u otro menos, según se mire. Y es que, con bastante suerte, solamente quedarán otros cuatro exámenes para terminar esta carrera que, sabes cuando empieza, pero que parece que nunca acaba.
El examen de hoy, en otro alarde de la Universidad Autónoma de Madrid por creerse diferente, constaba de cuatro asignaturas completamente diferentes en un único examen. Desde el temario de las Enfermedades Infecciosas, el grueso principal del examen, hasta otras tan variadas como Oncología, Geriatría y Toxicología. El sentido de que estén evaluadas todas juntas bajo una única calificación sigo sin entenderlo, así que si algún bienaventurado da con ello que me lo haga saber.
Por partes, Infecciosas era el 50% del examen, siendo el resto de las especialidades muy minoritarias de forma individual (Oncología 20%, Geriatría 20% y Toxicología 10%). Si unimos estos porcentajes, prefijados en la convocatoria del examen, a la falta de tiempo material para recuperar el poco trabajo realizado durante el cuatrimestre, decidí plantearme la asignatura como un "ensayo MIR" en el que iba a estudiar según la rentabilidad de cada parte. Obviamente tenía que llevar bien preparados los temas de infecciosas, ya que de ellos dependía la mayor parte de las preguntas. Sin embargo, en las otras tres asignaturas podía decidir "esto sí, esto no". Eso me llevó a estudiarme con más profundidad la Oncología y la Toxicología, clínicamente mucho más interesantes a mi parecer, y a hacer un estudio más superficial de Geriatría.
Llego a la facultad con tiempo, localizo donde hago el examen y dejo que pase el tiempo. Veo a la gente. Observo. Me doy cuenta del volumen de apuntes de algunos compañeros. "¿En serio? ¿Dos portafolios enormes para un total de 44 temas? ¿Cuántos folios tiene ésta, 500?". Empiezo a pensar que mi estudio de rentabilidad ha sido demasiado arriesgado. Siempre he sido de los que estudia el Tocho más breve, con el temario más conciso y más esquematizado. Cuanto menos letra mejor. Miro mi carpeta y no hay ni 50 folios. "Esta vez te has pasado de breve""Bueno, calma, aun hay que jugar el partido y aquí nadie ha pitado el final. No adelantemos acontecimientos".
Empiezo a leer la primera pregunta de Infecciosas "¿Cómo que cuál es la acción de la proteína C reactiva? Sé qué hace, pero no por qué mecanismo inmune. Seguro que esto está en uno de esos 500 folios de esa chica. Qué coño de pregunta es esta mierda!? Bueno, venga va, responde y sigue". Después de una primera mala impresión, empiezan a rodar las cosas. Me encuentro con preguntas de las que no he oído hablar. Obviamente habrá datos de los que no tenga ni idea, pero por mucho que hubiese estudiado unos apuntes más extensos no los hubiera encontrado, y si los hubiera encontrado, no me hubiera acordado. Después de seis años en esta facultad he aprendido que los exámenes nunca se corresponden en el 100% con el temario y que siempre te encuentras con preguntas que crees que han sacado de un artículo del último New England.
Sigo con la misma metódica. Lo que sé lo respondo y lo que no, lo lucho, descarto y me la juego en todas (la gran maravilla de este examen es la falta de puntos negativos). Continúo respondiendo y empiezo a pensar qué tendrán los infectólogos en contra de los hombres homosexuales, que siempre les ponen como ejemplo de las enfermedades de transmisión sexual "Qué pasa, ¿Qué las mujeres no comparten con el hombre ese orificio anatómico llamado ano? Entiendo que me quieran poner la enfermedad con características guía pero, ¿No bastaría con poner que la mujer/hombre realiza practicas sexuales de riesgo? Cuánta hipocresía procesan algunos para no querer hablar de relaciones sexuales anales en el ámbito heterosexual...Welcome siglo XXI". Termino el bloque de Infecciosas con buenas sensaciones. Pero sabiendo que es la parte del examen que mejor preparada llevaba no lo celebro, sino que rezo a los Siete Dioses para que el río siga por el mismo cauce.
Oncología empieza y acaba con buenas impresiones (gracias oncólogos, sois gente maja). "Hice bien en no estudiarme ni un TNM. Rentabilidad 100%". Paso la página y me topo con un título que reza "Geriatría (preguntas 71-90)". Ahora sí, evoquemos lo aprendido en la planta de Medicina Interna, que se parece en gran medida a la Geriatría, por mucho que los geriatras se empeñen en negarlo. Veo que hay algunas cosas que no, que ni con esas. Sin embargo muchas otras si puedo deducirlas del "conocimiento general". Termino con la dignidad en pie, y paso al último bloque con las preguntas de Toxicología. Gracias a la gran simpatía que le proceso a la Medicina Intensiva, y por ello el temario me resultó atractivo, y a que los intensivistas son gente maja, termino el examen con diez preguntas que me dejan en la boca un buen sabor. Paso a la plantilla, y a la calle. Comentarios varios, y pa' casa, que nos hemos ganado la siesta.
Tras una larga tarde de descanso saco una reflexión en relación con el volumen de estudio. Y es que a lo largo de todos estos años, he ido aprendiendo que no vale tanto el volumen de lo estudiado sino lo fijado. Siempre veo algún compañero que se hace con los apuntes más extensos, con más información, con el último detalle fisiopatológico y los trescientos cincuenta y dos esquemas terapéuticos posibles. Sin embargo, y el tiempo me ha dado la razón, eso no vale de nada. Al fin y al cabo, la capacidad de almacenar información del ser humano es limitada, y es por ello que yo soy más de estudiarme unos buenos esquemas que me den una base general sobre el mecanismo y tratamiento de las enfermedades, y a partir de ahí utilizar una de las armas más importantes y menos utilizadas por el ser humano: La Razón.
A.
El examen de hoy, en otro alarde de la Universidad Autónoma de Madrid por creerse diferente, constaba de cuatro asignaturas completamente diferentes en un único examen. Desde el temario de las Enfermedades Infecciosas, el grueso principal del examen, hasta otras tan variadas como Oncología, Geriatría y Toxicología. El sentido de que estén evaluadas todas juntas bajo una única calificación sigo sin entenderlo, así que si algún bienaventurado da con ello que me lo haga saber.
Por partes, Infecciosas era el 50% del examen, siendo el resto de las especialidades muy minoritarias de forma individual (Oncología 20%, Geriatría 20% y Toxicología 10%). Si unimos estos porcentajes, prefijados en la convocatoria del examen, a la falta de tiempo material para recuperar el poco trabajo realizado durante el cuatrimestre, decidí plantearme la asignatura como un "ensayo MIR" en el que iba a estudiar según la rentabilidad de cada parte. Obviamente tenía que llevar bien preparados los temas de infecciosas, ya que de ellos dependía la mayor parte de las preguntas. Sin embargo, en las otras tres asignaturas podía decidir "esto sí, esto no". Eso me llevó a estudiarme con más profundidad la Oncología y la Toxicología, clínicamente mucho más interesantes a mi parecer, y a hacer un estudio más superficial de Geriatría.
Llego a la facultad con tiempo, localizo donde hago el examen y dejo que pase el tiempo. Veo a la gente. Observo. Me doy cuenta del volumen de apuntes de algunos compañeros. "¿En serio? ¿Dos portafolios enormes para un total de 44 temas? ¿Cuántos folios tiene ésta, 500?". Empiezo a pensar que mi estudio de rentabilidad ha sido demasiado arriesgado. Siempre he sido de los que estudia el Tocho más breve, con el temario más conciso y más esquematizado. Cuanto menos letra mejor. Miro mi carpeta y no hay ni 50 folios. "Esta vez te has pasado de breve""Bueno, calma, aun hay que jugar el partido y aquí nadie ha pitado el final. No adelantemos acontecimientos".
Empiezo a leer la primera pregunta de Infecciosas "¿Cómo que cuál es la acción de la proteína C reactiva? Sé qué hace, pero no por qué mecanismo inmune. Seguro que esto está en uno de esos 500 folios de esa chica. Qué coño de pregunta es esta mierda!? Bueno, venga va, responde y sigue". Después de una primera mala impresión, empiezan a rodar las cosas. Me encuentro con preguntas de las que no he oído hablar. Obviamente habrá datos de los que no tenga ni idea, pero por mucho que hubiese estudiado unos apuntes más extensos no los hubiera encontrado, y si los hubiera encontrado, no me hubiera acordado. Después de seis años en esta facultad he aprendido que los exámenes nunca se corresponden en el 100% con el temario y que siempre te encuentras con preguntas que crees que han sacado de un artículo del último New England.
Sigo con la misma metódica. Lo que sé lo respondo y lo que no, lo lucho, descarto y me la juego en todas (la gran maravilla de este examen es la falta de puntos negativos). Continúo respondiendo y empiezo a pensar qué tendrán los infectólogos en contra de los hombres homosexuales, que siempre les ponen como ejemplo de las enfermedades de transmisión sexual "Qué pasa, ¿Qué las mujeres no comparten con el hombre ese orificio anatómico llamado ano? Entiendo que me quieran poner la enfermedad con características guía pero, ¿No bastaría con poner que la mujer/hombre realiza practicas sexuales de riesgo? Cuánta hipocresía procesan algunos para no querer hablar de relaciones sexuales anales en el ámbito heterosexual...Welcome siglo XXI". Termino el bloque de Infecciosas con buenas sensaciones. Pero sabiendo que es la parte del examen que mejor preparada llevaba no lo celebro, sino que rezo a los Siete Dioses para que el río siga por el mismo cauce.
Oncología empieza y acaba con buenas impresiones (gracias oncólogos, sois gente maja). "Hice bien en no estudiarme ni un TNM. Rentabilidad 100%". Paso la página y me topo con un título que reza "Geriatría (preguntas 71-90)". Ahora sí, evoquemos lo aprendido en la planta de Medicina Interna, que se parece en gran medida a la Geriatría, por mucho que los geriatras se empeñen en negarlo. Veo que hay algunas cosas que no, que ni con esas. Sin embargo muchas otras si puedo deducirlas del "conocimiento general". Termino con la dignidad en pie, y paso al último bloque con las preguntas de Toxicología. Gracias a la gran simpatía que le proceso a la Medicina Intensiva, y por ello el temario me resultó atractivo, y a que los intensivistas son gente maja, termino el examen con diez preguntas que me dejan en la boca un buen sabor. Paso a la plantilla, y a la calle. Comentarios varios, y pa' casa, que nos hemos ganado la siesta.
Tras una larga tarde de descanso saco una reflexión en relación con el volumen de estudio. Y es que a lo largo de todos estos años, he ido aprendiendo que no vale tanto el volumen de lo estudiado sino lo fijado. Siempre veo algún compañero que se hace con los apuntes más extensos, con más información, con el último detalle fisiopatológico y los trescientos cincuenta y dos esquemas terapéuticos posibles. Sin embargo, y el tiempo me ha dado la razón, eso no vale de nada. Al fin y al cabo, la capacidad de almacenar información del ser humano es limitada, y es por ello que yo soy más de estudiarme unos buenos esquemas que me den una base general sobre el mecanismo y tratamiento de las enfermedades, y a partir de ahí utilizar una de las armas más importantes y menos utilizadas por el ser humano: La Razón.
A.
2 de enero de 2014
Empieza El Año
Vaya estupidez. Suenan unas campanas y hacemos el intento de llegar al siguiente año sin tener que hacerle la maniobra de Heimlich a la abuela. "Son los cuartos, tú vete empezando que sino luego te atragantas". Termina y se brinda con lo primero que llegue a la mano. Y ahí empezamos a pensar en qué se queda detrás y que es lo que viene de ahí en adelante.
Mirando atrás dejamos un año duro, con sus cosas positivas y sus avances poco a poco en este mundo de la medicina que está a punto de cambiar de perspectiva. Pensamos en quién queremos que termine el camino a nuestro lado, y en todas las personas que no pudieron llegar al final. Pensamos en esa persona que ya no está aquí para desear "mucha mierda" en el siguiente examen, ni para despejar los atisbos de agobio con una cena rápida. Pensamos en su alma rojiblanda y sus ganas de vivir. Pensamos en su Rosendo, y se nos cae una lágrima que bajando por la cara se encuentra con su enemiga la sonrisa. Pensamos lo mucho que se nota su ausencia, sobre todo en estos días. Nos damos cuenta de que por mucha pena que nos dé, las cosas ya han sucedido y no va a haber forma de volver para atrás. Tendremos que aprender a vivir con ello e ir construyendo una carrera que él hubiese estado contento de compartir con nosotros. Estás aquí, compartiéndolo.
Por otro lado miramos hacia delante, sabiendo que este va a ser un año de importantes cambios. Empezará siendo el último año que este estudiando bioquímica molecular, y eso es empezar muy bien. Seguirá siendo el año en el que termine la carrera que tanto esfuerzo me ha costado llevar adelante. No paro de pensar en ese momento. Cuando vaya a mirar la última nota al tablón y definitivamente se acompañe de un APTO. ¿Qué sentiré?¿Qué vendrá después?. El vértigo saca sus mejores armas para empezar una lucha encarnizada con las ganas. El primero azota con fuerza, pero las ganas son más fuertes y consiguen alzarse con el gran premio. Cuento los días que faltan para terminar este curso y ya solamente puedo sentir el ganas. El vértigo,
que venga después.
Pero mientras tanto, tenemos que vivir.
Tenemos que vivir este año 2014 como el último de una mala época y empezar a vivirlo como el primero de una nueva etapa. Nunca he sido excesivamente navideño ni defensor de las políticas de potenciación del amor y el cariño durante estas tres semanas. Prefiero pensar que la gente que continúa conmigo y aquellos que, vestidos de rojiblanco, se alzan donde nadie les ve, siguen dándome su apoyo y su ánimo en cada uno de los momentos del nuevo año, sin esperarse a que llegue la siguente Navidad para demostrar que siguen conmigo.
Que tengáis un año cargado de buenos momentos y buena gente con la que compartirlos, que al fin y al cabo es lo más importante.
A.
Mirando atrás dejamos un año duro, con sus cosas positivas y sus avances poco a poco en este mundo de la medicina que está a punto de cambiar de perspectiva. Pensamos en quién queremos que termine el camino a nuestro lado, y en todas las personas que no pudieron llegar al final. Pensamos en esa persona que ya no está aquí para desear "mucha mierda" en el siguiente examen, ni para despejar los atisbos de agobio con una cena rápida. Pensamos en su alma rojiblanda y sus ganas de vivir. Pensamos en su Rosendo, y se nos cae una lágrima que bajando por la cara se encuentra con su enemiga la sonrisa. Pensamos lo mucho que se nota su ausencia, sobre todo en estos días. Nos damos cuenta de que por mucha pena que nos dé, las cosas ya han sucedido y no va a haber forma de volver para atrás. Tendremos que aprender a vivir con ello e ir construyendo una carrera que él hubiese estado contento de compartir con nosotros. Estás aquí, compartiéndolo.
Por otro lado miramos hacia delante, sabiendo que este va a ser un año de importantes cambios. Empezará siendo el último año que este estudiando bioquímica molecular, y eso es empezar muy bien. Seguirá siendo el año en el que termine la carrera que tanto esfuerzo me ha costado llevar adelante. No paro de pensar en ese momento. Cuando vaya a mirar la última nota al tablón y definitivamente se acompañe de un APTO. ¿Qué sentiré?¿Qué vendrá después?. El vértigo saca sus mejores armas para empezar una lucha encarnizada con las ganas. El primero azota con fuerza, pero las ganas son más fuertes y consiguen alzarse con el gran premio. Cuento los días que faltan para terminar este curso y ya solamente puedo sentir el ganas. El vértigo,
que venga después.
Pero mientras tanto, tenemos que vivir.
Tenemos que vivir este año 2014 como el último de una mala época y empezar a vivirlo como el primero de una nueva etapa. Nunca he sido excesivamente navideño ni defensor de las políticas de potenciación del amor y el cariño durante estas tres semanas. Prefiero pensar que la gente que continúa conmigo y aquellos que, vestidos de rojiblanco, se alzan donde nadie les ve, siguen dándome su apoyo y su ánimo en cada uno de los momentos del nuevo año, sin esperarse a que llegue la siguente Navidad para demostrar que siguen conmigo.
Que tengáis un año cargado de buenos momentos y buena gente con la que compartirlos, que al fin y al cabo es lo más importante.
A.
21 de diciembre de 2013
Clase de Infecciosas 1ª vuelta. El Paciente de Berlín
Después de un examen de Farmacología Clínica más agrio que dulce, no
me quedaban muchas ganas de tocar un solo libro durante los próximos
tres meses. Pero siendo realistas, la vida continúa y los exámenes no
saben de desánimos, por lo que sin darme tiempo ni a pensarlo, tuve
durante el jueves y el viernes las dos clases de primera vuelta de Infecciosas.
Esta asignatura forma parte del próximo examen que tengo en la facultad, englobada en una única asignatura junto con Toxicología, Geriatría y Oncología, por lo que suponía que, a pesar de no haber leído mucho acerca del temario durante el cuatrimestre, me iba a venir de perlas de cara a aliviar el estudio durante las Navidades, que se acercan a un ritmo bastante peligroso. Desde que me siento en mi silla el primer día y escucho cómo el profesor introduce la asignatura soy consciente de la utilidad de estas dos clases, por lo que decido no perder detalle.
El doctor, un médico del Hospital 12 de Octubre, comienza su función con un repaso sobre el tratamiento empírico de los diferentes microorganismos. Durante el primer día nos centramos en la explicación de las neumonías, las meningitis, las endocarditis y alguna que otra infección más "general". El segundo, dedica la práctica totalidad de la tarde al estudio de la Tuberculosis y el paciente VIH+. Si el primero me enganchó por su buena metodología y su capacidad para hacer de algo tan complicado según mi opinión, algo tan sencillo, el segundo día culmina haciéndonos comprender ciertos aspectos del tratamiento de ambas enfermedades que nunca habría logrado sistematizar de aquella manera.
Además de la teoría, estupendamente explicada, hicimos los test de primera vuelta casi al completo como de costumbre. Pero esta vez me decido por centrarme en otro tema diferente a la clase en sí, pero directamente relacionado con ella: el Paciente de Berlín. Ya había oído hablar de él con anterioridad. Aquel individuo misterioso que ha logrado curarse completamente de la infección del VIH, decían. Cuesta imaginárselo, ¿verdad?. Una infección hasta ahora incurable, erradicada completamente del organismo de un ser humano. ¿Quién es él? ¿Cómo se logró semejante avance? ¿Cómo consiguió aquello con lo que sueña gran parte de la población mundial?¿Quién logró llevarlo adelante?...
Empecemos por su verdadero nombre: Timothy Ray Brown. Nació en Seattle en la década de los 60. Mientras cursaba sus estudios en Berlín, en 1995 fue diagnósticado de infección por el Virus de la Inmunodeficiencia Humana (VIH). Desde ese primer momento, se sometió a la terapia antirretroviral de la época, manteniendo un buen control de la enfermedad. Llega el año 2006, y no contento con estar bajo el estigma social de la infección por el virus, se le diagnostica una Leucemia Mieloide Aguda. El asunto empieza a pintar bastante feo, y donde todo el mundo ve un pronóstico ominoso de la enfermedad, el doctor Gero Hütter ve una oportunidad.
Este médico, investigador alemán asociado a la Universidad de Heidelberg, está al corriente de las últimas actualizaciones sobre la enfermedad, que hablan sobre una posible "inmunidad" frente al virus. Se entera de cómo el 1-2% de la población caucásica es portadora de una mutación en el correceptor CCR5, situado en la superficie de células inmunitarias. Esta mutación, impediría la entrada del virus a las células y de esa forma, no podría insertar su material genético en el del individuo para pasar desapercibido y oculto del escuadrón inmune. ¿Por qué no? ¿Por qué no, ya que necesita un trasplante de médula ósea para curarse de la leucemia, buscamos a alguien con médula compatible y que, además, tenga esa mutación que impida alojar el virus?, debió pensar Gero.
En el año 2007 y en el año 2008, Timothy recibió dos trasplantes mieloablativos de precursores provinientes de un donante homocigoto para dicha mutación. Se destruyen todas las células inmunitarias que él tiene, y se le pone un caldo con las del donante, con esperanza de que prenda en médula ósea y que además se consiga hacer algo con la infección del VIH. El paciente se cura de su leucemia, pero ¿Qué ha pasado con el virus? ¿Sigue ahí? En principio la carga viral es indetectable, pero eso es normal, se han cargado su sangre. En 2009, un año después y tras abandonar la terapia antirretorivral durante todo este tiempo, Timothy continúa con su carga viral indetectable ¿Dónde está el "virus incurable"? A día de hoy continúa igual, y es por eso que se le considera completamente curado de la infección.
Volviendo al tema de la
clase, puede que fuese una clase maravillosa simple y llanamente por
las explicaciones. Puede que fuese una buena clase por la sistemática o
la intervención de R2D2 en la explicación de los correceptores de
infección del VIH. Puede que fuese buena por mucho motivos, pero yo,
quiero quedarme con que además de todo lo aprendido de infecciosas, me
ha permitido ser consciente de hasta qué punto avanza la medicina.
Hasta el punto de que donde alguien humano y corriente solamente puede ver que las cosas se complican irremediablemente, torciendo el camino hacia un precipicio inminente por el que caer, llega alguien que puede ver más allá. Ese alguien, el doctor Gero, devuelve el camino no solo hasta el momento donde se tuerce de manera irremediable, sino que consigue ir más atrás y dar una nueva oportunidad de hacerlo desde el principio. Hasta ahí avanza.
A.
P.D: Si has llegado hasta aquí y has sido capaz de encontrarle el gusto, puede que te interese un libro que yo me leí un par de años antes de entrar en la carrera y que sin duda volveré a leerme cuando la termine. El libro se llama "Más grandes que el amor" de Dominique Lapierre, y habla sobre la historia del descubrimiento del VIH, con un caracter narrativo-histórico bastante interesante. Ahí lo dejo.
Esta asignatura forma parte del próximo examen que tengo en la facultad, englobada en una única asignatura junto con Toxicología, Geriatría y Oncología, por lo que suponía que, a pesar de no haber leído mucho acerca del temario durante el cuatrimestre, me iba a venir de perlas de cara a aliviar el estudio durante las Navidades, que se acercan a un ritmo bastante peligroso. Desde que me siento en mi silla el primer día y escucho cómo el profesor introduce la asignatura soy consciente de la utilidad de estas dos clases, por lo que decido no perder detalle.
El doctor, un médico del Hospital 12 de Octubre, comienza su función con un repaso sobre el tratamiento empírico de los diferentes microorganismos. Durante el primer día nos centramos en la explicación de las neumonías, las meningitis, las endocarditis y alguna que otra infección más "general". El segundo, dedica la práctica totalidad de la tarde al estudio de la Tuberculosis y el paciente VIH+. Si el primero me enganchó por su buena metodología y su capacidad para hacer de algo tan complicado según mi opinión, algo tan sencillo, el segundo día culmina haciéndonos comprender ciertos aspectos del tratamiento de ambas enfermedades que nunca habría logrado sistematizar de aquella manera.
Además de la teoría, estupendamente explicada, hicimos los test de primera vuelta casi al completo como de costumbre. Pero esta vez me decido por centrarme en otro tema diferente a la clase en sí, pero directamente relacionado con ella: el Paciente de Berlín. Ya había oído hablar de él con anterioridad. Aquel individuo misterioso que ha logrado curarse completamente de la infección del VIH, decían. Cuesta imaginárselo, ¿verdad?. Una infección hasta ahora incurable, erradicada completamente del organismo de un ser humano. ¿Quién es él? ¿Cómo se logró semejante avance? ¿Cómo consiguió aquello con lo que sueña gran parte de la población mundial?¿Quién logró llevarlo adelante?...
Empecemos por su verdadero nombre: Timothy Ray Brown. Nació en Seattle en la década de los 60. Mientras cursaba sus estudios en Berlín, en 1995 fue diagnósticado de infección por el Virus de la Inmunodeficiencia Humana (VIH). Desde ese primer momento, se sometió a la terapia antirretroviral de la época, manteniendo un buen control de la enfermedad. Llega el año 2006, y no contento con estar bajo el estigma social de la infección por el virus, se le diagnostica una Leucemia Mieloide Aguda. El asunto empieza a pintar bastante feo, y donde todo el mundo ve un pronóstico ominoso de la enfermedad, el doctor Gero Hütter ve una oportunidad.
Este médico, investigador alemán asociado a la Universidad de Heidelberg, está al corriente de las últimas actualizaciones sobre la enfermedad, que hablan sobre una posible "inmunidad" frente al virus. Se entera de cómo el 1-2% de la población caucásica es portadora de una mutación en el correceptor CCR5, situado en la superficie de células inmunitarias. Esta mutación, impediría la entrada del virus a las células y de esa forma, no podría insertar su material genético en el del individuo para pasar desapercibido y oculto del escuadrón inmune. ¿Por qué no? ¿Por qué no, ya que necesita un trasplante de médula ósea para curarse de la leucemia, buscamos a alguien con médula compatible y que, además, tenga esa mutación que impida alojar el virus?, debió pensar Gero.
En el año 2007 y en el año 2008, Timothy recibió dos trasplantes mieloablativos de precursores provinientes de un donante homocigoto para dicha mutación. Se destruyen todas las células inmunitarias que él tiene, y se le pone un caldo con las del donante, con esperanza de que prenda en médula ósea y que además se consiga hacer algo con la infección del VIH. El paciente se cura de su leucemia, pero ¿Qué ha pasado con el virus? ¿Sigue ahí? En principio la carga viral es indetectable, pero eso es normal, se han cargado su sangre. En 2009, un año después y tras abandonar la terapia antirretorivral durante todo este tiempo, Timothy continúa con su carga viral indetectable ¿Dónde está el "virus incurable"? A día de hoy continúa igual, y es por eso que se le considera completamente curado de la infección.
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| Timothy Ray Brown |
Hasta el punto de que donde alguien humano y corriente solamente puede ver que las cosas se complican irremediablemente, torciendo el camino hacia un precipicio inminente por el que caer, llega alguien que puede ver más allá. Ese alguien, el doctor Gero, devuelve el camino no solo hasta el momento donde se tuerce de manera irremediable, sino que consigue ir más atrás y dar una nueva oportunidad de hacerlo desde el principio. Hasta ahí avanza.
A.
P.D: Si has llegado hasta aquí y has sido capaz de encontrarle el gusto, puede que te interese un libro que yo me leí un par de años antes de entrar en la carrera y que sin duda volveré a leerme cuando la termine. El libro se llama "Más grandes que el amor" de Dominique Lapierre, y habla sobre la historia del descubrimiento del VIH, con un caracter narrativo-histórico bastante interesante. Ahí lo dejo.
15 de diciembre de 2013
Simulacro 2
No han pasado más de cuatro semanas desde la experiencia del primer simulacro, y ahora, a cuatro días de un examen de la Facultad, tenía programado el segundo. Llevaba toda la semana dándole vueltas a las dos opciones. "Me levanto temprano, estudio un poco y voy a la sede" o "Dios, ni de coña puedo estar cinco horas haciendo un simulacro. Ya lo haré después con más calma". Pues bien, después de mucho pensar en esas dos opciones, opté por la tercera "Buah, me centro en el examen de Farma y hago el simulacro la semana que viene... Joder que aburrimiento, no me apetece estudiar ¿qué hago? Son las 17.00h y ya es tarde para ir a hacer el simulacro a la sede. Ah no! Espera, me lo descargo y lo hago en casa ahora". Como podrás imaginar, lo que en un principio parecía la solución a todas las dudas, se acabó convirtiendo en todo menos en un simulacro hecho y derecho.
Me siento en el sofá y descargo el documento PDF de la página del alumno. Lo abro y pienso en los consejos que nos han repetido varias veces ya. "Contar las páginas? Yo cuento lo que quieras, pero como no vengas a mi casa a darme el Modelo de examen 0..." Empiezo por la primera pregunta y me lo pienso " ¡Hostia, no!, que se empezaba por la primera sin imagen" Me voy a la 31 y es de Digestivo "Defiéndete como sepas-puedas" paso sin ton ni son, descartando bastantes respuestas de cada pregunta, y quedándome siempre con unas dos o tres posibilidades. Toca jugársela y vivo el simulacro como el anuncio del PALO "¡UN PUEDEEEEEEEEEEEE!". Marco la del "puede" como verdadera y continúo. Paso a Cardio y me siento más cómodo, respondo con mediana soltura y me agarro como si me fuese la vida en ello a cada uno de los trucos que nos han contado. "Una respuesta larga sacada como de un libro. ¡Ésta! Una oveja negra... ¡ésta!". De ahí paso a Neumo, y sin mucha gloria avanzo hasta Reuma, Neuro, Endocrino, Hemato, Nefro... "¿Qué pasa, que en este simulacro no caen preguntas de las especialidades que ya he dado clase en la academia?" Que desesperación.
Entre medias de todo esto no paro quieto. Las 352 posturas que he adoptado hasta el momento no me resultan del todo cómodas, a pesar de estar sentado en el chaise-longue del sofá, con una coca-cola y unas patatas haciéndome una grata compañia. "Muy bien A., a los simulacros hay que venir preparado". Intento respetar los tiempos en la medida de lo que me es posible, pero la verdad es que la diferencia entre estar en una clase o en tu propia casa hace que te tomes las cosas de otra manera. Miro el reloj. Voy bien de tiempo teórico, así que creo que la cosa tampoco está siendo tan catastrófica. Continúo con el examen, escribiendo las respuestas de 50 en 50 en un folio en sucio que encuentro. "Venga, ahora que has empezado no puedes dejarlo a medias, que estas cosas o se hacen del tirón o no se hacen...". Me acomodo el cuello, me estiro, cambio las patatas fritas por unas galletas saladas para amenizar la tarde y sigo.
Estadística. "NO, que no cunda el pánico. Has dado dos clases en la academia que te han dejado claro de qué va la cosa y estas estudiando Farma Clínica que algo debe ayudar. Respira tranquilo y piensa, joder" Leo tranquilo haciendo caso a mi yo interior y veo que es verdad. Las clases me han cambiado la manera de ver las preguntas. Lo que en el primer simulacro juraría haber visto escrito en sánscrito, esta vez tenía algo (no todo) de sentido. "Uy sí, esto me huele a que es la B" "Ésta cláramente no es ni la A, ni la C, ni la D. ¡Qué empiecen los septuagésimo quintos Juegos del Hambre!". Termino con la sensación de haberme defendido mejor que en el anterior, o por lo menos haber entendido mejor lo que me preguntaban.
Continúo con el mismo método que en el simulacro anterior hasta llegar al final. Solamente había una diferencia: estaba en mi casa. En un sofá, con un surtido de aperitivos y una coca-cola rellenable que me empujaba cada 45 minutos al baño; con un ordenador en vez de un cuadernillo; con el móvil vibrando a intervalos de 20 minutos (como mucho); y con un hilo musical de fondo que, al igual que calma a las fieras, apaciguaba mis ganas de estar haciendo el simulacro. Me miro las imágenes que me suenan de haberlas visto en el MIR de hace uno o dos años, termino de pasar las respuestas a mi "plantilla" y lo doy por terminado.
Globalmente, el simulacro me ha salido mucho mejor que el anterior. Mi sorpresa al meter los resultados de la plantilla eran equiparables al grado de desconcentración que tenía durante ciertos momentos del simulacro. Por eso, si estás leyendo esto y te fías del consejo de este ente virtual ¡No hagas el simulacro en tu casa! Puede que termine por salir bien, como ha sido mi caso, pero en realidad las circustancias no creo que sean ni medio parecidas a cómo será el MIR. A no ser que no me hayan contado que durante el examen ofrecen una degustación de 4 tipos diferentes de aperitivos con un surtido de refrescos a probar, en cuyo caso sí serían las condiciones similares.
Saludos, y hasta la próxima.
A.
Me siento en el sofá y descargo el documento PDF de la página del alumno. Lo abro y pienso en los consejos que nos han repetido varias veces ya. "Contar las páginas? Yo cuento lo que quieras, pero como no vengas a mi casa a darme el Modelo de examen 0..." Empiezo por la primera pregunta y me lo pienso " ¡Hostia, no!, que se empezaba por la primera sin imagen" Me voy a la 31 y es de Digestivo "Defiéndete como sepas-puedas" paso sin ton ni son, descartando bastantes respuestas de cada pregunta, y quedándome siempre con unas dos o tres posibilidades. Toca jugársela y vivo el simulacro como el anuncio del PALO "¡UN PUEDEEEEEEEEEEEE!". Marco la del "puede" como verdadera y continúo. Paso a Cardio y me siento más cómodo, respondo con mediana soltura y me agarro como si me fuese la vida en ello a cada uno de los trucos que nos han contado. "Una respuesta larga sacada como de un libro. ¡Ésta! Una oveja negra... ¡ésta!". De ahí paso a Neumo, y sin mucha gloria avanzo hasta Reuma, Neuro, Endocrino, Hemato, Nefro... "¿Qué pasa, que en este simulacro no caen preguntas de las especialidades que ya he dado clase en la academia?" Que desesperación.
Entre medias de todo esto no paro quieto. Las 352 posturas que he adoptado hasta el momento no me resultan del todo cómodas, a pesar de estar sentado en el chaise-longue del sofá, con una coca-cola y unas patatas haciéndome una grata compañia. "Muy bien A., a los simulacros hay que venir preparado". Intento respetar los tiempos en la medida de lo que me es posible, pero la verdad es que la diferencia entre estar en una clase o en tu propia casa hace que te tomes las cosas de otra manera. Miro el reloj. Voy bien de tiempo teórico, así que creo que la cosa tampoco está siendo tan catastrófica. Continúo con el examen, escribiendo las respuestas de 50 en 50 en un folio en sucio que encuentro. "Venga, ahora que has empezado no puedes dejarlo a medias, que estas cosas o se hacen del tirón o no se hacen...". Me acomodo el cuello, me estiro, cambio las patatas fritas por unas galletas saladas para amenizar la tarde y sigo.
Estadística. "NO, que no cunda el pánico. Has dado dos clases en la academia que te han dejado claro de qué va la cosa y estas estudiando Farma Clínica que algo debe ayudar. Respira tranquilo y piensa, joder" Leo tranquilo haciendo caso a mi yo interior y veo que es verdad. Las clases me han cambiado la manera de ver las preguntas. Lo que en el primer simulacro juraría haber visto escrito en sánscrito, esta vez tenía algo (no todo) de sentido. "Uy sí, esto me huele a que es la B" "Ésta cláramente no es ni la A, ni la C, ni la D. ¡Qué empiecen los septuagésimo quintos Juegos del Hambre!". Termino con la sensación de haberme defendido mejor que en el anterior, o por lo menos haber entendido mejor lo que me preguntaban.
Continúo con el mismo método que en el simulacro anterior hasta llegar al final. Solamente había una diferencia: estaba en mi casa. En un sofá, con un surtido de aperitivos y una coca-cola rellenable que me empujaba cada 45 minutos al baño; con un ordenador en vez de un cuadernillo; con el móvil vibrando a intervalos de 20 minutos (como mucho); y con un hilo musical de fondo que, al igual que calma a las fieras, apaciguaba mis ganas de estar haciendo el simulacro. Me miro las imágenes que me suenan de haberlas visto en el MIR de hace uno o dos años, termino de pasar las respuestas a mi "plantilla" y lo doy por terminado.
Globalmente, el simulacro me ha salido mucho mejor que el anterior. Mi sorpresa al meter los resultados de la plantilla eran equiparables al grado de desconcentración que tenía durante ciertos momentos del simulacro. Por eso, si estás leyendo esto y te fías del consejo de este ente virtual ¡No hagas el simulacro en tu casa! Puede que termine por salir bien, como ha sido mi caso, pero en realidad las circustancias no creo que sean ni medio parecidas a cómo será el MIR. A no ser que no me hayan contado que durante el examen ofrecen una degustación de 4 tipos diferentes de aperitivos con un surtido de refrescos a probar, en cuyo caso sí serían las condiciones similares.
Saludos, y hasta la próxima.
A.
10 de diciembre de 2013
Clase de Estadística de 1ª Vuelta
Solo ha pasado una semana desde que un cirujano vascular nos sorprendió con una maravillosa clase de Epidemiología, y CTO ha decidido que la mejor manera de complementar el estudio de primera vuelta de una de las asignaturas más rentables de cara al MIR era que la segunda parte, la dedicada a Estadística, la diese un traumatólogo. Podría parecer un inicio pesimista y desalentador sobre la calidad de la clase, dada la idea preconcebida que tenemos todos, o por lo menos la gran mayoría, de los traumatólogos y su conocimiento sobre "loquenoestraumatología", pero he de decir que nos ha cerrado la boca a más de uno.
Dado el buenísimo nivel alcanzado la semana pasada en una de las asignaturas que más engorrosas me parecen, se me hacía difícil tomarme el primer café de la mañana sin plantearme si la clase de hoy podría ser por lo menos parecida. A medida que avanzaba la mañana y llegaba la hora de presentarse en la academia, me iba haciendo a la idea de que no iba a ser igual y que no por ello tenía que ser mala.
Empieza la clase, el profesor se presenta como traumatólogo y mi ánimo se desploma. Sin embargo, empieza a explicar el cálculo del tamaño muestral, y me cierra la boca, coge mis prejuicios y los tira por la ventana. Sistemático. Sencillo. Lógico. Ordenado. No había apelativos que no fueran positivos. Me engancha. Sigue explicando los diferentes tipos de variables en estadística, y continúa con medidas de tendencia y medidas de dispersión. En ese punto me paro a pensar y me doy cuenta de que verdaderamente este tío no estaba dando clase. Estaba obrando un milagro. Yo, el que nunca entendió un sólo concepto de Estadística durante la carrera y que rehuía de todo enunciado que albergase un número, estaba entendiendo a la perfección la sucesión de pasos que se deben tomar para hacer un buen análisis estadístico de un estudio. Me estaba enterando de la importancia de las características de la muestra para usar una medida de tendencia u otra, y en consecuencia, una medida de dispersión o la otra. Estaba comprendiendo la importancia del error alfa y del error beta. Estaba metido de lleno en una explicación que contenía fórmulas, números y alguna que otra relación matemática, y no me temblaban ni las piernas. Lo que yo te diga, un milagro.
La clase continúa con muchas más ideas teóricas y otras tantas prácticas, con el manejo de la estadística descriptiva, intercalando cada explicación con una buena cantidad de preguntas de test. Cada pregunta era una excusa para explicar algo, pero casi todas eran prácticamente iguales. Empiezo a darme cuenta de que, como quien dice, esto es sota, caballo y rey. Nada de grandes tratados de Estadística como se empeñan en darnos en la facultad. Con cuatro conceptos bien ordenados no es tan difícil de entender.
Llega el descanso antes de lo previsto y todos los compañeros salimos entusiasmados con los estómagos sedientos y las buenas sensaciones de estar aprovechando la tarde. Respiramos, nos ahumamos y subimos al segundo asalto. El ritmo no decae y a medida que avanzan las preguntas me encuentro con enunciados que me recuerdan a alguna de las preguntas que encontré en el primer simulacro, y que en su momento me parecieron escritas en hebreo. Las saco y me siento semidiós. Esto funciona, amigos. Pasamos a la estadística inferencial y aunque la cosa se complica, el señor traumatólogo sigue dando la talla y continúa con el buen ritmo que llevaba. Termina haciéndonos una tabla sobre los diferentes test estadísticos que se hacen en función del tipo de variable (a memorizar sí o sí, muy a mi pesar) y sin darnos cuenta, todo acaba y la cabeza sigue en su sitio. No me lo termino de explicar, pero con cuatro explicaciones muy bien explicadas tengo todo en su lugar.
Todo esto me demuestra lo que ya sospechaba desde hace mucho tiempo. Este sistema me ha terminado de confirmar que todo el contenido que se empeñan en hacernos engullir en la facultad termina siendo inútil si no lo sistematizan de la manera adecuada y que con mucho menos se puede llegar a hacer mucho más. Ahora solamente me queda esperar a que estas dos clases me sean de utilidad ya no para el MIR, que eso no lo pongo en duda, sino también para el examen de Farmacología que tengo antes de la siguiente cita con la academia. Y hasta entonces, me despido.
A.
3 de diciembre de 2013
Clase de Epidemiología de 1ª Vuelta
Siempre se ha dicho que Medicina es la menos científica de todas las ciencias. De la misma forma, la Medicina siempre ha sido entendida como una fusión entre las humanidades, las letras y la ciencia, despreciando en parte, el componente de números que lleva implícito esta última. Pero para todo aquel creyente en que la Medicina está completamente exenta de numerología, que se desengañe. Para eso llegaron unos tíos y se inventaron la Epidemiología.
Puede parecer que la Medicina actual tiene tantas cosas que descubrir, que lo que menos le preocupa al médico es manejar con soltura un conjunto de cifras y fórmulas, y que lo que debe hacer es centrarse en el estudio de la fisiopatología y las dianas terapéuticas de las enfermedades. Sin embargo, y como se me ha demostrado en los últimos años de la carrera, la Epidemiología es una de las partes más importante de la práctica médica, y prueba de ello, es el peso que tiene de cara al examen MIR. De las 225 + 10 preguntas que componen el examen, el número medio de preguntas de Epidemiología es de 20 (aproximadamente un 8,5%). Es por eso que la academia ha recalcado la importancia de prepararla adecuadamente, y en consecuencia nos han dado una maravillosa clase de primera vuelta.
La tarde empezaba con el ánimo de saber que, además de la preparación del MIR, la clase iba a facilitarme en gran medida el examen de Farmacología Clínica que tengo en la facultad en apenas unas semanas. Iba siendo consciente de la pésima base del temario que tengo y siendo complemente creyente en que "Él método" volviese a hacer de mí un chico con las ideas claras.
El profesor, un cirujano vascular del H. Clínico San Carlos de Madrid (sí, un cirujano, has leído bien), empezó explicando métodos de validación de las pruebas diagnósticas, y desde el minuto uno me di cuenta de que el tío era un auténtico genio de la docencia. Explicaba, daba ejemplos prácticos, ayudaba a razonar cada una de las preguntas de test detenidamente, proponía ejercicios para resolverlos de manera individual y luego exponerlo de manera conjunta... Después de entender qué era y cómo se hacía una tabla de contingencia (concepto que me explicaron en primero de carrera pero que, obviamente, estaba perdido en algún sitio donde ni mi razón ni mis ganas me permitían encontrarlo), empezó a explicar las medidas de frecuencia y las medidas de asociación. Llegados a este punto, en el que mezclaba la incidencia con la densidad de incidencia, y los falsos negativos con los positivos, y el VPP con el VPN, mi cerebro y mi vejiga no estaban en condiciones de seguir hacia adelante. Todo lo bien que lo estaba haciendo el profesor, se estaba liando en mi cabeza por la mundana necesidad de salir a descansar.
Al volver del descanso y con la consciencia subiendo peldaños en la escala de Glasgow, estaba preparado para el segundo asalto, que no hizo otra cosa que mejorar. La parte final de la tarde la dedicamos a sintentizar de manera sistemática los estudios epidemiológicos, repasando los más importantes, y dejando los secundarios para abordarlos detenidamente durante la segunda vuelta. Llega el final de la clase y me levanto del asiento doblemente satisfecho. No solamente había logrado comprender un temario que en la facultad se me resistía desde el primer día que puse un pie dentro, sino que lo que habíamos estado repasando había aclarado conceptos que necesito para el examen de dentro de dos semanas.
La semana que viene tendré la clase de Estadística, otro de los grandes huesos que nunca me he visto en condiciones de roer, y muy relacionado con la clase de esta semana. Juntas forman lo que he decidido llamar la "numerología de la MIRicina", un conjunto de conocimientos en base a números y fórmulas que creí que nunca iba a volver a tener que repasar, pero que sin olvidar la importancia de las letras y las humanidades, forman parte indiscutible de esta ciencia que llamamos Medicina.
A.
Puede parecer que la Medicina actual tiene tantas cosas que descubrir, que lo que menos le preocupa al médico es manejar con soltura un conjunto de cifras y fórmulas, y que lo que debe hacer es centrarse en el estudio de la fisiopatología y las dianas terapéuticas de las enfermedades. Sin embargo, y como se me ha demostrado en los últimos años de la carrera, la Epidemiología es una de las partes más importante de la práctica médica, y prueba de ello, es el peso que tiene de cara al examen MIR. De las 225 + 10 preguntas que componen el examen, el número medio de preguntas de Epidemiología es de 20 (aproximadamente un 8,5%). Es por eso que la academia ha recalcado la importancia de prepararla adecuadamente, y en consecuencia nos han dado una maravillosa clase de primera vuelta.
La tarde empezaba con el ánimo de saber que, además de la preparación del MIR, la clase iba a facilitarme en gran medida el examen de Farmacología Clínica que tengo en la facultad en apenas unas semanas. Iba siendo consciente de la pésima base del temario que tengo y siendo complemente creyente en que "Él método" volviese a hacer de mí un chico con las ideas claras.
El profesor, un cirujano vascular del H. Clínico San Carlos de Madrid (sí, un cirujano, has leído bien), empezó explicando métodos de validación de las pruebas diagnósticas, y desde el minuto uno me di cuenta de que el tío era un auténtico genio de la docencia. Explicaba, daba ejemplos prácticos, ayudaba a razonar cada una de las preguntas de test detenidamente, proponía ejercicios para resolverlos de manera individual y luego exponerlo de manera conjunta... Después de entender qué era y cómo se hacía una tabla de contingencia (concepto que me explicaron en primero de carrera pero que, obviamente, estaba perdido en algún sitio donde ni mi razón ni mis ganas me permitían encontrarlo), empezó a explicar las medidas de frecuencia y las medidas de asociación. Llegados a este punto, en el que mezclaba la incidencia con la densidad de incidencia, y los falsos negativos con los positivos, y el VPP con el VPN, mi cerebro y mi vejiga no estaban en condiciones de seguir hacia adelante. Todo lo bien que lo estaba haciendo el profesor, se estaba liando en mi cabeza por la mundana necesidad de salir a descansar.
La semana que viene tendré la clase de Estadística, otro de los grandes huesos que nunca me he visto en condiciones de roer, y muy relacionado con la clase de esta semana. Juntas forman lo que he decidido llamar la "numerología de la MIRicina", un conjunto de conocimientos en base a números y fórmulas que creí que nunca iba a volver a tener que repasar, pero que sin olvidar la importancia de las letras y las humanidades, forman parte indiscutible de esta ciencia que llamamos Medicina.
A.
30 de noviembre de 2013
Clase de ORL de 1ª Vuelta.
Después de todas estas semanas en la academia, iba con gusto a mi cita semanal en la sede de Francisco Silvela. Tocaba dar Otorrinolaringología y, aunque no sea una de mis opciones de cara a elegir especialidad, es una especialidad que me gusta bastante el tipo de patologías que aborda, por lo que si añadíamos las buenas sensaciones que me dejaron las dos clases de Pediatría pasadas, tenía pinta de ser otra tarde de esas en las que salgo con la sensación de haber aprovechado el tiempo. Nada más lejos de la realidad.
Esta vez tengo que decir que, al igual que en ocasiones anteriores me costaba hacer un ranking sobre cuál de las clases había sido mejor, esta vez me ha resultado muy sencillo. Esta es la peor clase que hemos dado hasta ahora en la academia.
El profesor, un hombre a primera vista campechano y con ganas de hacerlo lo mejor posible, empezó por la sección de Otología. Comenzó con un repaso anatómico y de las pruebas de exploración funcional del oído, para pasar después a abordar la patología del oído durante la primera parte de la tarde. Desde el primer momento, me di cuenta de que esta clase no era como las demás, en las que el profesor captaba la atención de los alumnos proponiendo preguntas de test para que las resolviesen. En esta ocasión, se limitaba a coger los test de primera vuelta y decir "Pregunta número 5, la correcta es la respuesta 4" y luego explicaba el temario. Desde el principio me noté perdido entre sus explicaciones, que todo hay que decirlo, fueron de todo menos ordenadas...
Yo estaba callado, intentando prestar atención, y preguntándome si sería yo el único que estaba completamente perdido. Miraba las caras de mis compañeros, y ninguno de ellos mostraba signos clínicos de descontento con la clase. "Será costa tuya, inténtalo de nuevo. Cambia la actitud", me decía. Volvía a intentar poner ocho de mis cinco sentidos en intentar buscarle una lógica al esquema que hacía el profesor. Y de repente, llegamos a la otitis. "Bien, venga, este tema se te da bastante bien. Aprovecha para reengancharte a la clase". Tal cual empieza la explicación mi cara empieza a asemejarse discretamente a El Grito de Munch.
En ese momento, mi compañero y yo nos miramos y resoplamos a la vez. Queda claro. No soy el único que está desesperado con la explicación. Decido girarme y buscar la existencia de más cómplices, que pensasen que por una vez, la docencia en la universidad había sido más provechosa que aquella. La gente había alcanzado ese momento en el que la musculatura de la mímica trabaja de manera autónoma, y sus caras reflejaban lo que yo llevaba pensando 3/4 partes de la clase: no puede estar saliéndole peor. Empieza con la otitis externa, luego pasa a la otitis serosa, y luego a la OMA, pero llegado a este punto explica la perforación timpática, y luego vuelve al tratamiento de las tres otitis anteriores, para terminar hablando de complicaciones intra y extracraneales de las otitis... Vamos ¡un desorden en toda regla!
Llegados a este punto, empiezo a realizarme preguntas existenciales que ni los más estudioso de la metafísica podrían responderme. "¿Qué hago aquí, tirando la tarde por el sumidero, cuando tengo muchas otras cosas que hacer?" "¿Qué hago, me quedo aquí a esperar que este hombre siga agitando mi cabeza y desordenando lo que yo tenía bien amueblado en mi cabeza sobre ORL, o por el contrario me voy y concluyo aquí la misión de intentar refrescar ORL?".
Se acerca el momento de decidir. El descanso está a la vuelta de la esquina. Mientras tanto, el profesor ha seguido la misma dinámica que hasta ahora, proponiendo preguntas que él mismo respondía sin siquiera dar la oportunidad de pensar en las respuestas, explicando temario de manera desordenada, liándome más si cabe... Tomo la decisión. Me voy.
Al salir al descanso todos los compañeros, comentábamos lo mismo. Después de dos horas de una caótica explicación, nadie podía disimular el descontento que tenían sobre la clase. Se habla con los delegados, proponiéndose que si es posible, en la segunda vuelta, la clase de ORL esté enfocada de otra manera, con otro profesor con el que quizá tengamos más conexión que con el de esta tarde. Termina el descanso y mis resignados compañeros vuelven al aula, y yo me quedo fuera, con la sensación de estar tirando la tarde a la basura, pero sabiendo que entrar en ese aula no iba a cambiar mi apreciación por el tiempo desaprovechado.
Esperemos que cuando escriba sobre la clase de ORL de segunda vuelta, pueda decir todo lo contrario de lo que escribo ahora. Porque el fallo durante la primera vuelta no me preocupa en exceso, pero no me gustaría volver a la academia en segunda vuelta y encontrarme con el mismo panorama.
A.
Esta vez tengo que decir que, al igual que en ocasiones anteriores me costaba hacer un ranking sobre cuál de las clases había sido mejor, esta vez me ha resultado muy sencillo. Esta es la peor clase que hemos dado hasta ahora en la academia.
El profesor, un hombre a primera vista campechano y con ganas de hacerlo lo mejor posible, empezó por la sección de Otología. Comenzó con un repaso anatómico y de las pruebas de exploración funcional del oído, para pasar después a abordar la patología del oído durante la primera parte de la tarde. Desde el primer momento, me di cuenta de que esta clase no era como las demás, en las que el profesor captaba la atención de los alumnos proponiendo preguntas de test para que las resolviesen. En esta ocasión, se limitaba a coger los test de primera vuelta y decir "Pregunta número 5, la correcta es la respuesta 4" y luego explicaba el temario. Desde el principio me noté perdido entre sus explicaciones, que todo hay que decirlo, fueron de todo menos ordenadas...
Yo estaba callado, intentando prestar atención, y preguntándome si sería yo el único que estaba completamente perdido. Miraba las caras de mis compañeros, y ninguno de ellos mostraba signos clínicos de descontento con la clase. "Será costa tuya, inténtalo de nuevo. Cambia la actitud", me decía. Volvía a intentar poner ocho de mis cinco sentidos en intentar buscarle una lógica al esquema que hacía el profesor. Y de repente, llegamos a la otitis. "Bien, venga, este tema se te da bastante bien. Aprovecha para reengancharte a la clase". Tal cual empieza la explicación mi cara empieza a asemejarse discretamente a El Grito de Munch.En ese momento, mi compañero y yo nos miramos y resoplamos a la vez. Queda claro. No soy el único que está desesperado con la explicación. Decido girarme y buscar la existencia de más cómplices, que pensasen que por una vez, la docencia en la universidad había sido más provechosa que aquella. La gente había alcanzado ese momento en el que la musculatura de la mímica trabaja de manera autónoma, y sus caras reflejaban lo que yo llevaba pensando 3/4 partes de la clase: no puede estar saliéndole peor. Empieza con la otitis externa, luego pasa a la otitis serosa, y luego a la OMA, pero llegado a este punto explica la perforación timpática, y luego vuelve al tratamiento de las tres otitis anteriores, para terminar hablando de complicaciones intra y extracraneales de las otitis... Vamos ¡un desorden en toda regla!
Llegados a este punto, empiezo a realizarme preguntas existenciales que ni los más estudioso de la metafísica podrían responderme. "¿Qué hago aquí, tirando la tarde por el sumidero, cuando tengo muchas otras cosas que hacer?" "¿Qué hago, me quedo aquí a esperar que este hombre siga agitando mi cabeza y desordenando lo que yo tenía bien amueblado en mi cabeza sobre ORL, o por el contrario me voy y concluyo aquí la misión de intentar refrescar ORL?".
Se acerca el momento de decidir. El descanso está a la vuelta de la esquina. Mientras tanto, el profesor ha seguido la misma dinámica que hasta ahora, proponiendo preguntas que él mismo respondía sin siquiera dar la oportunidad de pensar en las respuestas, explicando temario de manera desordenada, liándome más si cabe... Tomo la decisión. Me voy.
Al salir al descanso todos los compañeros, comentábamos lo mismo. Después de dos horas de una caótica explicación, nadie podía disimular el descontento que tenían sobre la clase. Se habla con los delegados, proponiéndose que si es posible, en la segunda vuelta, la clase de ORL esté enfocada de otra manera, con otro profesor con el que quizá tengamos más conexión que con el de esta tarde. Termina el descanso y mis resignados compañeros vuelven al aula, y yo me quedo fuera, con la sensación de estar tirando la tarde a la basura, pero sabiendo que entrar en ese aula no iba a cambiar mi apreciación por el tiempo desaprovechado.
Esperemos que cuando escriba sobre la clase de ORL de segunda vuelta, pueda decir todo lo contrario de lo que escribo ahora. Porque el fallo durante la primera vuelta no me preocupa en exceso, pero no me gustaría volver a la academia en segunda vuelta y encontrarme con el mismo panorama.
A.
17 de noviembre de 2013
Simulacro 1
Suena el despertador un sábado por la mañana, abriendo un día que, desde el pensamiento del recién despertado, parecía otro sábado más normal y corriente. Sin embargo, con un café en el estómago y la cara lavada me doy cuenta de que no. Que este sábado, era el día de ir a la academia a hacer el primer Simulacro de la preparación del MIR.
Pereza. Una buena palabra para explicar la sensación inicial. Seguro que a más de uno se le ocurre un plan mejor para invertir el sábado por la tarde.
Curiosidad e intriga. Otras dos bastante adecuadas para contar lo que sentía de camino al simulacro. ¿Cómo iba a lograr aguantar 5 horas en una sala haciendo un examen? ¿Cómo iba a ser capaz de responder a preguntas de temario que no he visto desde hace dos, tres o incluso cuatro años?...
Sorpresa. Una palabra que resume bastante bien la experiencia.
Llego a la cita, 15.30h. en la primera planta de la sede para el primer pase de lista. Hay gente por todos lados. Caras conocidas y otras no tanto. Empieza el llamamiento, y con el volumen de gente por los pasillos, nadie se entera de que le llaman. Me llaman, enseño el DNI, me dan el examen y la plantilla para rellenar las respuestas y tomo asiento en el aula. De entrada me siento cómodo, sentado y esperando que entre todo el mundo para poder empezar, y así terminar lo antes posible. Nos leen las normas básicas (nada de móviles, la primera hora no se puede salir, la última media tampoco, si queremos salir al baño hay que levantar la mano y dar el examen...). Llegan las 16.00h. y empiezo.
Desde el principio sigo los consejos que me mandó mi tutora via e-mail un par de días atrás. "Deja las preguntas de imágenes, generalmente las primeras, para el final". Las 30 primeras son relacionadas a imagen. Las paso. Empiezo por la 31: Pediatría (perfecto). Me siento cómodo y contesto sin mucha dificultad las primeras, me gusta el temario y dimos la clase ayer. La cosa está fresca en mi mente y no se resiste. Avanzo y se acaba el bloque, dejando el paso a Estadística. "¿Qué me han enseñado en la facultad a mí sobre Estadística?" "¿Qué dice aquí de un estudio? Ah.. ni idea, pero es la 4 fijo, que en el libro del Dr. Macarrón poner que por probabilidad, la respuesta número 4 es la más frecuente." Venga va, sigamos como si nada, ya habrá cosas mejores.
Llega Inmunología y para mi sorpresa me siento cómodo respondiendo a algunas (otras, evidentemente, no), cosa que nunca me habría pasado un par de meses atrás. Seguimos por Digestivo, otro bloque de los gordos, recordando cosas de la facultad y otras que creo no haber leído en mi vida. ¡Pregunta 81! Toca pasar a la plantilla y aprovecho para darme un respiro mental, al fin y al cabo solamente es pasar números a una hoja. Termino mi recreo mental y sigo con un par más de Digestivo para seguir con Reumatología. Seguimos del mismo modo con las siguientes, hasta la 131 "¡Otro descanso cerebral pasando a la plantilla!" Paro y tomo algo de agua, pero ahora mismo me siento demasiado bien cómo para descansar. Ya habrá un momento de fatiga mayor. Ahora toca las 10 últimas preguntas del examen que son las de reserva, y según me han dicho, son las más importantes de todo el examen, puesto que es seguro que ninguna de ellas es impugnable. Salgo más o menos airoso y vuelvo a donde lo había dejado.
Continúo con Cardiología, otro de los gruesos del MIR, Neumología, NeruofcsmdkkhdyrloöâÛN. Necesito un descanso. Ahora sí que sí. Necesito mi sandwich de jamón y queso envuelto en una maravillosa funda que hace poco ruido para que los compañeros que tengo alrededor no me deseen una muerte lenta y dolorosa. Me lo como con ansia y bebo agua con la esperanza de reexpandir mi sustancia gris. Me encuentro mejor, tomo aire y continúo. Termino con un bloque de cincuenta preguntas y las paso. Empiezo las siguientes cincuenta y mi vejiga juega en mi contra. Levanto la mano y salgo. Expulso la botella de 500ml. de agua que llevo dentro y vuelvo al aula. El cerebro me flojea. "¿La hora?" "¿Qué hora es?" "¿Cuánto tiempo llevo aquí metido? Esto debe estar a punto de terminar." Meto prisa y logro llegar a las de imágenes. Tengo la lengua fuera. Quiero dormir, o por lo menos adoptar posturas que no sean factor de riesgo para desarrollar artrosis precoz. Tengo las piernas dormidas, el culo aplanado y la espalda escoliótica. "Llevo mucho tiempo aquí sentado, ¿Me estará dando un TEP?" "¡¡SIGUE, y deja de distraerte!!"
Imágenes, "¡Oh, qué bonito! ¿Qué es?" "No, no, lee la pregunta y no mires la imagen. Te han dicho que es muy posible que no la necesites para responder a la pregunta." "Uy, pues es verdad, esto parece que funciona". "¡Guala!¡Qué placa de cráneo bonita en la que se ve....Exactamente,¿Qué se ve?""! Ah sí, clarísimo, un implante coclear ahí en la esquina superior izquierda ¿Sí, no? Buengo venga, termina... que esto debe estar a punto de acabar"... BIEN! Última pregunta, un fondo de ojo... me siento como arrastrándome por el suelo cómo quien acaba de correr los 42 Km. de una maratón y está a punto de rozar la meta con la punta de los dedos. Acabo de pensarla y contesto. Vale, ahora solamente queda pasar las respuestas de éstas últimas a la plantilla "-¿Compañero, me dices la hora?" "-Las 19.45h." "¡¿CÓMO?!, ¿¿QUÉ LLEVO AQUÍ SOLAMENTE 3 HORAS Y 45 MINUTOS?? ¿ES QUE LA TIERRA HA DECIDIDO DEJAR DE ROTAR SOBRE SU EJE MIENTRAS YO ESTABA AQUÍ DENTRO?" Paso las respuestas rápido a la plantilla y me salgo. Necesito oxígeno o algo similar. Se ha acabado y he salido vivo, aunque con el cuerpo como si hubiese pasado por encima de mi alguna máquina de esas que tiran casas abajo. Mis más sinceras felicitaciones a mis nalgas y mi cerebro por el esfuerzo realizado.
Tras haber descansado toda la noche, me levanto y desayuno tranquilo. Antes de comer, decido arriesgarme a meter la plantilla en el Sitio del Alumno. "¡LA HOSTIA!" No esperaba que me hubiera ido así. No sé si está bien o mal, pero la verdad es que yo personalmente me lo esperaba muchísimo peor. Después de todo me quedo contento y desanso. Ahora solamente queda esperar que poco a poco, aprenda a dosificar mis esfuerzos y llegar al final del examen como una persona humana.
A.
Pereza. Una buena palabra para explicar la sensación inicial. Seguro que a más de uno se le ocurre un plan mejor para invertir el sábado por la tarde.
Curiosidad e intriga. Otras dos bastante adecuadas para contar lo que sentía de camino al simulacro. ¿Cómo iba a lograr aguantar 5 horas en una sala haciendo un examen? ¿Cómo iba a ser capaz de responder a preguntas de temario que no he visto desde hace dos, tres o incluso cuatro años?...
Sorpresa. Una palabra que resume bastante bien la experiencia.
Llego a la cita, 15.30h. en la primera planta de la sede para el primer pase de lista. Hay gente por todos lados. Caras conocidas y otras no tanto. Empieza el llamamiento, y con el volumen de gente por los pasillos, nadie se entera de que le llaman. Me llaman, enseño el DNI, me dan el examen y la plantilla para rellenar las respuestas y tomo asiento en el aula. De entrada me siento cómodo, sentado y esperando que entre todo el mundo para poder empezar, y así terminar lo antes posible. Nos leen las normas básicas (nada de móviles, la primera hora no se puede salir, la última media tampoco, si queremos salir al baño hay que levantar la mano y dar el examen...). Llegan las 16.00h. y empiezo.
Desde el principio sigo los consejos que me mandó mi tutora via e-mail un par de días atrás. "Deja las preguntas de imágenes, generalmente las primeras, para el final". Las 30 primeras son relacionadas a imagen. Las paso. Empiezo por la 31: Pediatría (perfecto). Me siento cómodo y contesto sin mucha dificultad las primeras, me gusta el temario y dimos la clase ayer. La cosa está fresca en mi mente y no se resiste. Avanzo y se acaba el bloque, dejando el paso a Estadística. "¿Qué me han enseñado en la facultad a mí sobre Estadística?" "¿Qué dice aquí de un estudio? Ah.. ni idea, pero es la 4 fijo, que en el libro del Dr. Macarrón poner que por probabilidad, la respuesta número 4 es la más frecuente." Venga va, sigamos como si nada, ya habrá cosas mejores.
Llega Inmunología y para mi sorpresa me siento cómodo respondiendo a algunas (otras, evidentemente, no), cosa que nunca me habría pasado un par de meses atrás. Seguimos por Digestivo, otro bloque de los gordos, recordando cosas de la facultad y otras que creo no haber leído en mi vida. ¡Pregunta 81! Toca pasar a la plantilla y aprovecho para darme un respiro mental, al fin y al cabo solamente es pasar números a una hoja. Termino mi recreo mental y sigo con un par más de Digestivo para seguir con Reumatología. Seguimos del mismo modo con las siguientes, hasta la 131 "¡Otro descanso cerebral pasando a la plantilla!" Paro y tomo algo de agua, pero ahora mismo me siento demasiado bien cómo para descansar. Ya habrá un momento de fatiga mayor. Ahora toca las 10 últimas preguntas del examen que son las de reserva, y según me han dicho, son las más importantes de todo el examen, puesto que es seguro que ninguna de ellas es impugnable. Salgo más o menos airoso y vuelvo a donde lo había dejado.
Continúo con Cardiología, otro de los gruesos del MIR, Neumología, NeruofcsmdkkhdyrloöâÛN. Necesito un descanso. Ahora sí que sí. Necesito mi sandwich de jamón y queso envuelto en una maravillosa funda que hace poco ruido para que los compañeros que tengo alrededor no me deseen una muerte lenta y dolorosa. Me lo como con ansia y bebo agua con la esperanza de reexpandir mi sustancia gris. Me encuentro mejor, tomo aire y continúo. Termino con un bloque de cincuenta preguntas y las paso. Empiezo las siguientes cincuenta y mi vejiga juega en mi contra. Levanto la mano y salgo. Expulso la botella de 500ml. de agua que llevo dentro y vuelvo al aula. El cerebro me flojea. "¿La hora?" "¿Qué hora es?" "¿Cuánto tiempo llevo aquí metido? Esto debe estar a punto de terminar." Meto prisa y logro llegar a las de imágenes. Tengo la lengua fuera. Quiero dormir, o por lo menos adoptar posturas que no sean factor de riesgo para desarrollar artrosis precoz. Tengo las piernas dormidas, el culo aplanado y la espalda escoliótica. "Llevo mucho tiempo aquí sentado, ¿Me estará dando un TEP?" "¡¡SIGUE, y deja de distraerte!!"
Imágenes, "¡Oh, qué bonito! ¿Qué es?" "No, no, lee la pregunta y no mires la imagen. Te han dicho que es muy posible que no la necesites para responder a la pregunta." "Uy, pues es verdad, esto parece que funciona". "¡Guala!¡Qué placa de cráneo bonita en la que se ve....Exactamente,¿Qué se ve?""! Ah sí, clarísimo, un implante coclear ahí en la esquina superior izquierda ¿Sí, no? Buengo venga, termina... que esto debe estar a punto de acabar"... BIEN! Última pregunta, un fondo de ojo... me siento como arrastrándome por el suelo cómo quien acaba de correr los 42 Km. de una maratón y está a punto de rozar la meta con la punta de los dedos. Acabo de pensarla y contesto. Vale, ahora solamente queda pasar las respuestas de éstas últimas a la plantilla "-¿Compañero, me dices la hora?" "-Las 19.45h." "¡¿CÓMO?!, ¿¿QUÉ LLEVO AQUÍ SOLAMENTE 3 HORAS Y 45 MINUTOS?? ¿ES QUE LA TIERRA HA DECIDIDO DEJAR DE ROTAR SOBRE SU EJE MIENTRAS YO ESTABA AQUÍ DENTRO?" Paso las respuestas rápido a la plantilla y me salgo. Necesito oxígeno o algo similar. Se ha acabado y he salido vivo, aunque con el cuerpo como si hubiese pasado por encima de mi alguna máquina de esas que tiran casas abajo. Mis más sinceras felicitaciones a mis nalgas y mi cerebro por el esfuerzo realizado.
Tras haber descansado toda la noche, me levanto y desayuno tranquilo. Antes de comer, decido arriesgarme a meter la plantilla en el Sitio del Alumno. "¡LA HOSTIA!" No esperaba que me hubiera ido así. No sé si está bien o mal, pero la verdad es que yo personalmente me lo esperaba muchísimo peor. Después de todo me quedo contento y desanso. Ahora solamente queda esperar que poco a poco, aprenda a dosificar mis esfuerzos y llegar al final del examen como una persona humana.
A.
15 de noviembre de 2013
Clase de Pediatría de 1ª Vuelta
Y por fin llegamos a una de mis asignaturas favoritas. Pediatría. Creo que cualquiera que haya leído el blog con anterioridad puede ser consciente de que esta especialidad es una de mis primeras opciones de cara a ejercer el día de mañana, por lo que supongo no será necesario recalcar las ganas que tenía de que llegase esta clase.
La verdad es que no es que no me haya defraudado, es que me ha reafirmado en mi pensamiento de lo bonita y completa que es la especialidad. Si la semana pasada decía que la clase de Oftalmología de 1ª vuelta me había parecido una de las mejores hasta el momento, Pediatría queda en un nivel incluso superior. El profesor ha sabido defender la especialidad de un modo heroico, haciendo que incluso aquellos compañeros míos que odian la pediatría hayan salido contentos con la forma de explicar un temario que entiendo que puede resultar algo engorroso si no te gusta. Ha sido ameno en todo momento, ha recalcado los puntos más importantes, ha encuadrado patología muy difícil de sistematizar en un par de cuadros resumen que ayudan a responder practicamente cualquier pregunta que se nos plantee... En definitiva, ha sido una clase de 10.
Durante esta vuelta, tendremos dos clases de Pediatría, y en esta primera, ha centrado la explicación en el temario correspondiente a Neonatología y a la patología del aparato digestivo en pediatría. Desde el principio me he sentido cómodo con el temario, recordando conceptos explicados en la facultad y otros tantos aprendidos durante las prácticas. Desde la exploración física del recién nacido normal, hasta el diágnostico diferencial de las enfermedades pulmonares neonatales, para teminar llegando al estudio de las ictericias del RN. Tras el descanso rutinario y de oxigenación cerebral, hemos "repasado" la sepsis y la patología infecciosa connatal (una de mis partes favoritas de la especialidad), para acabar la clase con algunas de las patologías digestivas del niño.
He de decir que, a diferencia de otras clases en las que después del descanso y acercándonos al final terminaba por sentirme saturado de información, esta vez no he sentido el agotamiento mental que acarrea el estar durante cuatro horas sentado en una silla escuchando y resolviendo test sobre patologías muy diferentes y a la vez parecidas entre sí. Ha llegado el final de la clase y yo seguía embobado, sin poder dejar de pensar en cuánto me gusta la especialidad y en lo fácil que resulta aprender cuando te explican las cosas de una manera tan simplificada.
Otra buena crítica, y esta dirigida directamente al profesor, es lo "antipediatra" que ha sido. Me explico. La gente parece estar acostumbrada a que los pediatras sean aquellos/as tíos/as que vagan por el hospital adornando sus fonendos con "muñequitos" que cuelgan de una manera un tanto siniestra, y aquellos/as que no saben hablar sin incluir un diminutivo cada cuatro palabras. Nunca me ha gustado esa imagen que se tiene, y si bien hay claros ejemplos en todos los hospitales que promueven esa imagen, este doctor me ha reafirmado en la opinión de que no hace falta decir "culito" para ser un buen pediatra. Gracias.
Por el momento, solo queda esperar a que la segunda parte de la asignatura que nos darán la semana que viene sea por lo menos igual de buena que la primera. Pero no hace falta ponerse en el viernes que viene para pasar de nuevo por la sede de Francisco Silvela, puesto que mañana tengo mi PRIMER SIMULACRO.
Después de innumerables e-mails recordándonos consejos sobre cómo afrontar este primer simulacro y la importancia de realizarlo en la sede, mañana me enfrentaré al que supone el primer "ensayo" del MIR. Mañana sabré lo que se siente al estar delante de un monton de folios sentado durante 5 horas. Pero cómo aun no ha llegado ese momento, me lo reservo para mañana y así no adelanto acontecimientos. Ahora a descansar, que nos lo hemos ganado;)
A.
La verdad es que no es que no me haya defraudado, es que me ha reafirmado en mi pensamiento de lo bonita y completa que es la especialidad. Si la semana pasada decía que la clase de Oftalmología de 1ª vuelta me había parecido una de las mejores hasta el momento, Pediatría queda en un nivel incluso superior. El profesor ha sabido defender la especialidad de un modo heroico, haciendo que incluso aquellos compañeros míos que odian la pediatría hayan salido contentos con la forma de explicar un temario que entiendo que puede resultar algo engorroso si no te gusta. Ha sido ameno en todo momento, ha recalcado los puntos más importantes, ha encuadrado patología muy difícil de sistematizar en un par de cuadros resumen que ayudan a responder practicamente cualquier pregunta que se nos plantee... En definitiva, ha sido una clase de 10.
Durante esta vuelta, tendremos dos clases de Pediatría, y en esta primera, ha centrado la explicación en el temario correspondiente a Neonatología y a la patología del aparato digestivo en pediatría. Desde el principio me he sentido cómodo con el temario, recordando conceptos explicados en la facultad y otros tantos aprendidos durante las prácticas. Desde la exploración física del recién nacido normal, hasta el diágnostico diferencial de las enfermedades pulmonares neonatales, para teminar llegando al estudio de las ictericias del RN. Tras el descanso rutinario y de oxigenación cerebral, hemos "repasado" la sepsis y la patología infecciosa connatal (una de mis partes favoritas de la especialidad), para acabar la clase con algunas de las patologías digestivas del niño.
He de decir que, a diferencia de otras clases en las que después del descanso y acercándonos al final terminaba por sentirme saturado de información, esta vez no he sentido el agotamiento mental que acarrea el estar durante cuatro horas sentado en una silla escuchando y resolviendo test sobre patologías muy diferentes y a la vez parecidas entre sí. Ha llegado el final de la clase y yo seguía embobado, sin poder dejar de pensar en cuánto me gusta la especialidad y en lo fácil que resulta aprender cuando te explican las cosas de una manera tan simplificada.
Otra buena crítica, y esta dirigida directamente al profesor, es lo "antipediatra" que ha sido. Me explico. La gente parece estar acostumbrada a que los pediatras sean aquellos/as tíos/as que vagan por el hospital adornando sus fonendos con "muñequitos" que cuelgan de una manera un tanto siniestra, y aquellos/as que no saben hablar sin incluir un diminutivo cada cuatro palabras. Nunca me ha gustado esa imagen que se tiene, y si bien hay claros ejemplos en todos los hospitales que promueven esa imagen, este doctor me ha reafirmado en la opinión de que no hace falta decir "culito" para ser un buen pediatra. Gracias.
Por el momento, solo queda esperar a que la segunda parte de la asignatura que nos darán la semana que viene sea por lo menos igual de buena que la primera. Pero no hace falta ponerse en el viernes que viene para pasar de nuevo por la sede de Francisco Silvela, puesto que mañana tengo mi PRIMER SIMULACRO.
Después de innumerables e-mails recordándonos consejos sobre cómo afrontar este primer simulacro y la importancia de realizarlo en la sede, mañana me enfrentaré al que supone el primer "ensayo" del MIR. Mañana sabré lo que se siente al estar delante de un monton de folios sentado durante 5 horas. Pero cómo aun no ha llegado ese momento, me lo reservo para mañana y así no adelanto acontecimientos. Ahora a descansar, que nos lo hemos ganado;)
A.
9 de noviembre de 2013
Clase de Oftalmología 1ª Vuelta
Después de no haber podido ir a la clase de Ginecología, este viernes volví a la academia para que nos diesen la clase de Oftalmología de la primera vuelta.
No es una asignatura que me guste ni me disguste, aunque es verdad que durante la carrera me llamó bastante la atención la parte práctica (a pesar de mi odiado quirófano) y muy poco la teórica. Me parece una asignatura que junta demasiadas patologías en muy poco espacio y que además se enmarcan en una anatomía demasiado compleja para el volumen que ocupa.
Volviendo al tema de la clase, diré que fue una de las mejores clases que nos han dado hasta el momento en la academia. El profesor, que con el tiempo me di cuenta de que era el mismo que aparece en las Videoclases de CTO, empezó hablando sobre la "poca" importancia de la asignatura de cara al MIR, pero a la vez, la alta rentabilidad de saberse las "cuatro" cosas que preguntan en todas o casi todas las convocatorias. Siguió mostrando un esquema sobre cómo se iba a estructurar la tarde. Ahí ya me cogió. ¡Por fin!. Gracias. Un profesor que sigue un índice que presenta al principio para poder ir sabiendo más o menos dónde estamos en cada momento.
Empezamos haciendo un repaso de la embriología, anatomía y fisiología del ojo, cosa que a mi siempre me pareció muy compleja, pero que si alguien la explica bien puede quedarse fijada sin mucho más problema. Empezó muy rápido, pasando de concepto en concepto con una velocidad que al principio resultaba agobiante. Sin embargo, demasiadas cosas había que hacer cómo para centrarse demasiado en lo básico, y más tarde agradecí que hubiese hecho un repaso breve de las cosas que sí íbamos a necesitar saber para entender las patologías de después.
Continuamos viendo la patología del segmento anterior del ojo, con el clásico diagnóstico diferencial del ojo rojo. No es un tema difícil, y mucho menos después de los cuatro trucos básicos para poder reconocer cada patología y poder acertar las preguntas correctamente. Desde aquí y hasta el final, nos ilustraba las patologías con vídeos sacados de YouTube, permitiendo hacer un descanso mental, ayudar a entender y además amenizar bastante la clase.
Seguíamos con la misma estructura que en clase anteriores, alternando la teoría por bloques con los test de primera vuelta. Y así, llegamos hasta el apartado de las cataratas. No había otro símil mejor para hace entender que el cristalino, en su gran parecido con los M&M's, estaba formado por tres capas diferentes y cómo la opacificación de este producían la enfermedad. Su núcleo de avellana, su corteza de chocolate y sus cápsulas anterior y posterior de caramelo. Llegados al apartado del tratamiento, comentaba cómo en algunos lugares el mundo se seguía practicando una cirugía desarrollada en la Edad Media que consistía en meter objetos punzantes a través del ojo para terminar "descolgando" el cristalino de su inserción (con su correspondiente vídeo ilustrativo, claro está). Después de este bloque nos fuimos al descanso a dejar que nuestros cerebros respirasen el aire libre, sin más tregua que media hora con una Cocacola y una chocolatinacomo sustento.
Al volver, y ya con el cerebro teóricamente descansado, continuamos con el segmento posterior del ojo y la neurooftalmología. El doctor, a pesar de las horas que ya llevabamos a la espalda y del cansancio acumulado de una semana en el hospital, logró mantener mi atención hasta prácticamente el final de la clase, cuando mi cerebro pedía clemencia y mi trasero una superficie mullida donde poder descansar. Para cuando quiso dar la clase por terminada, mi cerebro ya había alcanzado un estado de letargia que solamente me permitía reirme por cualquier estupidez y hablar con una verborrea propia de un paciente desfrontalizado.
A pesar de todo el cansancio al salir por la puerta de la sede, solo puedo pedir que el resto de las clases vayan por el mismo camino, porque si se entra con la idea de no saber más que lo más básico, y se sale pensando que has aprendido más oftalmología en 4 horas y media que en 3 meses de clase en la facultad, es que el método funciona y vamos por un buen camino.
A.
No es una asignatura que me guste ni me disguste, aunque es verdad que durante la carrera me llamó bastante la atención la parte práctica (a pesar de mi odiado quirófano) y muy poco la teórica. Me parece una asignatura que junta demasiadas patologías en muy poco espacio y que además se enmarcan en una anatomía demasiado compleja para el volumen que ocupa.
Volviendo al tema de la clase, diré que fue una de las mejores clases que nos han dado hasta el momento en la academia. El profesor, que con el tiempo me di cuenta de que era el mismo que aparece en las Videoclases de CTO, empezó hablando sobre la "poca" importancia de la asignatura de cara al MIR, pero a la vez, la alta rentabilidad de saberse las "cuatro" cosas que preguntan en todas o casi todas las convocatorias. Siguió mostrando un esquema sobre cómo se iba a estructurar la tarde. Ahí ya me cogió. ¡Por fin!. Gracias. Un profesor que sigue un índice que presenta al principio para poder ir sabiendo más o menos dónde estamos en cada momento.
Empezamos haciendo un repaso de la embriología, anatomía y fisiología del ojo, cosa que a mi siempre me pareció muy compleja, pero que si alguien la explica bien puede quedarse fijada sin mucho más problema. Empezó muy rápido, pasando de concepto en concepto con una velocidad que al principio resultaba agobiante. Sin embargo, demasiadas cosas había que hacer cómo para centrarse demasiado en lo básico, y más tarde agradecí que hubiese hecho un repaso breve de las cosas que sí íbamos a necesitar saber para entender las patologías de después.
Continuamos viendo la patología del segmento anterior del ojo, con el clásico diagnóstico diferencial del ojo rojo. No es un tema difícil, y mucho menos después de los cuatro trucos básicos para poder reconocer cada patología y poder acertar las preguntas correctamente. Desde aquí y hasta el final, nos ilustraba las patologías con vídeos sacados de YouTube, permitiendo hacer un descanso mental, ayudar a entender y además amenizar bastante la clase.
Seguíamos con la misma estructura que en clase anteriores, alternando la teoría por bloques con los test de primera vuelta. Y así, llegamos hasta el apartado de las cataratas. No había otro símil mejor para hace entender que el cristalino, en su gran parecido con los M&M's, estaba formado por tres capas diferentes y cómo la opacificación de este producían la enfermedad. Su núcleo de avellana, su corteza de chocolate y sus cápsulas anterior y posterior de caramelo. Llegados al apartado del tratamiento, comentaba cómo en algunos lugares el mundo se seguía practicando una cirugía desarrollada en la Edad Media que consistía en meter objetos punzantes a través del ojo para terminar "descolgando" el cristalino de su inserción (con su correspondiente vídeo ilustrativo, claro está). Después de este bloque nos fuimos al descanso a dejar que nuestros cerebros respirasen el aire libre, sin más tregua que media hora con una Cocacola y una chocolatinacomo sustento.
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| ¡Esto sí son dos ojos! (N.Geographic, Junio 1985) |
A.
24 de octubre de 2013
Clase Ginecología y Obstetricia 1ª Vuelta
Hoy he tenido la primera clase de Ginecología y Obstetricia de la primera vuelta de preparación del examen MIR. En esta primera vuelta, se le dedican dos días de clase a esta asignatura, abordando los temas de Obstetricia en la primera, y dejando el temario de Ginecología para la segunda clase.
Esta vez ha sido bastante diferente a como fue la clase de Inmunología. Para empezar, es una especialidad que me gusta bastante, por lo que la predisposición y las ganas acompañaban más que en el caso de la semana anterior. Además, es una especialidad que conozco mucho mejor que la Inmunología, por lo que me he sentido mucho más "en el ajo" desde el minuto uno.
La doctora que nos daba la clase ha utilizado la misma dinámica que la anterior vez. Daba la teoría y hacía preguntas del test a modo de repaso. Esta vez, sin embargo, sí ha seguido un índice mucho más estructurado que en la clase de la semana pasada, por lo que se podía enlazar un tema con el siguiente y ver una continuidad a lo largo de la clase. Empezando por los cambios fisiológicos del embarazo y el diagnóstico gestacional, para pasar a las hemorragias del 1º y 3º trimestre, y luego ir hablando de otros temas como el parto pretérmino, la preeclampsia...
La clase en líneas generales me ha gustado bastante, si bien es verdad que no ha habido demasiada interacción ni demasiadas intervenciones por nuestra parte, por lo que entiendo que, aquellos a los que no les guste demasiado la Obstetricia, pueden haberla aborrecido. Aun así, y quizá debido a mis gustos particulares, me ha parecido una pasada de clase. ¡Qué manera de hacer tablas diferenciales! Como siempre sigo, ¡ojalá en la facultad se preocupasen de que la docencia fuese de esta manera tan sistemática!
La semana que viene continuaremos con la parte de Ginecología, que aunque me guste mucho menos, no es Inmunología.
Saludos.
A.
Esta vez ha sido bastante diferente a como fue la clase de Inmunología. Para empezar, es una especialidad que me gusta bastante, por lo que la predisposición y las ganas acompañaban más que en el caso de la semana anterior. Además, es una especialidad que conozco mucho mejor que la Inmunología, por lo que me he sentido mucho más "en el ajo" desde el minuto uno.
La doctora que nos daba la clase ha utilizado la misma dinámica que la anterior vez. Daba la teoría y hacía preguntas del test a modo de repaso. Esta vez, sin embargo, sí ha seguido un índice mucho más estructurado que en la clase de la semana pasada, por lo que se podía enlazar un tema con el siguiente y ver una continuidad a lo largo de la clase. Empezando por los cambios fisiológicos del embarazo y el diagnóstico gestacional, para pasar a las hemorragias del 1º y 3º trimestre, y luego ir hablando de otros temas como el parto pretérmino, la preeclampsia...
La clase en líneas generales me ha gustado bastante, si bien es verdad que no ha habido demasiada interacción ni demasiadas intervenciones por nuestra parte, por lo que entiendo que, aquellos a los que no les guste demasiado la Obstetricia, pueden haberla aborrecido. Aun así, y quizá debido a mis gustos particulares, me ha parecido una pasada de clase. ¡Qué manera de hacer tablas diferenciales! Como siempre sigo, ¡ojalá en la facultad se preocupasen de que la docencia fuese de esta manera tan sistemática!
La semana que viene continuaremos con la parte de Ginecología, que aunque me guste mucho menos, no es Inmunología.
Saludos.
A.
19 de octubre de 2013
Clase de Inmunología 1ª Vuelta
Después del acto de presentación de la 30º promoción de Grupo CTO, en el que nos repartieron el material que vamos a utilizar durante la preparación ¡ya hemos empezado la primera vuelta de preparación al examen MIR!. Durante esta vuelta, que compaginaremos con el estudio del último año de carrera, se nos ha recomendado acudir a clase y hacer los simulacros de manera prácticamente exclusiva, ya que aun queda un curso para terminar la carrera, y sin sexto no hay MIR.
La primera clase que tuvimos fue Urología, pero como no pude acudir, empezaré a hablar directamente de la segunda, que ha sido Inmunología.
Empezaré diciendo lo poco entusiasmado que me sentía antes de entrar en clase, pues la Inmuno nunca me ha parecido una asignatura apasionante, además de haber pasado por ella sin pena ni gloria. Durante la carrera no es una asignatura en la que se hiciese especial hincapié sobre su importancia, además de que la docencia dejó bastante que desear. La profesora era consciente de nuestro pésimo nivel de Inmunología, por lo que dedicó esta primera clase a abordar temas básicos de inmunología, para pasar a la "inmunología avanzada" y a la genética en la segunda vuelta.
Pues bien, la clase empezó, y poco a poco la profesora en cuestión fue captando mi atención. La dinámica de la clase fue la siguiente; un alumno leía una pregunta de los test que se nos habían dado junto al resto del material, se intentaba contestar entre todos y después se explicaba la teoría.
Desde el principio fue una clase dinámica en la que nosotros participábamos de manera activa, lo cual resultó bastante útil para que las mentes, o por lo menos la mía, no empezasen a ahogarse en el desconocido mundo de la Inmunología. Con cada pregunta que hacíamos, me daba cuenta de la poca idea que tenía de inmunología, y de cómo ese poco conocimiento que yo creía bien estructurado en mi mente, resultó ser en cierta forma incierto.
No seguimos un índice bien estructurado, lo que es el único fallo que puedo sacarle a la clase. Íbamos encadenando preguntas de temática similar, agrupando un poco las preguntas y cogiendo bastante confianza al responderlas. Durante la carrera, nunca me planteé la posibilidad de ser capaz de contestar una pregunta sobre qué interleucina es la que más se relaciona con la respuesta inflamatoria sistémica en el shock séptico, o sobre qué tipo de receptor de superficie de las CPA's están implicados en la sinpasis inmunológica. Pero ayer, me sentí poderoso. Fui capaz de responder tranquilamente a ese tipo de preguntas con total confianza en que lo que estaba señalando como cierto, verdaderamente lo era. No sé qué pasaba, pero eso no era normal.
Después del descanso continuamos con la misma dinámica, pero a medida que el final de la clase se acercaba, y las mnemotecnias se iban agrupando en nuestro ya fundido cerebro, costaba mucho más seguir el hilo de la clase. Aun así, llegué vivo al final. Con la frente encharcada en sudor, un cansancio propio de un viernes a última hora de la tarde, las piernas dormidas de las inumerables posturas que adoptaba para continuar en conexión directa con el medio, el cerebro activando rutas de muerta programada, pero llegué.
Espero que las clases continúen de la misma manera, porque si me hubiesen explicado así de bien la Inmunología durante la carrera (¡Ay si me la hubiesen explicado así!) posiblemente me hubiese llegado hasta a gustar.
Continuamos la semana que viene, con mi querida Ginecología/Obstetricia.
Saludos.
A.
La primera clase que tuvimos fue Urología, pero como no pude acudir, empezaré a hablar directamente de la segunda, que ha sido Inmunología.
Empezaré diciendo lo poco entusiasmado que me sentía antes de entrar en clase, pues la Inmuno nunca me ha parecido una asignatura apasionante, además de haber pasado por ella sin pena ni gloria. Durante la carrera no es una asignatura en la que se hiciese especial hincapié sobre su importancia, además de que la docencia dejó bastante que desear. La profesora era consciente de nuestro pésimo nivel de Inmunología, por lo que dedicó esta primera clase a abordar temas básicos de inmunología, para pasar a la "inmunología avanzada" y a la genética en la segunda vuelta.
Pues bien, la clase empezó, y poco a poco la profesora en cuestión fue captando mi atención. La dinámica de la clase fue la siguiente; un alumno leía una pregunta de los test que se nos habían dado junto al resto del material, se intentaba contestar entre todos y después se explicaba la teoría.
Desde el principio fue una clase dinámica en la que nosotros participábamos de manera activa, lo cual resultó bastante útil para que las mentes, o por lo menos la mía, no empezasen a ahogarse en el desconocido mundo de la Inmunología. Con cada pregunta que hacíamos, me daba cuenta de la poca idea que tenía de inmunología, y de cómo ese poco conocimiento que yo creía bien estructurado en mi mente, resultó ser en cierta forma incierto.
No seguimos un índice bien estructurado, lo que es el único fallo que puedo sacarle a la clase. Íbamos encadenando preguntas de temática similar, agrupando un poco las preguntas y cogiendo bastante confianza al responderlas. Durante la carrera, nunca me planteé la posibilidad de ser capaz de contestar una pregunta sobre qué interleucina es la que más se relaciona con la respuesta inflamatoria sistémica en el shock séptico, o sobre qué tipo de receptor de superficie de las CPA's están implicados en la sinpasis inmunológica. Pero ayer, me sentí poderoso. Fui capaz de responder tranquilamente a ese tipo de preguntas con total confianza en que lo que estaba señalando como cierto, verdaderamente lo era. No sé qué pasaba, pero eso no era normal.
Después del descanso continuamos con la misma dinámica, pero a medida que el final de la clase se acercaba, y las mnemotecnias se iban agrupando en nuestro ya fundido cerebro, costaba mucho más seguir el hilo de la clase. Aun así, llegué vivo al final. Con la frente encharcada en sudor, un cansancio propio de un viernes a última hora de la tarde, las piernas dormidas de las inumerables posturas que adoptaba para continuar en conexión directa con el medio, el cerebro activando rutas de muerta programada, pero llegué.
Espero que las clases continúen de la misma manera, porque si me hubiesen explicado así de bien la Inmunología durante la carrera (¡Ay si me la hubiesen explicado así!) posiblemente me hubiese llegado hasta a gustar.
Continuamos la semana que viene, con mi querida Ginecología/Obstetricia.
Saludos.
A.
7 de septiembre de 2013
Rotando por Medicina Interna
Después de haber pasado un buen primer último-día de curso, con sus charlas introductorias y sus explicaciones generales de cómo se desarrollará el año, empieza lo que más disfruto del curso: las Rotaciones. En entradas anteriores ya he dejado claro lo que me gusta el ir al hospital, ponerme la bata y empezar a realizar las prácticas clínicas día a día. Sabiendo que el año pasado disfruté de ello, este curso tiene pinta de ser mejor aun.
Me ha tocado empezar a rotar durante dos meses en Medicina Interna, y después de estas semanas no tengo ninguna pega. Es verdad que no es la especialidad que más me guste, debido a que el tipo de paciente que se ve es un paciente pluripatológico, en la mayor parte de las ocasiones muy mayores, y que además, se descompensan muy fácilmente, por lo que el progreso que ves desde que enferma hasta que le "curas" es mínimo. Aun así, es una especialidad de engloba al paciente en su totalidad y eso es lo que ando buscando. No es la primera vez que estoy en el servicio, pero sí es la primera vez que dejo de ser "el estudiante" para ser "el estudiante-casi-médico".
Durante este año, las rotaciones que nos proponen son mucho más entretenidas, según mi opinión. Medicina Interna, Urgencias, Cirugía general, Atención primaria y tres rotaciones por servicios a elegir.
Me ha tocado empezar a rotar durante dos meses en Medicina Interna, y después de estas semanas no tengo ninguna pega. Es verdad que no es la especialidad que más me guste, debido a que el tipo de paciente que se ve es un paciente pluripatológico, en la mayor parte de las ocasiones muy mayores, y que además, se descompensan muy fácilmente, por lo que el progreso que ves desde que enferma hasta que le "curas" es mínimo. Aun así, es una especialidad de engloba al paciente en su totalidad y eso es lo que ando buscando. No es la primera vez que estoy en el servicio, pero sí es la primera vez que dejo de ser "el estudiante" para ser "el estudiante-casi-médico".
En esta primera semana, ya me han encargado hacer evolutivos como un residente más. He estado llevando un horario similar al que puede llevar un residente. He estado hablando con el paciente como si fuera un residente. En definitiva, tanto la gente del hospital como yo mismo, somos conscientes de que esto de ir por las habitaciones detrás del médico se está acabando. Ya no eres aquel estudiante de Tercero que iba pegado al culo de la bata del Adjunto, pensando cada pregunta que iba a hacer y preguntando sobre cada patología de la que se hablaba. Ahora, en Sexto, eres ese estudiante que se empieza a ver en la escena, formando parte activa de ella, no sólo por méritos propios de ganarte la confianza a base de esfuerzo, sino porque el servicio parece sentir que ya estás preparado para cargar con cierta responsabilidad.
Todavía me queda más de mes y medio en el servicio, pero desde luego el inicio ha sido incluso mejor de lo que esperaba.
A.
1 de septiembre de 2013
El principio del "Los últimos"
Desde hace aproximadamente dieciocho años he estado pensado "otro verano más que se acaba, otro curso más que empieza". Recuerdo el verano que terminó para dar paso al colegio, y el que quedó atrás para empezar el instituto. También me acuerdo del verano que se terminaba para empezar la universidad, y de eso hace apenas cinco años. Como cada inicio de septiembre empiezo a experimentar esa sensación de nerviosismo por ver cómo empieza el curso, por reencontrarme con los compañeros que despedí en junio y por ver los cambios que depara este nuevo año. Pero esta vez es diferente.
Este año es El último. El último año que termina un verano en septiembre. El último año en el que dejo el no-hacer-nada para empezar la rutina académica. El último año en el que los primeros días de septiembre son para ver qué tal les ha ido a mis compañeros durante sus meses de vacaciones. El último año en el que disfrutaré de unas vacaciones tan largas como las que he tenido. Este año, es el último año que soy estudiante.
Este primer último no es más que el primero de muchos. Detrás llegará el último cuatrimestre de la facultad, el último día de rotaciones, el último día ver un paciente como no-médico, el último día de exámenes, el último día de pisar un hospital con la identificación de estudiante...
Sin embargo, no todo son finales. Este blog lo empecé para compartir la experiencia que supone preparar el examen MIR y contar día a día los pasos de la preparación. En octubre, empezaré la academia para preparar el examen, y con ello empezaré a cumplir el objetivo del blog. Pero mientras tanto y hasta entonces, permíteme que comparta la sensación de vértigo que produce el pensar que, en menos de nueve meses, seré médico.
Esto se acaba.
A.
Este año es El último. El último año que termina un verano en septiembre. El último año en el que dejo el no-hacer-nada para empezar la rutina académica. El último año en el que los primeros días de septiembre son para ver qué tal les ha ido a mis compañeros durante sus meses de vacaciones. El último año en el que disfrutaré de unas vacaciones tan largas como las que he tenido. Este año, es el último año que soy estudiante.
Este primer último no es más que el primero de muchos. Detrás llegará el último cuatrimestre de la facultad, el último día de rotaciones, el último día ver un paciente como no-médico, el último día de exámenes, el último día de pisar un hospital con la identificación de estudiante...
Sin embargo, no todo son finales. Este blog lo empecé para compartir la experiencia que supone preparar el examen MIR y contar día a día los pasos de la preparación. En octubre, empezaré la academia para preparar el examen, y con ello empezaré a cumplir el objetivo del blog. Pero mientras tanto y hasta entonces, permíteme que comparta la sensación de vértigo que produce el pensar que, en menos de nueve meses, seré médico.Esto se acaba.
A.
27 de junio de 2013
Una experiencia más
Y sin darme apenas cuenta, mañana acabo la rotación voluntaria en la UCI Pediátrica que he llevado a cabo durante este mes de junio. Como otros veranos atrás, salgo con el convencimiento de haber tomado la decisión correcta a la hora de elegir el servicio. No solo por el trato recibido por parte de todo el servicio, que ha sido inmejorable, sino por todo lo aprendido durante estas semanas, tanto en el ámbito científico como en el humano.
Durante este periodo me he cruzado con muchos pacientes, llegando a tener la UCI bloqueada en bastantes ocasiones, y todos ellos me han aportado algo nuevo y diferente a los anteriores. Desde los postoperatorios derivados para observación durante 24 horas, hasta los que llegaron antes que yo y a día de hoy siguen ingresados. Podría pasarme bastantes entradas hablando de cada uno de ellos, de sus patologías, de sus complicaciones, de sus tratamientos y recuperaciones, pero lo que más quiero destacar es la fuerza que me han demostrado estos pequeños héroes.
Durante el cuarto curso de la carrera entré en contacto con la Pediatría, y la verdad es que nunca pensé que me fuese a enamorar tanto de una especialidad que en un primer momento no me parecía nada atractiva. Poco a poco, y sobre todo después de las prácticas que hice en su momento, me fue gustando cada vez más, a pesar de lo tedioso que supone ponerse a estudiar esta asignatura durante la carrera. Lo que no sabía es que ese "poco a poco" y esos contactos esporádicos que tenía durante las guardias que he hecho durante quinto de carrera me llevarían a decidirme a rotar por un servicio que me aportase tanto como lo ha hecho la UCI Pediátrica.
He aprendido numerosas técnicas propias de la UCI y a hacer por primera vez una punción lumbar. He aprendido a medio-manejar un respirador para dar soporte con ventilación mecánica en diferentes modalidades. He aprendido a no rehuir del equilibrio ácido-base, llegando a parecerme entretenido el equilibrio hidroelectrolítico. He aprendido cómo hacer una primera valoración de un politraumatizado y el manejo paulatino de los pacientes oncológicos. Y todo ello, se lo debo a los adjuntos y residentes del servicio.
Pero todo esto no ha sido lo único que he aprendido. He aprendido a escuchar a pacientes que no son muy buenos comunicadores por la edad. He aprendido a calmar la ansiedad de un paciente que por su corta edad no es capaz de asimilar que unos tios con bata blanca estén a su alrededor, inspeccionando cada parte de su cuerpo. He aprendido a emocionarme con la mejoría de un paciente que tras varias complicaciones lograba salir del hoyo para terminar de curarse y he aprendido a sentir la tristeza por la pérdida de algunos de ellos. Y todo ello, gracias a los protagonistas de cada historia: Ellos.
Solamente puedo sacar cosas buenas de esta vivencia, y no puedo terminar de escribir sin recomendar a todo el mundo atravesar una experiencia similar. Mucha gente te dice siempre "No te involucres demasiado, porque te acaba pasando factura". Pues bien, yo a día de hoy, solamente puedo recomendar que uno se implique lo máximo posible en cada uno de los casos. No solo por el aprendizaje que ello supone, que también, sino porque la angustia y tristeza por la pérdida de un paciente queda contrarrestada por la satisfacción y alegría de recibir un "Gracias" cuando las cosas salen bien.
A.
7 de junio de 2013
Cuando la cura no es posible
Hoy, 7 de junio de 2013, he asistido a uno de los momento más duros de mi carrera hasta el momento. Hoy ha sido la primera vez que he estado presente mientras la vida de un enano se iba apagando poco a poco hasta que al final ha dejado de estar ahí. No ha sido el primer paciente que he visto morir, pero si ha sido el más duro hasta el momento.
Nunca me había parado a pensar en esto. Nunca había estado de pie, al lado de la familia, durante media hora. Sin hacer historias clínicas ni explorar a ningún paciente. Sin ver analíticas ni evolutivos ni llamar a rayos para pedir que hagan una prueba. Nunca había estado ahí, de pie, sin hablar con el paciente o su familia. Nunca había acompañado a alguien en el proceso de ver cómo la vida se iba apagando poco a poco, bajando las constantes en el monitor, hasta que todo acaba y puedes ver cómo el descanso por fin le ha llegado a ese pequeñajo de tan sólo 4 años con toda una historia de ingresos y sufrimiento a sus espaldas.
Nunca me había parado a pensar en esto. Nunca había estado de pie, al lado de la familia, durante media hora. Sin hacer historias clínicas ni explorar a ningún paciente. Sin ver analíticas ni evolutivos ni llamar a rayos para pedir que hagan una prueba. Nunca había estado ahí, de pie, sin hablar con el paciente o su familia. Nunca había acompañado a alguien en el proceso de ver cómo la vida se iba apagando poco a poco, bajando las constantes en el monitor, hasta que todo acaba y puedes ver cómo el descanso por fin le ha llegado a ese pequeñajo de tan sólo 4 años con toda una historia de ingresos y sufrimiento a sus espaldas.
No puedo decir que haya sido un día alegre, como imagino que entederás, pero lo que sí puedo decir es que ha sido un día de aprender cosas que no están en los grandes tratados de medicina. Ha sido el día de aprender el papel del médico cuando su principal función, el curar, no puede llevarse a cabo. No es un aprendizaje fácil, pero sí necesario. Ha sido el día de aprender a acompañar.
A.
A.
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